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PostHeaderIcon El caballo de la fiesta

Está la crin dos veces sucia, ceniza y sangre,
chorrea el dolor por la pata al casco,
caballo que fuiste con ojos de luna,
del campo a la plaza, donde descansas roto.

Sombra caballo, caballo-sombra, penumbra,
diez soles te alumbran, un carro de la muerte te espera,
caballo que fuiste con ojos de fuego,
sobre vergeles de estrellas, anillos sin claveles.

Un lienzo sobre tus párpados, blanca ceguera,
cuadros de colores, sombra y luz vertiginosa,
un bramido en el aire y una distancia corta,
cargada de cien puñales, navajas españolas.

Media tarde cae en el sol del horizonte,
clarines en los chisqueros, rejones relumbrantes,
la tarde se mete dentro, de los ojos y en la carne,
con crujidos de capote, desplegados en el aire.

La arena se ha puesto roja de recoger la sangre,
una fatiga de años se condensa entre las manos,
quedando bajo los hombros, un corazón tan cansado,
como coplas recitadas, a lo largo de la tarde.

Centro, lugar de la misma plaza, aquí está el toro,
soberbio y con gracia, poco importa el lugar donde te halles,
son círculos lo que tus ojos miran y abarcan,
con la mirada de vidrio, como los grillos en la noche cantan

Se encoge el triángulo de la embestida y el asta,
flamigero dardo se clava en la sombra del costado,
donde late a borbotones la sangre por la que respira,
para que el caballo ciego y sordo allí pierda la fuerza y la vida.

Y es tal la embestida que cruje el viento,
como cruel gemido en el silencio fiero,
en el momento que el océano se desborda
anegando la arena hasta enmudecer la plaza.

El rayo efímero estremece su marcha y su camino,
de que aquí que golpee el aire en su impotencia,
aún sabiendo que era este tan temido sino,
clamando el pura sangre tan fatídico destino.

Quedó quieto, eco de su respiración,
que toda se diluye y se apaga en el torrente,
con murmullo ronco de la vida que se escapa,
igual que el último suspiro, o como el postrer adiós.

Sombra caballo, caballo-sombra, penumbra,
diez soles en las gradas, un carro de la muerte,
caballo que fuiste con ojos de luna,
del campo a la plaza, vibrante y roto.

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PostHeaderIcon EL MAR

Ruge el mar,
aún en calma,
advierte así de su presencia,
regia exposición de su alma.

Al infinito son de su murmullo,
a su orilla inacabada paseo,
pisando la arena de su playa,
angélico camino que es mi deseo.

Son sus aguas de perfumes hechos,
aromas sutiles sacadas de las algas,
embriagadores efluvios de simas y abismos,
recónditos secretos al amparo de nostalgias.

El mar resiste al hombre,
cuando guarda escondidos arcanos,
pues ya el cosmos, como un globo,
se acerca más y más a nuestro mundo vano.

Siderales piélagos de la vista disimulados,
hurtando así la belleza a nuestros ojos,
y con ellos sus majestuosas riquezas,
capaces de admirar el alma y sus grandezas.

Canta pues la ola inacabada,
mece de delirios su realeza,
derrotando al corazón que sucumbe,
a tanta esplendidez y belleza.

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PostHeaderIcon CAMBIO INESPERADO

Se vistió de virgen para no ser mártir,
con ello inocente creía superar el trance,
el trauma cruel clavado en su frente,
vestigio perenne que le hacia diferente.

Desde entonces vaga,
por la vida solo,
llamando a las puertas,
para un triste óvolo.

Pobre amigo mío,
hambriento mendigo,
buscando en la calle,
calor, cobijo y abrigo.

Le llamo compadre,
y sorprendido le digo que no olvide,
las noches de farra,
que el alba le sorprendió conmigo.

Por eso me extraño y así se lo digo,
¿qué hiciste de tu mundo,
para que tan raudo cambiaras,
de actuar y pensar como hombre en un solo segundo?

Me contestó ladino guiñándome un ojo,
para no pasar hambre me hice del foro,
pues según las enseñanzas de un genio,
aquel que sin candor aseguraba,
que para alcanzar la más alta estancia,
lo mejor es empezar por el camino más recto,
pues así me encuentro a mis anchas,
y disfruto de la manzana del Paraíso,
sin tener que subirme a los árboles,
que la fruta me la dan regalada,
como si yo bien fuera,
de la estirpe mejor engendrada.

A mi, debo confesarlo, me dejo anonadado,
lo fácil que le fue trasmutar,
cuando en un tiempo breve, si acaso,
tuvo pobre que sufrir el fracaso,
y hoy es el día, me alegro mi amigo,
que desde lo más empingorotado rama me saluda al partir,
sin que yo del todo comprenda,
los profundos cambios que experimenta,
el inescrutable arcano que es el porvenir.

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PostHeaderIcon Por un puñado de rosas

Porque brotó de mi alma un verso,
engorado en mi corazón,
supe, sin otro remilgo,
de quien me había enamorado yo.

Conté en mis sueños,
como lo hace el ruiseñor,
cuando en todo momento sabe,
entonar los trinos en do mayor.

Sin saber tu nombre te llamaba,
con palabras llenas de amor,
aquellas que me dictaba,
las cartas que te escribí sin dirección.

Anduve tus caminos,
por veredas al sol,
protegido de la lluvia,
cundo no muerto de calor.

Todo porque siempre creí,
que los milagros se fraguan,
en los ensueños y hazañas,
en la fe de un conquistador.

Puse al fin en el altar una rosa,
roja era y emanaba tal olor,
que bien parecía el paraíso,
cuando la olía yo.

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PostHeaderIcon ENCONTRÉ EL PARAÍSO

Para quedarme solo en él,
presto me alejé de la Humanidad,
y así pude al tiempo ver y admirar,
aquello que el ruido nos entorpece,
por lo que necios dejamos de mirar.

Vi a los árboles dibujar en el lienzo del cielo,
a las nubes sonreír al pintor,
a los mismos grillos cantar melodías,
mientras los grajos revolotean,
y agradecidos entonan canciones de amor.

Yo hasta entonces era sordo y ciego,
carecía de tacto y de pudor,
era de olfato ruin,
y todo yo, cojo y manco,
no sabía alcanzar ni el más somero fin.

Hoy es el día que he despertado del letargo,
ese que cruel dormía en mi ánima,
enturbiando los mares de cieno,
lo aires de flatulencias,
los montes de sequedad llenos,
hasta hacer zozobrar la pequeña barca donde me muevo.

Ya es el Paraíso mío,
sin demonios en el infierno,
sin las manzanas,
pues de ella como,
hasta saciar mis ganas.

Creo en la infinita quietud,
en la trompeta que me levanta,
que está la orquesta a mi vera,
para poder disfrutar la mañana.

Encontré de golpe el Paraíso,
lo llevaba dentro,
en la caverna de la vida,
refugio de la esperanza,
allí me solazo,
y en todo momento me complazco,
haber sabido esperar,
el día y la hora,
en el que me viniste a visitar.

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PostHeaderIcon QUIÉN SI NO PUEDE SER

A mi mejor amigo,
se le cierran los ojos,
no tiene voluntad de abrirlos,
debe ser que se cansa,
aún cuando el día comience,
aún cuando el sol se cierre,
y todo vuelva al silencio,
donde prefiere estar.

Rebusca en el pasado,
el mismo presente,
como si ello pudiera ser,
y aún en él se atora,
como si nunca hubiera existido,
parece verdadero milagro haber llegado,
tras hondas vicisitudes hasta aquí.

¡Ay amigo del alma!,
mohíno y cansado,
tu recuerdo no te basta,
buscas lo perdido entre las zarzas,
pétalos fenecidos de rosas,
como si eso pudiera hallarse.

Confórmate mejor con la somnolencia,
esa sensación frustrante de la vejez,
indaga menos en el pasado,
intenta el presente disfrutar,
todo, no te confundas, lo hacemos nosotros,
desde dentro nos viene la fuerza,
solo en ella confía y espera.

Le digo tantas cosas a mi amigo,
por más que, de cuando en vez, aborta,
con palabras malsonantes,
los ripios lindos que le imploro,
para de súbito caer,
en la misma asfixiante laxitud,
esa que dicen es propia de los años.

Sí, de los tiempos que corren,
y pasan raudos delante,
como bólidos o caballos de carreras,
piafando desbocados o rugiendo,
que tanto da porque tanto cuesta,
entender todo cuanto nos está pasando.

Mi amigo del alma, ya lo sabe usted,
soy yo.
¿Quién si no puede ser?

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PostHeaderIcon SENTADO EN LA PIEDRA DEL ATAJO

Porque hice un alto en el camino,
para hacer recuento de mi vida,
es por lo que puedo afirmar,
sin temor al tiempo que me olvida,
cuan incierto se me hizo enfrentarme al destino.

Llegado hasta este lugar,
a tal edad,
confieso arrepentido,
que junto a mis liviandades,
me arrepiento de la lucha contra el sino,
aquel que de mi hizo,
persona presurosa en el andar,
sin momento a pensar,
que no es la rapidez quien obliga,
muy al contrario, es la vida que termina.

Tanto fue entonces lo que pensé,
como tanto fue lo que olvidé,
que hoy, sentado en la piedra de este atajo,
confieso mirando a quien me espera,
que al correr confundí,
para llegar presuroso a la meta,
mentiras al fin que desesperan,
junto a verdades que yo solo inventé.

Delante del espejo de la tarde preguntaba,
quien era aquel que mirándome se reía,
pues se burlaba de mi rostro yerto,
lleno de arrugas y de esperanzas muerto,
como si payaso fuera de múltiples colores,
esperando el vuelo rasante del ave y su temida profecía.

Cien vidas por vivir haría,
exacta imitación de la que acaba,
que el ser humano no escarmienta,
ni siquiera cuando resuena,
el toque final en lejanía,
aquella trompeta que a juicio nos llama,
para justificar las horas perdidas de una vida.

Si alguien te llamara silencioso y discreto
corre a su encuentro pues te alumbra,
y a gritos o lamentos pregunta,
cual es el camino recto a seguir, sin vericuetos.

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PostHeaderIcon La una y yo

Mueves el mundo,
y del árbol ni nueces ni naranjas caen,
solo como la una la soledad,
escondida entre sus ramas,
esta debe ser la pura verdad.

Son los caminos desiertos,
faltos de agua de la que placer,
mientras que en el mar se ahogan,
barcos sin rumbo que llegan,
al amparo de nadie sabe quien.

Ya las nubes del cielo se marchan,
buscando nuevos lienzo donde dibujar la farsa,
esa que dicen se expone,
aquellos que miran dormidos con ojos despiertos,
en las noches estrelladas de agosto,
allí donde es seguro que andan,
los pobres que juntos, van perdidos y yertos.

Ayer salió el sol,
después de un año en tinieblas,
ya se le echaba de menos,
como si de la familia fuera,
o fuera de la familia andará.

La soledad es un estado de la materia,
se compra y se vende en mil esquinas,
solo hay que ir al mercado inagotable,
y decirle al tendero que despacha clavellinas,
“quiero kilo y medio de esas rosas, no más,
de las que despacha y vende al respetable”.

Así se quedó la ciudad vacía,
todos se fueron corriendo,
parece que cantaba un hombre sin acento,
sin palabras que era mudo,
cien canciones contra el viento.

Me duele la distancia con el mundo,
la extensión inabarcable del Universo,
no poder pasear con él del brazo,
por culpa, dicen los poetas,
del perverso desinterés de un espíritu adverso.

En definitiva todo es culpa del vacío,
de lo hondo que queda este,
el precipicio que anega,
la misma sinrazón del existir.

Es por eso que yo creo,
que el orbe al fin se cierra,
al igual que las compuertas,
de la cárcel que creamos,
cuando solo no quedamos,
sin el amparo de Dios.

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PostHeaderIcon La suerte de ser ignorado

A ciegas dibujé tu rostro,
en la agonía interminable de un sueño,
aquel que pinta con el pincel del alma,
para hacer brotar la sangre del diseño.

Una vez despierto,
recobrado el ansia,
sobre la mesa que escribo,
esta en la que ahora estoy,
pongo cuanto de positivo,
tiene el recuerdo y vivo,
como si pájaro fuera,
del trino que emito,
en las horas tempranas de la aurora.

De tanto augurar tengo,
rosa del pensil florido,
todo mi cuerpo en llamas,
los ojos ardientes,
la mirada cansada,
igual que mi alma arde,
sin mayor cometido,
por desamparada.

Te busco y no te encuentro,
perdido como estoy,
en este mundo fiero,
falto de humanidad y huero,
sin nadie que nos redima,
de deambular huyendo,
de todo cuanto nos hiere,
para purgar el pecado,
de haberte conocido tarde,
en la encrucijada que muere.

No, no lloro por cuento perdí,
que lágrimas ya no me quedan,
las fui perdiendo por los caminos,
aquellos que hube de recorrer,
buscando quien me quisiera.

Cerraste la puerta de entrada,
aquella que al fin se abrió,
sin duda por causa del viento,
oída la fuerza con la que se cerró.

Ya, ya me voy, ya me he ido,
por el mismo camino que hube,
de recorrer diligente,
pensando vano que volvería a verte.

Porque no es así, adiós te digo,
que te acompañe la muerte,
al cabo yo me voy,
sin renunciar a la alegría,
que capaz soy de producir dentro,
pues aquí reposaba inerte,
la felicidad no comenzada,
para mi pérfida suerte.

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PostHeaderIcon En la espera, al caer

Antonio A, viene y me llora,
porque las uñas nunca, me dice,
le habían crecido como ahora,
yo le respondí con ironía agorera,
es la hora, la noticia certera,
que con más ansiedad, la humanidad espera.

Mi amigo Antonio se hizo cura,
para no casarse,
dice que es la costumbre,
aunque él no se suba, para no estrellarse.

Despachó tantos pecados,
que el brazo le duele,
con tres Padres Nuestros,
y cuatro Avemarías suele,
despejar las incógnitas,
de los fieles que vienen.

De tales idas y venidas,
de tales vueltas y revueltas,
le alcanzó el aciago destino,
de no saber quien era,
en el llamado paraíso terrestre,
debía ser su sino.

Ahora tiene miedo del tránsito
y todo lo deja al albur y a la suerte,
para no encontrarse perdido,
entre la vida y la muerte.

¡Ay amigo del alma!
lo que te espera,
una nube en el cielo,
y otra en la faz de la tierra.

Adiós te deseo ardientemente,
que te encuentres con Él,
en el descabalgado camino,
para ser enteramente feliz
y al fin, gozar sin tino.

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