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PostHeaderIcon LA MENTIRA

El engaño es un abismo,
un árido desierto en la inmensidad perdido,
negra nube donde el silencio clama a gritos,
estruendos y alaridos sin ritmo.

Mentir es torcer la lógica natural,
navegar sin rumbo por un mar inexistente,
camino de piedras donde las pisadas,
ocultan la verdad que clama dolorida.

No inviertas el devenir establecido,
está marcado a buril por la palabra,
aquella que brota del pensamiento,
dejando limpio el fanal por donde se escapa.

Ven sin trabas, exenta de toda maldad,
déjame que te admire y contemple,
espero la canción, el cántico angelical,
el que fue tuyo y de nadie más.

Falso será quien mirando ciego ve,
aquello que no existe sino en sueños,
quien hace de la farsa quimera y vida suya,
hasta que confuso caiga desangrado.

Ven, sí, ven limpia de miserias,
que la luz del sol te haga resplandecer,
solo así serás tú,
solo así, te espero yo.

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PostHeaderIcon DECIDME QUE NO OS AMÉ

Siendo que soy capaz de todo,
por vos quiero confesar,
que encontrándome en este mundo solo,
mi gran ilusión era mendigar,
la totalidad de vuestro amor,
para sentir vida e ilusión,
aquella que, si por mi fuera,
dejaría que me traspasara de pasión.

Sin medida lucho fiero,
como león enjaulado buscando,
cuanto que escondes y yo no encuentro,
aunque sé que en el pecho llevas,
destemplanza y miedo para revelar que te amo.

Repróchame el temor que te infundí,
para la negativa que asoma a tus ojos,
era el deseo ferviente que anida inclemente,
ese querer que dentro me arde y quema,
cuando confundido me acerqué hasta ti.

Aroma es tu olor,
alegría tu mirar,
déjame al menos a mi,
recordarte una vez más,
el gozo que se siente al vivir.

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PostHeaderIcon Triste destino el despertar

Sale el sol cuando a la calle sales,
que poco importa nieve o diluvie,
que arrecie el viento o se calle,
nada importa si tú apareces,
vestida como vas de luz y azabache.

Niña eres cuanto mujer,
te miran todos verte crecer,
como si milagro fuera tu despertar,
los mil colores que adornan tu cara,
todos ellos de luz y miel.

Son eso tus ojos,
tu boca un clavel,
una rosa y cien clavellinas,
el mítico baile,
con el que se adorna ufano el vergel.

Sueño despierto,
mientras te miro,
guardo silencio,
que soy el payaso,
que perdió la risa,
viéndote alegre, convertirte en mujer.

A hurtadillas te veo,
desde mi ventana,
cuando a pasear sales,
con los colores del despertar.

Desde entonces,
yo ya no lloro,
me digo que para qué,
pensar en ti,
estando él.

Ya en la escalera, ya no te espero,
subo solo, con mi sombrero,
con la punta del pañuelo,
borro una lágrima,
que furtiva surcaba toda mi cara.

Tampoco te dije adiós,
no te fueras a reír,
cuando de risa me llamaste,
confundiéndome con una fiera,
con el rugido de un gran león.

Cerré entonces mis recuerdos,
mientras solo me restauro,
como la cola del lagarto,
como las nubes en lo alto,
estas son las alucinaciones que me acompañaran,
estas y otras,
en pos de tan triste destino.

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PostHeaderIcon EL SER MORTAL

Vi una estrella en el cielo,
estaba sola,
la miré,
como si pudiera esperar algo, un parpadeo,
acaso un guiño,
estaba sola en el cielo,
y yo en la noche,
esperando no sé el qué,
que la luz se haga dentro,
para que así me explique,
cuanto no entiendo,
una estrella sola sin ángel,
un hombre solitario que pregunta,
y la respuesta tenaz que se oculta,
como si el final no existiera,
tal como si en verdad fuera,
la vida una preámbulo insalvable,
el jeroglífico que no sé descifrar,
el milagro que me hace pensar,
la alegría de poder en las horas cantar,
y ese infinito secreto,
que me pregunta que hacemos aquí,
porqué vanos e inútiles permanecemos,
sin alumbrar el final si existiera,
el principio de donde procedemos,
el Dios que fragua la existencia,
los mundos que giran los uno sobre los otros,
el corazón que se confunde con el alma,
tantas y tantas cosas,
que me ahogan en la incertidumbre,
como si solo fuera un ser mortal.

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PostHeaderIcon EL PERFÍL DE DON MOCASIN

Calle abajo viene un hombre,
dice llamarse Mocasín,
es grande y disparatado,
cual fantoche y de postín.

Tiene a bien vanagloriarse,
de las mamonadas mil,
que a lo largo de su vida,
cometió este hombre vil.

Ayer, sin ir más lejos,
le descerrajaron un tiro.
Le entró por la entrepierna,
para atravesarle fatal,
lo que a la derecha queda,
este requisito inmortal.

Hubo fiesta y cencerrada,
en toda la villa mía,
pues todos cuantos le conocían,
al cabo le habían matado,
dicen, a la alimaña impía.

Uno menos o uno más,
al infierno ya se ha ido,
ojalá pudiéramos borrarles,
de los anales vividos.

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PostHeaderIcon LA ETERNA CONFUSIÓN

Ardes en la pira de la desesperación,
pues quieres imponer tus deseos,
cual norma donde todos se inclinen,
para rendir pleitesía a tu imposición.

Nunca adviertes el olor de las almas,
de la que están impregnadas los otros,
y no es por maldad el desprecio,
es la llama que apaga y resucita,
aquello que en verdad te embarga.

Eres cántico de amor confundido,
en devenir de odio mal entendido,
aquel que dentro albergas y que nadie,
por no saber ignora y desencuentra,
en palabras mal traducidas.

Somos apenas cenizas de la evolución,
necesitados seres en camino desconocido,
andamos sin meta y sin tino,
al cabo estamos al albur del destino.

Párate y escucha el son de tu corazón,
no interpretes por ruido su sonido,
es la mano que mueve el incierto futuro,
y solo de ti depende la risa o la tristeza,
que en la vida te acompaña hasta el fin.

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PostHeaderIcon El caballo de la fiesta

Está la crin dos veces sucia, ceniza y sangre,
chorrea el dolor por la pata al casco,
caballo que fuiste con ojos de luna,
del campo a la plaza, donde descansas roto.

Sombra caballo, caballo-sombra, penumbra,
diez soles te alumbran, un carro de la muerte te espera,
caballo que fuiste con ojos de fuego,
sobre vergeles de estrellas, anillos sin claveles.

Un lienzo sobre tus párpados, blanca ceguera,
cuadros de colores, sombra y luz vertiginosa,
un bramido en el aire y una distancia corta,
cargada de cien puñales, navajas españolas.

Media tarde cae en el sol del horizonte,
clarines en los chisqueros, rejones relumbrantes,
la tarde se mete dentro, de los ojos y en la carne,
con crujidos de capote, desplegados en el aire.

La arena se ha puesto roja de recoger la sangre,
una fatiga de años se condensa entre las manos,
quedando bajo los hombros, un corazón tan cansado,
como coplas recitadas, a lo largo de la tarde.

Centro, lugar de la misma plaza, aquí está el toro,
soberbio y con gracia, poco importa el lugar donde te halles,
son círculos lo que tus ojos miran y abarcan,
con la mirada de vidrio, como los grillos en la noche cantan

Se encoge el triángulo de la embestida y el asta,
flamigero dardo se clava en la sombra del costado,
donde late a borbotones la sangre por la que respira,
para que el caballo ciego y sordo allí pierda la fuerza y la vida.

Y es tal la embestida que cruje el viento,
como cruel gemido en el silencio fiero,
en el momento que el océano se desborda
anegando la arena hasta enmudecer la plaza.

El rayo efímero estremece su marcha y su camino,
de que aquí que golpee el aire en su impotencia,
aún sabiendo que era este tan temido sino,
clamando el pura sangre tan fatídico destino.

Quedó quieto, eco de su respiración,
que toda se diluye y se apaga en el torrente,
con murmullo ronco de la vida que se escapa,
igual que el último suspiro, o como el postrer adiós.

Sombra caballo, caballo-sombra, penumbra,
diez soles en las gradas, un carro de la muerte,
caballo que fuiste con ojos de luna,
del campo a la plaza, vibrante y roto.

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PostHeaderIcon EL MAR

Ruge el mar,
aún en calma,
advierte así de su presencia,
regia exposición de su alma.

Al infinito son de su murmullo,
a su orilla inacabada paseo,
pisando la arena de su playa,
angélico camino que es mi deseo.

Son sus aguas de perfumes hechos,
aromas sutiles sacadas de las algas,
embriagadores efluvios de simas y abismos,
recónditos secretos al amparo de nostalgias.

El mar resiste al hombre,
cuando guarda escondidos arcanos,
pues ya el cosmos, como un globo,
se acerca más y más a nuestro mundo vano.

Siderales piélagos de la vista disimulados,
hurtando así la belleza a nuestros ojos,
y con ellos sus majestuosas riquezas,
capaces de admirar el alma y sus grandezas.

Canta pues la ola inacabada,
mece de delirios su realeza,
derrotando al corazón que sucumbe,
a tanta esplendidez y belleza.

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PostHeaderIcon CAMBIO INESPERADO

Se vistió de virgen para no ser mártir,
con ello inocente creía superar el trance,
el trauma cruel clavado en su frente,
vestigio perenne que le hacia diferente.

Desde entonces vaga,
por la vida solo,
llamando a las puertas,
para un triste óvolo.

Pobre amigo mío,
hambriento mendigo,
buscando en la calle,
calor, cobijo y abrigo.

Le llamo compadre,
y sorprendido le digo que no olvide,
las noches de farra,
que el alba le sorprendió conmigo.

Por eso me extraño y así se lo digo,
¿qué hiciste de tu mundo,
para que tan raudo cambiaras,
de actuar y pensar como hombre en un solo segundo?

Me contestó ladino guiñándome un ojo,
para no pasar hambre me hice del foro,
pues según las enseñanzas de un genio,
aquel que sin candor aseguraba,
que para alcanzar la más alta estancia,
lo mejor es empezar por el camino más recto,
pues así me encuentro a mis anchas,
y disfruto de la manzana del Paraíso,
sin tener que subirme a los árboles,
que la fruta me la dan regalada,
como si yo bien fuera,
de la estirpe mejor engendrada.

A mi, debo confesarlo, me dejo anonadado,
lo fácil que le fue trasmutar,
cuando en un tiempo breve, si acaso,
tuvo pobre que sufrir el fracaso,
y hoy es el día, me alegro mi amigo,
que desde lo más empingorotado rama me saluda al partir,
sin que yo del todo comprenda,
los profundos cambios que experimenta,
el inescrutable arcano que es el porvenir.

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PostHeaderIcon Por un puñado de rosas

Porque brotó de mi alma un verso,
engorado en mi corazón,
supe, sin otro remilgo,
de quien me había enamorado yo.

Conté en mis sueños,
como lo hace el ruiseñor,
cuando en todo momento sabe,
entonar los trinos en do mayor.

Sin saber tu nombre te llamaba,
con palabras llenas de amor,
aquellas que me dictaba,
las cartas que te escribí sin dirección.

Anduve tus caminos,
por veredas al sol,
protegido de la lluvia,
cundo no muerto de calor.

Todo porque siempre creí,
que los milagros se fraguan,
en los ensueños y hazañas,
en la fe de un conquistador.

Puse al fin en el altar una rosa,
roja era y emanaba tal olor,
que bien parecía el paraíso,
cuando la olía yo.

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