PostHeaderIcon QUIÉN SI NO PUEDE SER

A mi mejor amigo,
se le cierran los ojos,
no tiene voluntad de abrirlos,
debe ser que se cansa,
aún cuando el día comience,
aún cuando el sol se cierre,
y todo vuelva al silencio,
donde prefiere estar.

Rebusca en el pasado,
el mismo presente,
como si ello pudiera ser,
y aún en él se atora,
como si nunca hubiera existido,
parece verdadero milagro haber llegado,
tras hondas vicisitudes hasta aquí.

¡Ay amigo del alma!,
mohíno y cansado,
tu recuerdo no te basta,
buscas lo perdido entre las zarzas,
pétalos fenecidos de rosas,
como si eso pudiera hallarse.

Confórmate mejor con la somnolencia,
esa sensación frustrante de la vejez,
indaga menos en el pasado,
intenta el presente disfrutar,
todo, no te confundas, lo hacemos nosotros,
desde dentro nos viene la fuerza,
solo en ella confía y espera.

Le digo tantas cosas a mi amigo,
por más que, de cuando en vez, aborta,
con palabras malsonantes,
los ripios lindos que le imploro,
para de súbito caer,
en la misma asfixiante laxitud,
esa que dicen es propia de los años.

Sí, de los tiempos que corren,
y pasan raudos delante,
como bólidos o caballos de carreras,
piafando desbocados o rugiendo,
que tanto da porque tanto cuesta,
entender todo cuanto nos está pasando.

Mi amigo del alma, ya lo sabe usted,
soy yo.
¿Quién si no puede ser?

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PostHeaderIcon SENTADO EN LA PIEDRA DEL ATAJO

Porque hice un alto en el camino,
para hacer recuento de mi vida,
es por lo que puedo afirmar,
sin temor al tiempo que me olvida,
cuan incierto se me hizo enfrentarme al destino.

Llegado hasta este lugar,
a tal edad,
confieso arrepentido,
que junto a mis liviandades,
me arrepiento de la lucha contra el sino,
aquel que de mi hizo,
persona presurosa en el andar,
sin momento a pensar,
que no es la rapidez quien obliga,
muy al contrario, es la vida que termina.

Tanto fue entonces lo que pensé,
como tanto fue lo que olvidé,
que hoy, sentado en la piedra de este atajo,
confieso mirando a quien me espera,
que al correr confundí,
para llegar presuroso a la meta,
mentiras al fin que desesperan,
junto a verdades que yo solo inventé.

Delante del espejo de la tarde preguntaba,
quien era aquel que mirándome se reía,
pues se burlaba de mi rostro yerto,
lleno de arrugas y de esperanzas muerto,
como si payaso fuera de múltiples colores,
esperando el vuelo rasante del ave y su temida profecía.

Cien vidas por vivir haría,
exacta imitación de la que acaba,
que el ser humano no escarmienta,
ni siquiera cuando resuena,
el toque final en lejanía,
aquella trompeta que a juicio nos llama,
para justificar las horas perdidas de una vida.

Si alguien te llamara silencioso y discreto
corre a su encuentro pues te alumbra,
y a gritos o lamentos pregunta,
cual es el camino recto a seguir, sin vericuetos.

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PostHeaderIcon La una y yo

Mueves el mundo,
y del árbol ni nueces ni naranjas caen,
solo como la una la soledad,
escondida entre sus ramas,
esta debe ser la pura verdad.

Son los caminos desiertos,
faltos de agua de la que placer,
mientras que en el mar se ahogan,
barcos sin rumbo que llegan,
al amparo de nadie sabe quien.

Ya las nubes del cielo se marchan,
buscando nuevos lienzo donde dibujar la farsa,
esa que dicen se expone,
aquellos que miran dormidos con ojos despiertos,
en las noches estrelladas de agosto,
allí donde es seguro que andan,
los pobres que juntos, van perdidos y yertos.

Ayer salió el sol,
después de un año en tinieblas,
ya se le echaba de menos,
como si de la familia fuera,
o fuera de la familia andará.

La soledad es un estado de la materia,
se compra y se vende en mil esquinas,
solo hay que ir al mercado inagotable,
y decirle al tendero que despacha clavellinas,
“quiero kilo y medio de esas rosas, no más,
de las que despacha y vende al respetable”.

Así se quedó la ciudad vacía,
todos se fueron corriendo,
parece que cantaba un hombre sin acento,
sin palabras que era mudo,
cien canciones contra el viento.

Me duele la distancia con el mundo,
la extensión inabarcable del Universo,
no poder pasear con él del brazo,
por culpa, dicen los poetas,
del perverso desinterés de un espíritu adverso.

En definitiva todo es culpa del vacío,
de lo hondo que queda este,
el precipicio que anega,
la misma sinrazón del existir.

Es por eso que yo creo,
que el orbe al fin se cierra,
al igual que las compuertas,
de la cárcel que creamos,
cuando solo no quedamos,
sin el amparo de Dios.

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PostHeaderIcon La suerte de ser ignorado

A ciegas dibujé tu rostro,
en la agonía interminable de un sueño,
aquel que pinta con el pincel del alma,
para hacer brotar la sangre del diseño.

Una vez despierto,
recobrado el ansia,
sobre la mesa que escribo,
esta en la que ahora estoy,
pongo cuanto de positivo,
tiene el recuerdo y vivo,
como si pájaro fuera,
del trino que emito,
en las horas tempranas de la aurora.

De tanto augurar tengo,
rosa del pensil florido,
todo mi cuerpo en llamas,
los ojos ardientes,
la mirada cansada,
igual que mi alma arde,
sin mayor cometido,
por desamparada.

Te busco y no te encuentro,
perdido como estoy,
en este mundo fiero,
falto de humanidad y huero,
sin nadie que nos redima,
de deambular huyendo,
de todo cuanto nos hiere,
para purgar el pecado,
de haberte conocido tarde,
en la encrucijada que muere.

No, no lloro por cuento perdí,
que lágrimas ya no me quedan,
las fui perdiendo por los caminos,
aquellos que hube de recorrer,
buscando quien me quisiera.

Cerraste la puerta de entrada,
aquella que al fin se abrió,
sin duda por causa del viento,
oída la fuerza con la que se cerró.

Ya, ya me voy, ya me he ido,
por el mismo camino que hube,
de recorrer diligente,
pensando vano que volvería a verte.

Porque no es así, adiós te digo,
que te acompañe la muerte,
al cabo yo me voy,
sin renunciar a la alegría,
que capaz soy de producir dentro,
pues aquí reposaba inerte,
la felicidad no comenzada,
para mi pérfida suerte.

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PostHeaderIcon En la espera, al caer

Antonio A, viene y me llora,
porque las uñas nunca, me dice,
le habían crecido como ahora,
yo le respondí con ironía agorera,
es la hora, la noticia certera,
que con más ansiedad, la humanidad espera.

Mi amigo Antonio se hizo cura,
para no casarse,
dice que es la costumbre,
aunque él no se suba, para no estrellarse.

Despachó tantos pecados,
que el brazo le duele,
con tres Padres Nuestros,
y cuatro Avemarías suele,
despejar las incógnitas,
de los fieles que vienen.

De tales idas y venidas,
de tales vueltas y revueltas,
le alcanzó el aciago destino,
de no saber quien era,
en el llamado paraíso terrestre,
debía ser su sino.

Ahora tiene miedo del tránsito
y todo lo deja al albur y a la suerte,
para no encontrarse perdido,
entre la vida y la muerte.

¡Ay amigo del alma!
lo que te espera,
una nube en el cielo,
y otra en la faz de la tierra.

Adiós te deseo ardientemente,
que te encuentres con Él,
en el descabalgado camino,
para ser enteramente feliz
y al fin, gozar sin tino.

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PostHeaderIcon Desde que te conocí

Hoy es domingo,
como ayer y el día de antes,
como todos los días,
desde que te conocí,

Me parece mentira,
lo fácil que es ser feliz,
mirándote a la cara,
desde que te conocí.

Todo brilla a mi alrededor,
como ascua en la noche,
como estrella en el cielo,
todo me parece mentira,
desde que te conocí.

Mi corazón ahora rebosa,
porque mi razón vislumbra,
el milagro de la vida,
desde la misma hora que te conocí.

Si alguien me hubiera preguntado,
nada al respecto sabia,
que todo, todo lo aprendí,
en el instante que te conocí.

Ensayo ahora la risa,
aquella que escondida estaba,
porque solo tú sabias,
donde yo la guardaba.

!Ay amor!, si navegando encuentro,
un paraíso donde abrevar mi alma,
allí donde el viento se para,
allí donde el sol se estanca,
y todos juntos,
de envidia transidos,
me preguntarán,
donde amarrar sus barcas.

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PostHeaderIcon A un árbol talado

Con estos ojos yo vi,
a un hombre con un hacha armado,
como inclemente derribaba el árbol,
aquel que sombra generoso daba,
ciprés que era por mi tan admirado.

Nada en el lugar había más hermoso,
pues nada existía que pudiera parecérsele,
aquellas colosales ramas floridas,
de puntiagudas acículas verdes.

Con estrépito se desplomó en la tierra,
cual si fuera el mismo cielo quien cayera,
a inhumanos golpes quebrantado,
por la insensible alcotana derribado.

Sin ninguna clemencia fue asesinado,
allí su belleza fue en un instante fenecida,
truncada su existencia, su larga vida,
por la avara codicia. Humana e iletrada.

Sin parangón era su belleza,
su egregia majestad imponía,
todo en él era grandeza,
el ilustre legado de donde procedía.

Ya le contemplo muerto,
algo que yo no quería,
por ello miro asustado,
al hombre sin entraña que lo ha derribado.

Efímera vida tuvo,
aunque a centenario llegó,
el árbol que ha diez centurias alcanza,
apenas si una sobrepasó.

Del cielo donde se perdía lo bajaron,
sin preguntarle ninguna razón,
a buen seguro que se hubiera negado,
alegando ser milagro del mismo Creador.

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PostHeaderIcon Mi prima Rosalía

Andaba yo de la mano,
de mi prima Rosalía,
íbamos los dos juntos,
camino de la romería.

Cantaba ella canciones,
mientras tocaba las palmas,
yo embelesado rezaba,
oraciones con las que purgar mi alma.

Todo, por un mal pensamiento,
que terne y reincidente me embargaba,
de la mañana a la noche,
así como los fines de semana.

Del caso nada sabe Rosalía,
al menos que yo le hubiera contado,
por más que hacerse la tonta solía,
cuando confundir quería, el secreto de mi agrado.

Lista es como un lince,
pues te adivina la mente,
por más que tú disimules,
y trates de aparentar, estar ausente.

La llevé por andurriales,
donde se esconden las serpientes,
allí vi a los pájaros volar,
de pino en pino, de miedo y sin rechistar.

Quise yo insinuarla algo,
la tuna no me dejó,
me dijo que comprendiera,
el parentesco que nos unió.

¡Vamos!, que los dos salimos ilesos,
porque así lo quiso Dios,
la Virgen María Santísima,
por más que, con todas mis fuerzas, me opusiera yo.

 

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PostHeaderIcon SALTA LA NIÑA A LA COMBA

Salta la niña a la comba,

¡ay! qué envidia me da,

Salta la niña a la comba,

¡Señor!, que tarde se me ha hecho ya.

Salió del colegio corriendo,

en busca dice de libertad,

aquella que halla en el parque,

con cien amigas para no advertir la soledad.

Sabe la niña bellos sonetos,

rimas que desgrana sin parar,

canciones que ella compuso,

lindos sueños que no para de cantar.

Cumplirá diez años,

en el verano que acaba de empezar,

que dice redicha y mayor,

que no puede esperar un día más.

Yo la echaré de menos,

sus saltos y sus alegrías,

los gritos y las sonrisas,

aquellas con las que se entretenía.

Salta la niña a la comba,

¡Señor!, que envidia me da.

La niña salta a la comba,

mira lo tarde que se ha hecho ya.

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PostHeaderIcon HISTORIAS DE VIDA Y MUERTE

Abrí los ojos para ver el mundo,
más me hace daño confesar mi decepción,
es el hombre solo que corre desamparado,
tratando en vano de ocultar su miedo y dolor.

Miré al cielo de color azul pintado y de nubes lleno,
ese sempiterno estar para nosotros desconocido,
el enigma que ampara al tiempo el mañana y la esperanza,
refugiado a buen seguro en los pliegues del alma.

Sí, es verdad que miro con la imaginación el infinito,
y busco alguna explicación que me satisfaga,
que confundido clamo en los pasos que ando y doy,
en vano tratando de encontrar la luz que no se apague.

Se por convicción lógica y natural que existe,
el que busco en la claridad que me ciega,
quien me explique la razón del ser desconocido,
que conmigo cabalga en el silencio que me anega.

Sin palabras manda y su silencio llena,
quiero conocer la eternidad que siento,
deseo saber de dónde es que vengo y donde voy,
no me hizo ciego y mudo para que calle el descontento.

Clamo pues por ello como si infante fuera,
niño que llora su inmensa desolación,
no saber quién soy,
como secreto arcano guardado en un cajón.

Tantas mentiras a lo largo de la existencia,
las que tengo en el alma archivadas,
no hacen que en mi interior me complazca,
que quiero dilucidar de una vez las encrucijadas.

Es por eso que no temo a la inmensidad que me rodea,
el lugar de donde dicen que me espera,
la resurrección de la carne y el saber,
de qué materia se compone la vida que me aguarda.

Tan difícil es saber, que nadie sabe,
de la inopia que nos causa el precipicio que espera,
ese otro lugar donde se guarda,
el eterno bajel, timonel  que nos lleva.

No digo adiós como despedida,
sé que puedo y volveré,
que no quiero que nadie viva,
en la incertidumbre que yo me encontré.

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