2010 Enero | Poemas y fábulas

Viagra

EXORDIO-EPÍLOGO: UNIDOS POR LA ESPALDA

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Domingo 31 Enero 2010 13:20

Si el cuento de la vida se cierra con el mismo final, el llanto que nace del cuento sin apelativos se convierte en risa, y sus fantasmas, de los cuales están tan profusamente poblados, devienen en realidades inestables y aún las mentiras parecen verdades que, como dardos certeros, vienen a clavarse en el corazón limpio de los lectores crédulos.

El cuento enmascara al hombre tras un disfraz distinto, le esconde en ridícula vestimenta, le tapa de todo creyendo así que, por un momento, huimos de lo que somos, evadiéndonos de la mascara cotidiana cuando en realidad estas nuevas caras nos acercan más a la caricatura de nuestra imagen, el retrato en el cual nos ven los demás.

Somos marionetas movidas por nuestras manos, y aún creemos que son las del titiritero quien las mueven. De esta forma podemos arrojarles a la cara las culpas de las cuales nos exoneramos porque el hombre, sólo el hombre, es capaz de cometer el pecado y, al tiempo, conseguir que este no manche la inmaculada blancura de nuestra conciencia.

AMAR DE PUNTILLAS

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Viernes 29 Enero 2010 14:42

El eco repite de cansado tú nombre,
tenaz balada pues airoso canta,
letra a letra y una a una,
ese lúgubre tañir que a mi me espanta.

Fuiste frágil hoja enfrentada a tú sino,
ni siquiera flor, débil amapola roja,
que inconstante fue tu andar cansino,
cual roto juguete del viento embravecido.

Lloro y el dolor me ahoga,
con la fuerza de un torrente despeñado,
pues contemplo las imágenes del pasado,
rodadas en el frágil altar de la memoria.

Se jugó la existencia al tres de espadas,
el ser valiente,
un desafío a la carta del destino,
una locura, un desatino,
un querer enfrentarse hasta la vida.

Cobarde es quien ama de puntillas,
ruin postura del que queriendo,
es imperceptible arruga en el camino,
postrera luz del candil que mortecino,
canta de dolor transido, su propia muerte.

TÚ PRESENCIA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Miércoles 27 Enero 2010 13:06

¡Señor!. Si no hay nada.
¿Sería posible?
No, no me dejarías pensar,
no escribir,
no llorar.

Paso por la vida andando,
corriendo voy por la vida.
Sólo tú me amparas,
sombra eres, radiante sol, solo tú.

Mis ansias, mis suspiros, mis lágrimas,
puedo con la carga y me río,
pienso en el límite sin fin.
nada hay y yo lo niego.

El corazón ama y la mente,
sin tu presencia, sin tu ausencia,
tristeza y risa se confunden.
Las dos conjugan la vida más allá.

Miro la tarde que declina
y espero. Huelo el fin.
Está cerca el principio.
Sólo tu me esperas.

FINAL EN ROJO

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Martes 26 Enero 2010 11:22

Puntualmente, Federico de los Lampones escribió un somero resumen de las muchas cosas que había hecho en el día. La costumbre, comenzada como pasatiempos a los quince años, se convirtió en necesidad perentoria a la que no pudo sustraerse.

De madrugada, cuando regresaba a su casa, escribía los datos que conformaban su biografía cada veinticuatro horas. Lo hacía sin olvidar detalle, sin coartarse un ápice en reseñar lo malo. Ni siquiera esconder uno sólo de los hechos acontecidos, por más que estos no sirvieran para exaltar su figura, que era Federico, en este punto, afecto a la verdad.

Fue su existencia trepidante, más rápida que el expreso de media noche. Exenta de normalidad donde el sentido común brillaba por su ausencia. Un torbellino de locura se había apoderado de ella, que no respetaba lo prohibido, ni reconocía veto ni traba a sus deseos desordenados.

Con este vivir sin vivir en sí, Federico de los Lampones no tuvo nunca tiempo de repasar, aunque sólo fuera una vez, lo anotado. Se decía sin muchas esperanzas que, en el tiempo de asentar la cabeza podría releer el caudal de letras, pensamientos vertidos y hechos atesorados en aquellas agendas de rígidas tapas negras.

A los y treinta años, quince llevaba escribiendo sus memorias – posiblemente en un momento de cansancio al ver su existencia despilfarrada – abrió la primera de estas agendas, de negras tapas de piel de cabritilla. Pero, ¡oh! sorpresa, allí, debajo de cada fecha – lo único apuntado por su mano – no había una sola línea escrita. Miró sorprendido las restantes agendas encontrando, como la primera, que todas estaban en blanco. Había contado Federico sus recuerdos, los datos que conformarían su biografía, el manantial de sus memorias y el papel le devolvía airado sus hojas inmaculadas.

Aquel hombre, asustado sin duda, pero sin salirse un ápice del curso de su vida anterior, desesperadamente puso en la postrera agenda, el punto final en rojo.

DIVAGACIONES

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Domingo 24 Enero 2010 13:30

Porque de la entraña nacen,
ardiendo mil sensaciones
y hasta la boca suben,
llamaradas de pasiones.

¿Eres tú, alma de amor,
el bien que yo más anhelo?

Dime si estoy confundido,
si cuanto siento es mentira,
que todo lo que nos da vida,
¿pronto caerá en olvido?

¿Eres tú, alma de amor,
el mal por el que respiro?

Por el aire me ha venido,
volando o en remolino,
apegos que quiero darte,
por besarte torbellino.

¿Eres tú, alma de amor,
la ayuda que más aspiro?

Corriendo viene a la fuente,
la sed que saciar no puedo,
sediento por los caminos,
soñando con mis empeños.

¿Eres tú, alma de amor,
manantial de mis suspiros?

LA DISTANCIA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Jueves 21 Enero 2010 17:04

Porque el viento me trajo tus palabras,
y en ellas el recuerdo de tu ausencia,
rememoro infeliz en la existencia,
el instante final de la distancia.

Me despierto contigo, sin tenerte,
y contigo me duermo sin quererte
que inútil es soñar con tu presencia,
en el errabundo triscar de tú alegría.

Está la ensoñación, tan viva y tan presente,
que tanto el ayer como el mañana se confunden,
pues no es sino tu huída un accidente,
el peor destino de la nada.

Fue tu risa la risa, como un trueno,
y fueron los abismos llanos,
y aún los astros estuvieron próximos,
y aún el futuro radiante, cual previsible arcano.

En la oscuridad te abrazo, en la oscuridad,
y siento tanto que me oprimes, tanto me aprietas,
(pues sueño es de mi sueño, sueño recreado)
que sin querer ahogas el aire necesario para amarte.

Sólo sombra, sólo viento, sólo aura, humos del aire.
Más nunca has de correr lo suficiente,
que me haga perder la estela de tú memoria.
Allí, donde ancles tú corazón, rendiré el mío

EL OLOR DEL JACINTO.

Posteado por José Luis Martín | Cuentos | Miércoles 20 Enero 2010 18:41

Asustado, rezaba Jacinto la buena suerte de haber salido airoso del lance. Pocas veces un conductor se salva de un choque frontal lanzado su coche a más de 150 kilómetros por hora. ¡Morrocotudo sobresalto se llevó el hombre!.

Salir milagrosamente del amasijo de hierros retorcidos, entre la admiración y la sorpresa de quienes le miraban, fue todo un acontecimiento. Le dolía, por todo daño apercibido, una imaginaria herida producida por irreal afilado cuchillo en el costado siniestro. Era un malestar lejano, un olor con gusto pegajoso, a cansancio, como un recuerdo pasado. Las gentes que contritas e incrédulas le tocaban quisieron llevarle al hospital, Jacinto resuelto dijo que no, que prefería descansar en casa.

Cuando algunos minutos después entró en ella, Suso, su perro, sin que existiera explicación ni antecedente, le ladró despavorido. Corrió alocado por el pasillo como si hubiera visto a la muerte. Su mujer, sin duda falta de la percepción extrasensorial de los canes, le abrazó dichosa mientras escuchaba el sucedido. Jacinto, exánime por la emoción, se sentó en el sillón favorito; esperaba la tila que le estaban haciendo. Allí, sin ningún sobresalto ni aspaviento, se quedó dormido para siempre.

En el accidente, se sabría después, se le había roto el alma y el alma, como es cosa sabida, duele como un recuerdo lejano.

BLANCO Y NEGRO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Martes 19 Enero 2010 18:06

La felicidad es un camino de flores y agujeros,
un remanso de aguas azules transparentes.
Una playa infinita de olas domeñadas.

La tristeza es un abismo de aguas malolientes,
una sima en el corazón de los poros de la piel.
El ala de un vencejo que vencido se deja morir.

La vida es un contraste de risas y penas,
un velero perdido en la turbia calma del océano.
Un barco apenas a expensas de la tempestad.

Salgo y entro en el jardín y huelo
el áspero sudor del jaramago vil.
La rosa se abre en mi pecho
como flor cortada de alhelí.

A BUENAS HORAS

Posteado por José Luis Martín | Fábulas | Lunes 18 Enero 2010 16:39

A los votos de castidad de Gumersindo Cariolo asistieron, además de los oficiantes, sus 21 hijos y sus 73 nietos.

BORDÓN DE PLATA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Domingo 17 Enero 2010 13:59

Ay dolor, que se me seca el habla,
ay amor, que se me ahoga el alma.

Sobre la cama de la vida donde estoy,
oyendo de la lejanía el ruido por la ventana,
trae la noche, voces de lobos famélicos,
miedos que encogen mi corazón en calma.

Ay dolor, que se me seca el habla,
ay amor, que se me ahoga el alma.

Entra la oscuridad por el cristal de la memoria,
negros cuervos en el ocaso de alas tenebrosas,
en el latir frenético de mis sienes rotas,
en el pulso olvidado de tu palabra loca.

Ay dolor, que se me seca el habla,
ay amor, que se me ahoga el alma.

El tren de la distancia, sutil me golpea
como un recuerdo sobre la carne blanda,
igual que el trueno en su chirriar de asma,
como cruje el árbol, mortalmente herido bajo el hacha.

Ay dolor, que se me seca el habla,
ay amor, que se me ahoga el alma.

Ya no siento tus besos como amanecer de alba,
ni tus manos, sobre mi piel de ámbar,
sólo el frío sudor de un mal recuerdo,
en la misma separación donde te hallas.

Ay dolor, que se me seca el habla,
ay amor, que se me ahoga el alma.

Sobre el pecho, donde grabaste mi nombre,
bajo el tatuaje del sol en llamas,
tan sólo queda un triste borrón de ascuas,
que se apagarán consumidas por la distancia.

Ay dolor, que se me seca el habla,
ay amor, que se me ahoga el alma.

Cuando mañana amanezca y esté el bordón de plata,
clavado sobre el recuerdo añoso de mi casa,
ya no te echaré de menos, olvido,
ya no lloraré tu marcha.

Ay amor, que se me ahoga el alma,
ay dolor, que se me seca el habla.

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