2010 Enero | Poemas y fábulas - Part 2

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AZUL Y AIRE

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Viernes 15 Enero 2010 17:43

Vestida de azul y aire,
bailarina de la mar,
sirena de espuma y viento,
sobre las olas nadar.

Desnuda de sal y agua,
amor de mi pesar,
pájaro que trina triste,
porque se olvida cantar.

Corriendo cruza el pensamiento,
sombras que viera pasar,
recuerdos que me entristecen,
amores que yo enseñara a volar.

Me malquisieron los hados,
los que me hicieron pasar,
delante de aquellos ojos,
para que los contemplara llorar.

Sonetos que yo inventara,
para sus oídos sin par,
rimas que engulle el tiempo,
versos imposibles de domeñar.

Se derrumbaron los muros,
las piedras sin labrar,
que los mismos perros lloran,
cuando se les impide ladrar.

EL HOMBRE IMPERFECTO.

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Viernes 15 Enero 2010 17:38

Sentado en el triclinio, Lucio Anneo mira distraído la primavera. Incomprensiblemente y sin previo aviso que le alerte, se llena de ira. El filósofo confundido culpa de la situación a los escondidos humores de su cuerpo; acaso a la mariposa, que atrevida roza con sus alas la sutil cortina de la ventana; posiblemente – se dice – al rojo color de la amapola que escondida, crece entre las zarzas de la rosa.
No pudo, cuando quiso, recobrar la respiración que le faltaba. La hidra, nacida de un desconocido ayuntamiento, de furia se lo impedía. Boqueando como pez sin agua trataba de tomar aire, la absurda rabia le hurtaba la serenidad precisa y la cólera equívoca, como si fuera guiñol desbaratado de feria, le zarandeaba cruelmente.
Fue lucha feroz e intestina, apenas la batalla de un instante, el tiempo sin embargo suficiente para que Lucio Anneo Séneca hiciera pedazos la soberbia escondida y, en la alegría que produce el triunfo, le creciera a borbotones el conocimiento.

CELULOIDE RANCIO.

Posteado por José Luis Martín | Cuentos | Jueves 14 Enero 2010 16:50

Un trueno pulveriza la pantalla y su son, canción al cabo, se expande por la sala del cine al igual que baja de la montaña. Anita tiembla en su butaca. Un instante antes ha sentido como propio el beso que Tom Cruise ha estampado sobre los labios de Nicole Kidman. Han sido dos estallidos distintos e iguales.
Los dos conforman por igual la piel de su existencia
En el espejo de la salida del cinematógrafo se recoge el pelo suelto,
en un grueso moño, con una cinta de goma. Con el aire de la calle
se la hinchan los pulmones sedientos. De su mente se escapa una
limusina negra y brillante, dobla fantasmagórico la esquina llevándose
a los actores principales. Anita suspira, y se le van los ojos tras la
estela de humo que deja el coche.

La cañada de la Gran Vía hierve, atestadas de gentes que salen
doradas de ilusión. Una honda queja-satisfecha se extiende entre la
Red de San Luis y la Plaza de España. Madrid rumia en su ombligo,
el sueño de media noche, el mismo que duerme ahora en las
silenciosas salas de los cines muertos.

Anita, espera paciente, desde el principio de su vida, la llegada del autobús. Una estrella perdida la mira y parpadea en el cielo rectangular de Madrid. Su corazón deshilachado se agarra con fuerza a sus recuerdos amarillos. A mil cintas de celuloide, al olor viejo y picante del polvo que las recubre. Cierra los ojos para ver la abandonada sala de cine, un segundo después sus labios marchitos reciben el estampido violento de otros labios jóvenes. La lluvia hace el milagro de su aparición.

CONFUSIÓN MORTAL

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Miércoles 13 Enero 2010 15:47

                                     

 

          Le compró a su hijo una pistola de juguete tan parecida a la suya de reglamento que, cuando el niño le abrió un agujero en la frente, no le dio tiempo a mudar la sonrisa de su boca por la sorpresa que le produjo el estampido.

 

 

 

 

EL COMPUTO DE TODAS LAS HORAS

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Miércoles 13 Enero 2010 15:42

 

Cuando en un instante se junten tus días,

 

apiñados en un segundo sobre la vida,

 

serás polvo, fría ceniza apagada,

 

recuerdo, hito fenecido, incienso acaso.

 

 

¡Alma!, alma que cantaste y reíste,

 

latido que de tristeza lloraste,

 

palabra viva ardiendo en la zarza.

 

Desgarrado grito, voz susurro del alba.

 

 

Paraste en seco tu ímpetu quimérico,

 

abrazaste inútil el vacío y la nada

 

el tiempo, ilusión nunca del todo entendida,

 

desangrados los arroyos que regaron ilusos el alma.

 

 

Ya no hay futuro que soñar, bruno es el color,

 

apagado y roto el arco iris, fragmentos y trozos,

 

luz el aliento que con fruición respiraste,

 

asfixiada la transparente pompa de jabón que estallaste.

 

 

¡Ay!, silencio de muerte amordazado,

 

sabana blanca de lirios pintados,

 

ayer fiesta y jolgorio, ludibrio, ironía de hados.

 

Fatalidad. Hoy se ha puesto el sol, el mundo ya es pardo.

 

 

EL AIRE JUGABA CON UN HOMBRE PEQUEÑO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Martes 12 Enero 2010 15:51

 

Era pluma al viento,

hoja del alma volando,

suspiro de lágrima

aliento de la boca colgado.

 

Era payaso de risas,

juguete del viento azotado,

recuerdo de amores,

corazón doliente llorado.

 

Era avión de nubes,

ala de gorrión posado,

canción ligera de la noche,

música  de ángel descarriado.

 

Era, por ser, un hombre tan pequeño,

que cabía en un puño cerrado.

 

 

 

                                   

PRAGMATISMO

Posteado por José Luis Martín | Fábulas | Martes 12 Enero 2010 13:25

Un día, paseando por el campo, en primavera florida y hermosa, la voz de lo que luego comprendí que era un ángel, me dijo:

-Ten mucho cuidado, todo el embeleso que dice guardar para ti, es en realidad un embeleco, una farsa, una mentira.

Desde entonces, las comidas las hago contigo, todo lo demás, lo comparto con ella.

DE SOMBRAS Y DE SOLES

Posteado por José Luis Martín | Fábulas | Lunes 11 Enero 2010 11:37

 

          Estaba hecho de sombras y de sal de lágrimas. Jirones de tinieblas conformaban a aquel muchacho; y amargura, que así era, porque así le veían los demás.

          Era parejo Jacobo al mismo Quasimodo, era la encarnación fatal de la deformidad, la afirmación rotunda de la fealdad absoluta. Era la misma desesperación de cuantos, por verle, no disponían del privilegio de ignorarle.

          En el desierto de arena y cantos rodados, aquel páramo que nos espera a la salida de toda aflicción, se pasea Jacobo arriba y abajo, lejos del ruido del mundo, hasta que sus piernas, como si de helado de vainilla fueran, flaquean de cansancio. Sobre un montículo de piedras próximo, con un gemido de alivio, se sienta roto el muchacho. Golpea, con el palo que le sirve de sostén, a los guijarros próximos, a los arbustos que desafiando al viento, crecen al amparo de las peñas.

          Un gusano, de blanco vestido, de patas doradas y ojos azules, sale de debajo de una de las piedras golpeada. Aquel hombre, de sombras y de sal de lágrimas hecho, le pone en la palma de su mano. Entonces, el pobre gusano, en su afán por huir asustado, errático y confundido, dando corcovos de caballo, se escapa y son sus pasos tan sutiles, que hace soñar a Jacobo con los gráciles movimientos de la mujer que en secreto ama.

          Así, sobre la palma de su mano, ¡ay, milagro!, surge una bailarina, una diosa a la que ama con tanta pasión que, desde aquel justo instante, este hombre de tinieblas hecho, pasará su soledad abrazado a la cintura de su amada.

 

                                               *                        *                      *

 

Hecho de rayos de sol y de sal de las sonrisas, rocío que limpia y enjuga de sudor la frente y hace desaparecer la sed y el cansancio, es apenas este muchacho el embozo de un hombre. Apenas un niño en el camino de la perfección,

A pesar de todo pasea por el desierto de arena y cantos rodados, por el estéril camino sin fin, a miles de kilómetros o a escasos metros de distancia del otro muchacho.

Es este Cornelio blanco de tez y tan rubio de cabellera, que pasaría por la misma encarnación de Adonis. Soberbio como Júpiter y como él, cruel en sus rayos, pasa por este mundo sin otro pecado que el pecado que se deriva de su propia vacuidad.

En la misma soledad, que perdido de tanto correr ha llegado al mismo montón de piedras y arena donde Jacobo, el vil remedo de Quasimodo, descansara, ahora se sienta Cornelio.

Ensimismado, mirando sin ver, un sueño repentino se posa sobre la palma de su mano. Una bailarina, una diosa tan bella que es la misma Afrodita quien desde aquel pedestal le mira a los ojos.

El muchacho, hecho a la vez de los rayos de sol y de la sal de las sonrisas, bello como la aurora mas necio, rudo en su desprecio y soberbio, la ama con tal brusquedad, carente de todo sentimiento, que degrada a la diosa, a la mujer inmortal, hasta convertirla en un pobre gusano.

Un gusano desvalido, un blanco gusano de patas doradas, de ojos azules, que asustado, corre, dando ridículos corcovos de caballo loco, a esconderse debajo de la piedra más próxima. Sin duda, busca la humedad del refugio donde preservarse de la aridez de la tierra.

 

                                                             

A MI AMADO MUERTO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Lunes 11 Enero 2010 11:28

Tengo el dolor atrapado
tu muerte, castigo impío.
En el corazón castigado,
la piel aterida de frío.

Sobre tus ojos el sol brilla,
sobre tu cara la luna vela;
Cuaja en el envés de las hojas, maravilla,
el rocío como límpido fanal de tela.

Voy por el bosque herrando,
desorientada conciencia perdida.
Que la luz que piso andando,
en la oscuridad se cambia confundida.

De la tarde en el jardín me traigo,
la dulce miel de la colmena henchida.
Recubro tu cuerpo y me distraigo
tras esculpirlo de cera derretida.

Porque su esperanza ninguna confía,
Rosamunda se consume y desespera,
la muerte silenciosa le acecha impía
en el letal bramido de la espera.

LA ESTACIÓN ÚLTIMA

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Domingo 10 Enero 2010 13:47

Doña Cristinita de la Au Alaz, sola, sola en el mundo y en su casa, una tarde ya de anochecida, cansada de esperar, no sabía muy bien a quién, hizo la maleta. Dos vestidos, un par de zapatos y ropa interior y se marchó a la estación.

Tomó el tren de las 24, el último del día y emprendió el viaje deseado, ese largo sin fin, a ninguna parte.

Cris de Au, como hacía desde la ventana de su casa, miraba desde el tren los pájaros volar, las ramas de los árboles donde iban a posarse, los cables eléctricos donde descansaban. Por ellos sentía tanta envidia que toda su vida quiso aprender a volar.

Extrañamente, el tren último, este de la hora 24 no alcanzaba a ver la superficie, por lo que, la buena señora, cada vez que paraban en una estación, sacaba la cabeza para divisar el cielo y así poder distinguirlo de la oscuridad del túnel.

Pese a todo, a no ver con la claridad la luz, a no saber que ha tomado el último de los vagones de un tren errabundo y sin destino, doña Cris, se siente contenta. No ha perdido nunca la fe, aún menos desde que, en el último segundo. alcanzara a montar en el vagón.

Desde su adolescencia, esta mujer decía que la esperanza, ni siquiera cuando está puesta en el infinito se debe perder, porque allí, a aquella sideral distancia, siempre habrá un pájaro posado, mientras otro, aún más bello si cabe, vuela camino del sol, allí donde, ahora sí, el cielo se encuentra al alcance de sus manos.

 

 

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