2010 Marzo | Poemas y fábulas - Part 2

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LA EQUIVOCACIÓN

Posteado por José Luis Martín | Fábulas | Miércoles 17 Marzo 2010 17:01

                                                    .

 

 

          Unos padres pobres criaron a su hijo en la abundancia. Ahorraron de aquí y de allí; muchas veces se lo quitaron de sus necesidades primarias para  que él, su hijo, no desentonara del resto de sus amigos. Los compañeros estudiantes pertenecían a una capa superior en la escala social.

 

          Creció regaladamente el muchacho, sin mucho orden y menos concierto, hasta poner su futuro en un brete, pues era errático en los estudios y cabal en las distracciones.

 

          Los padres, que vieron como la rodada de su hijo iba por derroteros no pensados le advirtieron del error, con humildad pues al cabo ellos no habían salido de pobres, por mucho que a él le hubieran empingorotado. Este, que nunca hasta entonces le habían llamado la atención, les vino a decir, con la soberbia que da sentirse superior:

 

- Quienes sois vosotros, cabrones, para decirme a mi lo que tengo que hacer.

 

 

TÚ y LA i

Posteado por José Luis Martín | General | Martes 16 Marzo 2010 16:45

 

 

Miré tus ojos

y en ellos vi,

un mar inmenso,

lleno de añil.

 

Anda tú cuerpo,

pleno de vida.

Suena el aire,

como una lira.

 

Dime si pensaste,

un rato en mí,

me llena de orgullo,

creerlo así.

 

Besé tus manos,

toqué tus labios,

en ellos puse,

mi devenir.

 

Corrí poseso,

detrás de ti,

te di alcance,

llegando el fin.

 

Cierro capítulo,

diciendo sí,

a todo cuanto,

escribo aquí.

EPILOGO

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Lunes 15 Marzo 2010 16:36

                                                                

 

          He cerrado tantos capítulos de la vida de los demás, que nada me extraña se estén escribiendo los últimos renglones del mío.

 

TRISTE SINO EL DE LOS HOMBRES

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Viernes 12 Marzo 2010 16:52

 

Triste es el sino de los hombres,

morir cuando menos queremos,

amar cuando menos podemos.

Áspero el camino que sombras recorremos.

 

Se clama sin esperanza y sin ella se muere,

que no es la montaña fe suficiente,

ni todos los tesoros del mundo las riquezas.

Sólo el amor, por un instante, nos hace inmortales.

 

Amar y ser amado, es la herida más profunda

y es la navaja la misma que inflinge el daño

y es el dolor por ambos compartido.

Que la una sin la otra no se comprenden.

 

Quiso la sombra cortar la rosa del rosal,

luz roja, capullo encendido,

líquido hirviente, parte del corazón.

A sabiendas, en él me pinché con tus espinas.

 

Ay dolor que me guarda el ansia,

amor que me llora risueño,

rosa que me hiere.

Anhelo que de amor cobija el alma.

 

“EL HOMBRE ES UN CUADRO PINTADO POR UN AFICIONADO”

Posteado por José Luis Martín | Fábulas | Jueves 11 Marzo 2010 17:03

 

 

 

 

          Tales palabras las pronunció beodo Benjamín, pero como le parecieron tan propias, sobrio las adoptó. Cuando alguien le dijo que aquella sentencia contravenía las palabras pronunciadas por el Sumo Hacedor, pues había asegurado que creaba al hombre a su imagen y semejanza, se apresuró a retractarse.

          Por encima de sus pensamientos, - se dijo apesadumbrado – estaba el Creador aunque con frecuencia, con demasiada frecuencia, en el cerebro le martilleaban las atrocidades cometidas por el hombre y se desesperaba al no comprender que el bien y el mal se cobijan por igual en el alma.

          Entonces, sin poderlo remediar, se hacía la pregunta siguiente: ¿O Dios en su omnipotencia había cometido un fallo espectacular al diseñar al hombre o a este le hizo en un momento incomprensible de debilidad?

 A continuación, dándose cuenta del ramplón pensamiento y llorando el no poder alcanzar la luz en tal espinoso asunto, miraba al cielo y pedía perdón.

         

 

                                                                              

DESILUSIÓN

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Miércoles 10 Marzo 2010 15:00

 

          Si quererme quisieras,

yo el mundo regalara,

que un solo beso tuyo,

por cien amores cambiara.

 

Si me pidieras el tiempo,

al tiempo le arrancaría,

los minutos de una hora,

todas las horas de un día.

 

Si corriendo requirieras,

que hasta la luna volara,

en un rayo me subiera,

del sol. Hasta allí llegara.

 

Son tus deseos mis ansias,

son tus caprichos mis ganas,

toda la ilusión es una,

dime si la complacencia es vana.

ASÍ SE ACABÓ EL MUNDO

Posteado por José Luis Martín | Fábulas | Martes 9 Marzo 2010 15:07

 

Todo parece que comenzó en Socobar Prit, un pueblo de la costa oeste, en el límite de los dos estados del norte, allí donde un puente de tres ojos unía dos lenguas. Trostomido Fausto Caro Regal, el dueño de la gasolinera y barman de su propio bar, fue quién primero se empeñó en promulgar a los reunidos en su establecimiento la ineludible necesidad de ser limpios. Tanto de alma, ya aceptada como precepto o norma por toda la población como de cuerpo, donde había, sí, algunos sucios, sucios…

 

- Pero Trosto, hermano –le preguntó Rengio el de la tahona- ¿dónde encuentras tu la suciedad? Yo miro y con excepción de los deshollinadores, obreros de la construcción por su oficio y vagabundos sin techo ni lavabo, al mundo le encuentro limpio en términos generales.

 

Y Trostomido, reposado y quieto, que los muchos años detrás del mostrador sirviendo le habían aconsejado prudencia, le contestó:

 

- No es esa la suciedad a la que yo me refiero. Es la otra, esa que impulsa nuestros instintos a mezclarnos los unos con los otros sin solución y con continuidad.

- No acabo de entenderlo, deberías ser más explícito.

 

Trostomido Fausto, todo hay que decirlo, era una autoridad respetada en Socobar Prit, no en vano había convertido en púlpito la barra del bar desde la que impartía doctrina con la contundencia de un martillo pilón. A derecha y a izquierda, a diestro y a siniestro, cada tarde, cada mañana, exhortaba a sus fieles clientes a dejar los vicios de este mundo y darlo todo en sólo pensar en el futuro inmediato.

 

- En el día de mañana que nos hará libre, lejos de estas ataduras que nos azuzan y uncen a esta tierra, ya sea por el afán de tener, la costumbre de guardar y la cada vez menos comprensible descendencia.

 

Fue entonces cuando Trastintín comprendió la suciedad de la que hablaba el tabernero. Así, él, desde aquel mismo instante, dejó de compartir, si no la mesa y el mantel, que siempre en su cada servia su mujer,  si todo lo demás. Dijo:

 

- Tiene toda la razón. Fuera lujuria, lejos los ayuntamientos, ¿a que atarnos al futuro? Fuera la sexualidad. Apaguemos la libido. Tan sólo vivamos y disfrutemos del presente, después de mi sobrevenga el caos, que los cielos y la tierra se junten, que el universo entero naufrague en el agujero negro de la nada.

 

Como un reguero de pólvora, como la tea atacada por un rayo, así prendió la mecha de un mundo llamado a su fin. Tanto fue, con tal prontitud se extendió, que los cinco pueblos lindantes, Rivera de Abajo, Fuelle de Arriba, Majano Alto, Ladera Baja y Canuto Estrecho, imitaron a Socobar Prit y estos seis a los veinticinco circundantes y así, en esta espiral progresión, se contagió el país y tras de él, las distintas naciones del mundo.

Ahora, ya sin un solo niño nacido, sin un lloro que nos hiciera advertir el lóbrego silencio de la soledad, se espera que de un momento a otro, con el último de los extintos, desaparezca de la faz de la tierra la vida humana.

El dueño y barman del bar El Cairel Rosa, llevó con pulso firme su determinación hasta el final. Con satisfacción, que pudo alguien de pasados siglos calificar de insana, vio como día a día, casi hora a hora, disminuía la clientela que entraba a sus predicas. Al cabo, el fin estaba conseguido.

AUSENCIA DE SESO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Lunes 8 Marzo 2010 16:24

Del libro que no prestaste atención,

simple gañán, infame tonto, recuerda

que en él iba la ciencia,

esa que hoy tanto echarás en falta.

 

Era savia para fortalecer tus huesos,

vida en la que edificar tu alma,

aliento para construir tu habla,

sentido para labrar tu ansia.

 

Ignorante, zote en la vida perdido,

piensas acaso en la ciencia infusa,

saber con la que hartar tu ánima,

sapiencia con la que inundar tu espíritu.

 

Hijo de la prisa, hermano sin la fe,

despropósito de la nada, infundió,

todo tú no eres sino chasquido del aire,

triste libro muerto de cubiertas apagado.

 

Ofuscado eres por tu mano cegado,

orgullo absurdo por ti querido,

que nada hay como las tinieblas,

para vanidoso repeler lo inexplorado.

 

Baja al cabo de la nube frustrado,

que es de sabios rectificar en la subida,

como de inteligentes rehacer lo mancado.

Abre al fin, infeliz ignaro, el libro de la vida

 

                                                 

EL BAILE DE DOÑA ASCENSIÓN

Posteado por José Luis Martín | Cuentos | Viernes 5 Marzo 2010 16:42

De golpe, doña Ascensión hubiera bajado a los infiernos de la desesperación de no haber dispuesto de una voluntad férrea o un buen cuajo. Sin previa patología, sin nadie esperar nada o cosa parecida, el 12 de junio del presente año, su médico de cabecera, don Salvador Repulido y Garzón, que fue llamado de urgencia, viendo las muecas que la mujer no dejaba de hacer, sus espasmos que no terminaba de moverse y sus constantes giros de cabeza, dijo que sufría de ansiedad espasmódica, lo que traducido al román paladino, a los familiares presentes les vino a decir que con tales primeros síntomas o mejor estertores, estaba próxima su muerte.

- ¿Pero, -logró articular el vástago mayor de la indispuesta con cara de sorpresa- así, sin más, sin tocarla, sin auscultar el pulso, por simple y llana mirada, por un golpe de ojo?
- Si, señor. La experiencia es un grado y así es la que me hace hablar con tal desenvoltura. Casos como el de su madre no se han salvado, hasta la fecha, ninguno, eso si, no podremos cifrar el tiempo que dure la enfermedad, pero la pena de muerte no se la quita nadie.

Ferdinando Mantuso, que así se llamaba el vástago, nada respondió, aunque, para no disgustarse en demasía vino en pensar que todos, en este mundo, tenemos, antes o después, fecha de caducidad. Además de la imprecisión con la que se había expresado el galeno –el mismo que a doña Tomasita respondió, cuando en la calle le preguntó sobre que es lo que tenía que hacer con su hijo recién nacido, que devolvía el pezón insistentemente: “echarle en el cocido” fue la respuesta airada y malévola del interrogado- bien era posible que, antes que su madre, podría irse el mismo.
Doña Ascensión Bilbana, de aquí que en ocasiones los mal intencionados la motejaran como la “vil ana”, cuando se recuperó del sopitipando y fue informada del escaso futuro que le esperaba, en vez de amilanarse, avinagrando el semblante, de arrugar el entrecejo hasta extenuarse, como hubiera sido por otro lado lo lógico, se rebeló y en levantándose de la cama hizo de la capa un sayo. Vamos, lo que quiso.
Así tomó el portante y puso rumbo a la calle y en llegando a la primer peluquería se tiño el pelo, que le blanqueaba por la coronilla, se hizo una permanente africana y con las mismas, al pasar por el dispensario de la Cruz Roja dejó un óvolo al pedigüeño de la puerta quien, muy serio la aseguró un día de buena suerte. De ahí que, pasando por una tienda de todo a cien comprara una varita mágica con la que acarició el boleto de la quiniela que, al buen tuntún hizo. Como deben hacerse todas aquellas cosas que se dejan a la suerte.
Con tales bagajes llegó a su casa donde encontró a la familia entre asustada por la tardanza y apesadumbrada por el porvenir. Ella, mientras se quitaba un rizo que sobre la frente la había caído, les dijo:

- Si en verdad tuviera que morirme, lo mejor que puedo hacer en estos momentos es pasármelo lo mejor posible, en los días al menos que me queden.

A la semana siguiente, lejos de morirse, con la nueva vida que había emprendido, no sólo no se murió, es que, las horas del día no le eran suficientes para lo mucho y bueno que tenía que hacer. Así decía:

- Si hubiera yo descubierto antes esta bonita forma de vivir, a buenas horas estaba yo contemplando esta pandilla de gaznápiros que Dios me ha dado. Todos ellos obsesionados con la muerte y el pasado sin descubrir, ni por un solo agujero, el magnífico presente.

El sábado de gloria, porque al tiempo la tocó un pellizco de la lotería y la quiniela al tuntún, que había olvidado, tomó cita con el especialista de ansiedades espasmódicas y otras virulencias fatales contra la salud.
Doña Ascensión, ahora si, millonaria ella por la gracia de unos ramplones euros tirados al azar de una quiniela de la que nada entendía, fue pasando de mano en mano, de especialista en especialista y máquinas variopintas, hasta que, ¡vaya por Dios! descubrieron:

- Señora, tiene usted una salud de hierro. Ni un maldito constipado que la disturbe. Nosotros desde aquí, tendremos desde ahora en tenerla de cliente.
- Y entonces, el falso diagnostico de don Anselmo, en que quedó -preguntó:
- Tan sólo su médico confundió el baile de San Vito por un espasmo mortal. No es usual, pero suele ocurrir en doctores poco versados.

Al día siguiente de estas palabras, doña Ascensión Bilbana amaneció muerta. Tal había sido la satisfacción recibida que su corazón, aunque de hierro, no pudo soportar tan insuperable noticia.
Fue entonces, en este mismo día, cuando el vástago mayor, Ferdinando Mantuso, pronunció la primera de sus sentencias de las que después, con el tiempo, engrandecerían su vida. Dijo:

- Si la lógica de la naturaleza se quebranta, a cualquiera le dejan con el culo al aire.

AMAINA EL VENDAVAL

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Jueves 4 Marzo 2010 15:56

Sólo tú, mi amor,
sólo tú.
Tan cerca a veces,
tan lejos otras.

Siempre lejana,
que mis deseos arden,
se incendian
y mueren en mi alma.

Sueño constante,
sueño inconstante,
imagen que resucita o se apaga,
en la pantalla incontrolada de mi cerebro.

Ayer, hoy o mañana,
la vida es tuya.
Y mis huesos movidos por la sangre,
flujo y reflujo que todo lo invade.

Si me visitas,
hazlo despacio,
pisando las flores,
los tulipanes sembrados.

Bésame en la frente,
donde se fraguan las ideas.
Allí donde crecen
y se mueren las primaveras.

Soy aire sin impulso, viento manso, suave brisa.
Vendaval que arría y desaparece en el fin,
como las olas sumidas en la playa,
como las nubes en el horizonte.

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