2010 Mayo | Poemas y fábulas


MATERNIDAD INCONTROLADA

Posteado por José Luis Martín | Cuentos | Lunes 31 Mayo 2010 11:09


Seráfica se compró un loro y le enseñó a decir “mamá”. El loro, que había pasado tres meses licenciándose en el escaparate de una tienda de animales, se empeñaba en repetir “oño” y otras palabras de parecido jaez, mostrándose siempre renuente a las exigencias de su dueña que se empeñaba en cambiarle el léxico. Cuando al fin lo consiguió, Seráfica adquirió un perro al que puso por nombre “mimí”. El loro, al que se le resistían las íes, le llamaba “mamón”. Aunque lo intentó, en esta ocasión Seráfica nada pudo hacer para mejorarle la dicción.

En otro momento de su existencia, de la tienda de animales se trajo un hamster, un conejo, un gato y una tortuga. A todos sus animales Seráfica les protege contra su pecho de soltera y les da calor y amor. A cambio, recibe amor y calor … y maullidos y gritos y ladridos y un largo etc. casi interminable, que la compensa de los sinsabores de la vida y de algunas lagunas importantes de ella.

A todos juntos, llevada de su amor en potencia explosiva, les llama “sus niños” y a cada uno, menos a la tortuga, porque no se deja querer, sus hijos del alma.

Una tarde llamaron a la puerta. Era Jeromín, un antiguo novio que explicó, mejor farfulló pesaroso que había huido de su lado por susto y que volvía arrepentido. Seráfica, viéndole de pie, en el quicio de la puerta, se echó a llorar y le dijo, al tiempo que miraba para el salón donde había instalado maternalmente su guardería:

- Ya es un poquito tarde, Jeromín.

LA VANIDAD DE LA VIDA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Viernes 28 Mayo 2010 18:30

 

 

Las mujeres somnolientas,

despiertan a tocar a duelo

 

Ya se llevan a Don Juan,

por el sendero pedestre,

donde piafó el caballo,

del Tenorio impaciente.

 

Ya no escalará balcones,

de maridos inocentes,

podrán dormir tranquilos,

en la campiña agreste.

 

Él se lleva la ilusión,

de la mujer incipiente,

de la moza casadera,

de la mamá insolente.

 

Vituperadas mujeres,

lloran hoy por su Don Juan,

y aún sin conocerle,

lloran todas a la par.

 

Su último camino,

lleno de flores está,

de las rosas tempranas,

de otras puestas serán.

 

Cuatro mujeres lo llevan,

encerrado en urna de cristal,

sobre sus turgentes hombros,

no se vaya a estropear.

 

Sollozos desgarradores,

a su paso lleno está,

que de mujeres divinas,

que se acuerdan de Don Juan.

 

A la vuelta del entierro,

los hombres ya se engalanan,

con que sus mujeres pusieron,

de flores para que pasara.

 

De su primitivo candor,

los hombres ya han salido,

de la muerte del conquistador,

siempre tan engreído.

 

Ahora empavonados,

con el pecho bien hinchado,

se repartan las mujeres,

que el Tenorio les ha dejado.

 

Gritos darán a las féminas,

y ellas contestarán humildes,

pues para siempre murió,

el hombre que mejor las amó.

 

Los machos seguirán en su estima,

y aprenderán el donjuan,

que de la apariencia se saca,

la virtud del enseñar.

 

Ve la historia del Don Juan,

que el sólo la aprendió,

en las tierras que corrió,

para morir al final.

 

 

                                              

LA CLAVE DE LA LLAVE

Posteado por José Luis Martín | Cuentos | Jueves 27 Mayo 2010 18:16

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

         

La llave que se encontró Roberciño de los Alcatraces, inserta en un collar de cuentas de oro, apenas si tenía valor alguno, cuanto más utilidad. Estaba hecha de metal tan ligero como falto de provecho. Por ello, después de sacarla del anillo que la abrazaba, la arrojó despreciativo por encima de su hombro.

Llevada a cabo la demostración y el desinterés, con la misma mano se guardó en el bolsillo de la camisa el collar de cuentas de oro. Aquí si había sopesado el valor de lo guardado.

Santurcio de los Gazulez, que le acompañaba en el paseo, junto con otros dos amigos igualmente jóvenes, pues apenas si llegaban a los 20 años, viendo volar la llave la agarró en el aire. La puso entonces sobre la palma de su mano, la echó un rápido vistazo y con la misma prontitud que lo había hecho Roberciño  guardándose el oro, este se embolsó el vil metal en la faltriquera del pantalón.

 

- Santurcio, hermano, ¿acaso crees que con la llave agarrada se abren las puertas del cielo? – le preguntó el único de los amigos que se había percatado de su acción.

- Es lógico que no –respondió este. Más me la guardo por si de ella tuviera algún día su menester -y bajando la voz, siguió: y porque me pica la curiosidad y porque respeto grandemente el cometido de las llaves que pueden abrir desde la más simple de las cancelas hasta la puerta más enrevesada. Tú lo has dicho, hasta las puertas del cielo o del mismo infierno.

- Algo debe tener cuando sin valor alguno iba en la cadena que a buen seguro era de oro por la prontitud con que Roberciño se la ha guardado sin hacer comentario alguno.

 

Ya Santurcio, cuando la puso sobre su mano, antes de guardarla, ya había visto, en el corazón de aquel trozo de aluminio que era la llave, una letra y tres números. Esta fue, y no otra, la razón de meterla en su bolsillo.

Algunos días después, tras muchas horas dedicadas a resolver infructuosamente el enigma que parecía presentar la letra y los tres números en el corazón de la llave, por casualidad encontró, sobre la mesa de su profesor de gimnasia, una llave igual. Tan sólo los números y las letras eran diferentes. Todo lo demás se resumió en preguntar al profesor cual era la puerta que abría su llave.

                        +                 +                   +

 

Y tras los días, pasaron los años, diez, para ser exactos. En ellos, Santurcio de los Gazules encontró, mediante los variados y múltiples negocios que fue abriendo, la fortuna jamás soñada. Nadie, con la juventud de este muchacho, podía dar pábulo a su suerte y como esta le había llevado de la nada a una abundancia impensable.

Era ya una persona conocida, no solo por su entorno, que había saltado a las páginas económicas de los periódicos, donde no daban sino cuenta de la admiración que producía su talento, al saber encauzar con tanta maestría  cuantos negocios tocaba. Fue entonces cuando Roberciño de los Alcatraces, por boca del amigo que vio como  Santurcio tomaba del vuelo la llave que él despreció, supo del hecho y alrededor de él, de la llave, montó tal elucubración sobre ella, que el mismo amigo le creyó.

 

- La llave que yo desprecie, guardaba, no sé donde, - le dijo- la riqueza que ahora ostenta nuestro nabab amigo. Con ella, el ahora jefe, ha dado lugar a la creación de tan imponente imperio.

 

Uno y otro, ahora empleados de Saturcio se fueron a él con la embajada descrita. Creyendo a ciegas lo que habían urdido fueron a reclamarle parte de la fortuna que le había regalado la llave y que por haberla encontrado juntos, creían, les correspondía una justa participación.

Saturcio les recibió presto y les escuchó sin pronunciar palabra. Asentía a cada afirmación de ellos y dándoles la razón, tras las muchas explicaciones vino en decirles:

 

- Es verdad que fue la llave quien me descubrió el mayor de los tesoros. Cuando al fin pude abrir la puerta que cerraba, dentro encontré este papel donde podéis leer: “Querido hijo. Todo cuanto tengo te lo doy en la cadena de oro. La llave nada vale, pero guarda la postrera voluntad de tú padre en la carta que te escribió”.

 

La carta, algo abundante por extensa, decía en sus últimos renglones. “Haz siempre cuanto aquí te digo, yo lo descubrí muy tarde, no obstante te lo repito: Mira en todo momento cual es tu deseo, nunca lo pierdas de vista y trabaja con ahínco en él. Lograrás aquellos deseos que te sean propios, nunca te des por vencido de antemano, aunque las dificultades las creas insalvables, siempre hay un momento crucial que nos alerta de que podemos superarlas. Recuerda que los capítulos se escriben de uno en uno y felizmente terminan formando un libro”.

 

- Alguna vez estuve tentado de llamaros para enseñaros este tesoro, al fin quien la firmaba era mi propio padre –les dijo mientras les acompañaba a la puerta de su despacho – más siempre me asaltó el temor de que pudierais reíros de mi, y lo que era peor, de él, cuando entonces nada tenía y la carta, también entonces, no dejaba de ser una entelequia.

 

                          

                                           

 

 

 

 

CANTO Y SUSPIRO, TODO A LA VEZ

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Miércoles 26 Mayo 2010 18:13

Bajé del árbol,
pues ya en la rama,
el viento clama,
muy mal pensé.

Anduve en tierra,
con un pijama,
hecho de lana,
que no de miel.

Parece mentira,
cuando es verdad,
que todas las cosas,
por una causa,
echan a andar.

Aquí estoy,
contento como una pascua,
creyendo siempre,
en mis mentiras.

De otra forma,
ya me dirán,
a donde voy,
siendo un gañán.

Por eso grito,
a los cuatro vientos,
las mil formas,
los cuatro mitos,
de comportarse,
siempre en secreto.

Y mientras río,
yo ya no lloro,
de verme siempre,
como si fuera,
un bello loro.

Allá arriba,
mirando abajo,
por si pasara,
la suerte mía.

Ayer la vi,
miró arriba,
donde yo estaba,
y me escondí.

No soy valiente,
que soy cobarde,
me escondo siempre,
cuando la veo.

Por esta causa
y no por otra,
cuando te toco,
te tiro besos
y corro miedoso,
no siendo que,
me puedas ver.

Cuento mi vida,
narro mi historia,
y todo aquello,
que puedan ver,
risas y llantos,
que así conforman,
todo mi ser.

Yo ya no quiero,
ni les deseo,
que en la otra página,
lo encuentren bien.

La buena suerte,
pasó de lado,
rozó mi cuerpo,
tocó mis labios,
por eso creo,
como alma en pena,
que todo pasa,
menos la muerte,
y la aflicción.

Amigo mío,
cierra el trino,
que el verso sólo,
es un desliz,
el bello sueño,
de un infeliz.

VIRTUDES Y MERCEDES

Posteado por José Luis Martín | Fábulas | Martes 25 Mayo 2010 17:43

Desamparada por el vino, que hasta entonces nunca había probado, María de las Virtudes, junto con los amigos que la acompañaron, se corrió una juerga tan monumental que, cuantos a distancia contemplaron el espectáculo dijeron que “tras el desmadre, muñecos rotos, quedaron todos ellos exhaustos y deshilvanados”.

Sin embargo, una vez recuperada la sobriedad, María de las Mercedes, (no hay confusión en el nombre, pues así la denominaron en adelante cuantos acudieron a aquella bacanal) lloró, hasta el último día de su existencia, los pormenores de tan imponente francachela.

La culpa de no haber podido recuperar su estabilidad emocional la tuvo, según el psiquiatra que la trató, (una eminencia sin duda en el campo del recóndito saber del lado oscuro del cerebro humano) la estricta educación moral recibida de sus espartanos educadores, frente a la educación liberal que de golpe recibió en la calle.

De aquí que, ahora sepa que las buenas costumbres en la educación espartana y la moral en la educación liberal, aunque parezcan iguales, Virtudes y Mercedes son cosas distintas y bien diferentes, sin que quepa la posibilidad de mezclarlas, so pena de sacar de ellas el ungüento mágico o el bálsamo de Fierabrás.

ARRIADA LA ESPERANZA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Lunes 24 Mayo 2010 17:54

Imbele el cañón,

apagadas las velas,

quiere decirme,!señor!,

¿por qué mi mujer recela?

Así cantaba al amor,

quien del barco no bajaba,

por más que no recordaba,

ni del trayecto el sabor.

Sopla el viento,

damos tumbos,

el abismo es cierto,

nadie navega sin rumbo.

Al fin la nave termina,

así el viaje se acaba,

ya no quedan marineros,

aquí todo el mundo calla.

En bajando de las nubes,

puesto el pie en la tierra,

créame, mi buen señor,

sólo me queda perderme la siesta.

Esta cantata la cuento,

lo mismo que la recito,

sin otro rencor que no sea,

otra cosa, que mi apetito.

La historia se cierra y yo,

mudo y sin más palabras,

tan solo me cierro en dos,

toda tú y mis añoranzas.

ESTAR EN PRÁCTICAS.

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Viernes 21 Mayo 2010 18:35

Cuando cometo un dislate, con frecuencia, un error o un disparate, no exento de equivocación humana, el compendio de todas ellas me justifican cuando digo, porque es la verdad, que yo, aquí, en este mundo, por estar de paso estoy en prácticas.

¿Usted no? Acaso se considera que cuanto sabe le es suficiente, que cualquier cosa alcanza, sólo basta proponérselo, que está sobrado de cara al mañana por lo bien que lo hizo ayer? Yo, tengo que confesarlo, no, yo, le repito, estoy aquí de prácticas.

Tampoco seré quien acuse a mi vecino, prójimo cercano o muy lejos de mi mirada, de otra cosa que no sea soberbia. Esa capacidad insana que nos hace elevarnos, sin mayores fundamentos, pues las bases por no ser precisamente sólidas, se resquebrajan cuando queremos ponernos por encima de los demás.

Los ilusos – ¿acaso hay un panteón distinto para ellos, un hoyo desigual al del resto?- son aquellos que levantan las cejas para no advertir que nos han mirado y que bajan los hombros para ignorarnos. Son todos aquellos que nacidos como los demás, creen respirar aires más puros y así poder mirar la vida como la suma de sus importancias y el devenir, nuestro mañana oscurecido por la distancia y por el horizonte que se cierra en el infinito, como su resurrección.

Nadie, ni siquiera aquel que se cree es el más sabio, podría explicarnos un solo ápice de mi historia, aunque previamente yo se la hubiera contado.

Para justificar el maremagno de cosas que somos y que no llegamos del todo a entender, ponemos el pie en el pedal que echa a andar la vida y así, en tal equilibrio nos sostenemos hasta que, igual de incomprensible, nos visita la nada.

Si, estoy en prácticas, por eso quiero que mis pecados, sin necesidad de que nadie me absuelva de ellos, me sean perdonados. No hay que olvidar que yo, aquí, sigo en prácticas.

CARTA A MANUEL

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Jueves 20 Mayo 2010 18:12

Doña Constanza me contó que Manuel, su marido, murió porque no tuvo arrestos para enfrentarse a una, creyó, insuperable desgracia. Después, ironías de la vida, el tiempo contradijo lo creído y convirtió lo insufrible, primero en sólo adversidad relativa y después, en una forma incomprensible de felicidad humana. “Nunca,- me confesó tan valiente mujer- sabría que de él, de nuestro hijo singular, he recibido en este mundo la mayor y la más intensa de las compensaciones.

- Si mi marido –añadió- hubiera perseverado, en vez de venirse abajo como árbol seco que cae al suelo, abatido por la inclemencias del tiempo, hubiera luchado en pos de superar el sino adverso de nuestro hijo con síndrome de Down, también él hubiera podido sentir sobre su corazón la paz que emanaba de su presencia.

Para explicarlo, lo que no entendió su marido, le escribió una carta de la que me he atrevido a sacar el siguiente párrafo:

Dice así: “Cierto es que la mayor parte de las veces sus palabras carecen de sentido, la luz no se hace en su cerebro, pero no siendo ciego, basta mirar sus ojos para saber lo que está tratando de decirte. De ellos aprendí a saber que, nada hay en la vida más importante que sembrar amor en los corazones del prójimo, cuanto mas das, más cantidad recibes. Por eso, nadie que le conoce ha dejado de quererle”.

SIN DARME CUENTA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Miércoles 19 Mayo 2010 18:15

¡Señor! ¿Por qué este complacerme en lo que me duele?

¿Por qué la angustia de todos los días?

¿Por qué recordar lo que tuve y me falta?

¿Tú sabes por qué todo esto?

¿Por qué morirme a tragos si no tengo sed?

Vivo y trabajo. ¡bien sabes que trabajo con gentes!

que es de esta forma el oficio que tengo,

y también, no ignoras que sonrío, sonrío siempre,

pero no les veo.

Después, cuando es tiempo de marcharse, corro,

sin darme cuenta, lo sabes, sin darme cuenta,

huyo a este refugio de mi soledad,

a este placer sin tino, de llorar por todo,

haciéndome eco de todas las cosas.

Si supiera al menos, por qué corro, huyo o me aparto,

pero no, no alcanzo el punto en el que me explique,

por qué los demás me llaman loco, ¿por qué?

Por qué los demás, al conocerme, no me comprenden.

Quisiera, Tú lo sabes, reír o llorar,

ir o venir, estar o marchar,

hacer aquello que a los demás no extrañe,

pero tampoco, aún quedo yo, que no me entiendo.

Sin darme cuenta, Señor, sin darme cuenta,

paso de antes ahora, y no es igual,

porque están las cosas lo mismo,

y yo no me explico por qué me quedo,

o el por qué me voy sin darme cuenta, ¡Señor!

sin darme cuenta.

TIEMPOS, ACTUACIONES, SUEÑOS, REPUTACIONES, PÁJAROS

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Martes 18 Mayo 2010 18:38

DE TIEMPOS

Repetí tanto la caricatura de mi mismo, que sin darme cuenta, fotografié mi rostro en cada una de las etapas de mi vida.

DE ACTUACIONES

Tras la cirugía, que había borrado las arrugas de su rostro, aquel hombre inútilmente pensó que, igualmente, habían desaparecido algunas de las actuaciones que constaban en su currículum.

DE SUEÑOS

Cuando aprendió a soñar fue entonces cuando supo que, para correr con mayor velocidad, no le hacían falta las piernas.

DE REPUTACIONES

Desiré quiso vengarse de su madre cuando reveló que era ella, quien le había traído a este mundo.

DE PÁJAROS

Cuando comprendió que tanto el canto del mirlo como el del gorrión, les servían para lo mismo, cejó en sus inútiles comparaciones.

Por José Luis Martin

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