2010 Septiembre | Poemas y fábulas - Part 2

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SIN LUGAR PARA EL ARREPENTIMIENTO

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Jueves 16 Septiembre 2010 18:26

 

          Cuando Paulo Pedrus entendió que su vida podía cuantificarla en segundos y que, por muchos que fueran estos, con la rapidez que pasaban, con la aceleración en la que se perdían en el tiempo, su existencia al fin, bien podría ser resumida contando con los dedos de la mano el tiempo pasado y por venir, a punto estuvo de perecer angustiado y confundido.

Igualmente se extrañó, con incomprensible rebeldía, saber que nada podía hacerse para volver atrás de los acontecimientos impropios, dando lugar así a rectificar aquello que fue mal hecho. Esta impotencia que no permitía el arrepentimiento le volvió en contra de todo cuanto le suponía vivir, de todo cuanto le pudiera haber supuesto la felicidad en la tierra que habitaba.

Paulo, joven aún, envejeció en tiempo record. De tanto barajar la duración de la vida acortó esta. No entendía que, una cosa era la existencia y otra bien distinta medir su duración.

Fue infeliz porque nadie, aquello que se aprende por lógica sólo en tramos de sucesión de la vida, le ayudó a comprenderla. Pasaba los días el hombre contando los segundos que tenía un minuto, los minutos contenidos en una hora y así se sucedían las horas para después reducirlas en complicadas multiplicaciones sin fin en segundos-

Reducía la alegría de abrir los ojos, de sentir el agua de lluvia sobre la cabeza, el aire que acaricia mientras nos despeina, la luz y las tinieblas, en suma la verdadera multiplicación de los días en los que los seres humanos encuentran la felicidad sin perderse nunca en vulgares matemáticas de principiante.

La distancia, igualmente, la contó, no en kilómetros, sino en tiempo de segundos desgranados con los dedos. Había, sin él saberlo, emprendido el camino por el que se vuelve al principio.

 

                                                  

LLEGANDO ESTÁ LA ÚLTIMA RIMA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Miércoles 15 Septiembre 2010 12:08

         

 

 

 

 

 

 

Por el pecado mido la distancia

          de tu presencia, Dios, de tu presencia.

Y me duele, Señor, duele tu ausencia,

devorando la paz desde la infancia.

 

Sentirse lejos tiene la importancia,

de añorar tu caricia y tu clemencia

y de saber, Señor, que tu paciencia,

presta está en disculpar mi extravagancia.

 

¿Cuándo vuelves, Señor? Vete llegando,

si quieres a través de esta tortura,

que es el dolor la pena de ofenderte.

 

En el camino te estaré esperando,

es arriesgado, solo, esta aventura,

de luchar y morir hasta tenerte.

 

                                   

 

                                             

UNA FLOR EN EL DESIERTO

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Martes 14 Septiembre 2010 12:42

 

 

Siendo Desiderio del Amor Ingrato, joven aún, en vísperas de excelso como esclarecido poeta, salió un día de su casa y se encontró de repente con el árido desierto de la vida.

En medio de tanta soledad, por milagro seguro de la naturaleza voluble y tornadiza, en el mismo centro de la arena inmensa, Desiderio del Amor Caprichoso, -que se mudó el apellido para no aparentar, cuanto más, ser ingrato- encontró una bella flor.

Despacio se acercó a ella. Admirado por tanta belleza se postró delante de ella, adorando la suma perfección, sus pétalos color de cielo y rayos de sol. De súbito, como descontrolado impulso, sin apenas darse cuenta de lo que iba a hacer, su mano arrancaba la flor con la fuerza de quien roba la sin par belleza. Esta, la flor del desierto sin embargo, alcanzó a decirle en un susurro apenas audible:

 

- Si como piensas me arrancas obtendrás de mi tan sólo el suspiro del perfume que exhala la muerte. Si por el contrario me dejas vivir, alegraré cuantos días, como hoy, vuelvas a visitarme.

 

          Desiderio del Amor, ya adulto, ya poeta, recuerda las palabras pronunciadas por la linda flor y de cómo aquella decisión precipitada le marcó triste, sus versos para siempre.

 

                                        

PARA QUE TU ME AMARAS

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Lunes 13 Septiembre 2010 14:53

 

Si de mi dependiera

y de mi voz esperaras,

mi corazón te lo diera

para que tu me amaras.

 

Porque recito los versos

y los canto con sordina,

los ojos los tengo inmersos

en el color de tu retina.

 

Para no llorar, mi vida, quiero

reflejar el mar en un soneto,

derretir vencido, yunque de acero,

aireando feliz, al mundo, mi secreto.

 

Todo cuanto por ti compongo

y todo cuanto por ti respiro,

es mi corazón, supongo,

que clama en un suspiro.

 

Si viniendo hasta mi vendida,

haces de mis celos mofa,

que puedo esperar de la vida,

sino burla, escarnio y befa.

 

 

NUEVA YORK: SEPTIEMBRE 2001

Posteado por José Luis Martín | Cuentos | Sábado 11 Septiembre 2010 14:38

Marcia va a cumplir trece años. Es una niña alta y rubia, con el color de su piel resplandeciente de amarillo hueso. La nariz rectilínea y exacta equilibran la belleza de su cara perfecta. Marcia Foruz toca el piano y aprende inglés, todo ello de forma tan diligente, que es un gusto estético escucharla y oírla. Los padres de la niña, don Bernabé y doña Asunción, tienen también una hija mayor, Vianesa. Via, como la llaman, va a cumplir diecinueve años, es igualmente rubia y pálida, con la misma tonalidad de hueso y es asimismo reluciente y hermosa. Son, las dos hermanas, como la portada de un calendario, casi imposibles.

Vianesa, sin duda por la diferencia de edad, no habla con Marcia, aunque ésta, por la diferencia de edad, la tiene en un pedestal. Sus padres apenas si han cumplido los cuarenta años, aunque muy posible por el trabajo, por el stress y el trato con las gentes, parecen más viejos.
Don Bernabé es dentista y doña Asunción podóloga. Ninguno de los dos tienen la consulta en casa lo que hacen que muy poco tiempo, de lo mucho que se dan a los dientes y a los pies, estén en ella. Desde que nació Marcia, como si hubiera venido con un pan debajo del brazo, la familia Foruz vive desahogadamente. A nadie le falta nada, sino es tiempo a los esposos y afecto a los niños. Sobre todo a la más pequeña, que se siente sola, desde que ha dejado de distraerse con su muñeca.

Un día, doña Asunción anunció que harían, los cuatro juntos, un viaje muy largo, para celebrar la ventura y la felicidad de estar juntos. Dijo:

- Por Semana Santa, iremos a Nueva York.

Aunque todos los preparativos estuvieron hechos, el mucho trabajo que acumuló de repente don Bernabé, les retuvo en casa. Para justificarse el haber devuelto los billetes del avión, el dentista dijo:

- Ahora no puedo cerrar la consulta. Quien me iba a sustituir se ha puesto enfermo. No tengo a otro que me ofrezca la misma confianza. Verdaderamente estamos atravesando un momento de mucho trabajo. A los pacientes no les puedo dejar colgadas. No obstante, iremos en septiembre. Pasaremos allí la primera quincena de septiembre.

Marcia acaba de cumplir catorce años. Ha pasado el otoño, frío y melancólico. Han venido los vientos del invierno, helados y casi yertos. La joven, ahora, toca el piano sin gran entusiasmo porque las notas no resuenan con el vigor de otros tiempos. También ha dejado de aprender inglés, solo se ha quedado con lo que sabia aunque si no lo practica lo olvidará. Cuando piensa en Nueva York, la ciudad de sus sueños, recuerda con fatal amargura a sus padres y a su hermana Vianesa.

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