2011 Octubre | Poemas y fábulas

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INTRODUCCIÓN A LA SOLEDAD

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Miércoles 26 Octubre 2011 11:14

Durante muchos años he escrito sobre el misterio de la soledad, el estar solo, no aislado; he intentado dar, a cada palabra redactada, el sentido exacto que pudiera con mayor aproximación definir el sentir. Casi puedo asegurar que he plasmado estas páginas cerrando los ojos e ignorando que fuera de ellos nada más existe y que en aquellos momentos pudiera ser de mi incumbencia, está claro.

La soledad viviente, es una licencia, pero también es algo así, como una ligerísima e invisible cortina al gusto de un sol que pudiera abrir el grifo de los rayos, ahora tronantes y jupiterinos, inmensos para atravesarla, ahora suaves como caricia de bebé.

Se está y se vive en soledad, se limita, se amplia y hasta se cuartea, cuando comienza a pesar como un calvario, que todo en la vida llega. La reconozco porque dentro de mí ha alcanzado a representar una vivencia tan perfecta, como autónoma del ser, si es que, como individuo no pudiera supeditar mis fuerzas a las que me impone la soledad para poder yo salir de ella cuando me haga falta.

Vivir la soledad es vivir palpando el meollo de las cosas, es sentir con las potencias infinitas de nuestra humanidad limitada. Es, sí, como el trabajo que mira superando orgulloso el ocaso en el que ha dejado de creer, allí donde nos esperan, allí donde nos aguardan para de una vez, abrir de par en par las puertas de la casa de quien nos metió en este mundo.

Es una realidad, contar el diario de la vida con las sensaciones que la soledad nos ofrece en todos los instantes de ella. Fui, vine, escuché, toqué y narrar como llegan hasta nosotros, hasta la misma alma perdida dentro del ser, aquellas múltiples sensaciones, contactos impensables, es como despellejar hechos y acciones después de despojarlas de la piel grosera, burda capa que las envuelve.

También hasta la soledad llegan las tristeza, en ellas igualmente me he sumergido de tal forma, hasta tal punto han influido en mi, que vuelto a leer lo escrito, he sentido como un miedo interior, al compararme con la magnificencia de las circunstancias donde me encontraba inmerso.

Las circunstancias, esas vicisitudes que me hacían salir derrotado en sus confrontaciones, eventos rendidos al no sopesar la carga que sobre mis hombros echaba, así hasta hacer crecer la estima, superar la soledad no querida Y alcanzar otra que hacía progresar mi espíritu hasta hacerme añorar la victoria.

La soledad es la luz en el desierto del silencio. Es también la luz que alumbra en el desierto de la soledad. Es decir, lo mismo y lo contrario. La soledad no es única, a todos nos sirve e iguala. Ampara y desampara. Irrita y canoniza, más a nadie deja indiferente, que al fin es música que puede tocarse con mil instrumentos distintos.

Nos ofrece la soledad cuanto de ella queremos alcanzar. Aristóteles decía al respecto que “quien se aparta de sus semejantes, o es un degenerado o un ser superior a la especie humana”. Hasta aquí Aristóteles, que encuentra en la soledad consciente el sentido de la vida plena.

A UNA CARITA GUAPA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Martes 18 Octubre 2011 9:13

Estando yo en la terraza,
mirando absorto la mar,
una moza muy garrida,
desde abajo me vino a dar
un grito desaforado,
un insulto, nada más.

¿Quién es ese que me mira,
ese desconocido animal,
el payaso que sin gracia,
rebuzna por no cantar,
ese divino impaciente,
calavera e informal?

Sintiéndome yo aludido,
mencionado de forma sin igual,
a voces clarito la dije,
cuatro frescas y un refrán.

Si tu quieres, carita guapa,
que asuma yo tus maneras,
tus talantes y palabras,
tendrás que mucho cambiar,
desde dentro para fuera.

No es lo mismo decir, dije yo,
mozo fornido mí bien, que bien
sería para mi tenerte,
por más que ridículo hiciera,
como hazmerreír ecuestre.

Nada o poco entendiste, gárrulo,
volvió a insistir la moza,
que si gracioso te dije,
fue por enaltecer la forma,
que empleaste para callarte,
lo que tus ojos me dicen.

Al fin nos bañamos juntos,
pues pelillos a la mar,
los cielos fueron testigos,
de este amor tan singular.

De aquí que los buenos comienzos,
son sólo para empezar,
que lo serio viene luego,
sin que mucho precisemos,
para determinar el final.

CELEMÍN Y MEDIO DE OPTIMISMO PARA DON CASTOR

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Martes 11 Octubre 2011 7:46

Flátulo Maganto, cetrino y enjuto como simio catirrino, listo como ratón colorado y astuto como zorra hambrienta, ¡vaya lo uno por lo otro!, preguntó a su cuñada:

- ¿Dónde irá don Castor a tales horas?

Flátulo y doña Encarnación andaban entretenidos en el Parque del Oeste, aquí en Madrid, dando de comer a las voraces palomas, cuando vieron aparecer en el cotano donde estaban a don Castor.
Era éste cojitranco, pulido y entrado en carnes, “Don Homobono Redondo no es un hombre, es una esfera..”, ya saben, tristón en su tristeza y algo ido en sus idas y venidas.
El maestro contable, en viéndole la catadura, volvió a decir a doña Encarnación:

- A fe que te acierto en lo que viene pensando el orondo don Castor.
- A saber que es lo que pasa por la cabeza de semejante tan estrafalario –respondió la mujer. Más aventurando la hipótesis que creo factible, conociendo como se que este hombre odia los libros y la lectura, acaso no sea tan difícil el acertijo. Sin duda se está recreando en unos pensamientos tan dolientes como constreñidos.
- Lo de constreñidos, Encarnación, no te lo he pillado, si es que había algo que pillar, claro.
- Ni falta que te hace, angosto, limitado, también tú, que yo toco y canto sola. Pero, di de una vez, en que puñetas viene pensando.
- En la falta de libertad mental del hombre, porque él se empecina en buscar la libertad fuera, cuando todo el mundo saber o debería saber, que está dentro, en las profundidades del hombre o en las superficies no advertidas. Por eso no me extraña su continuo mal humor, que este defecto es propio de aquellos, que por no saber mirar, ignoran donde está la meta, el fin o la diana, que todo al fin viene a ser lo mismo.
- Es posible que tengas razón en lo que dices, pero no parece tan fácil llegar a tales conclusiones, por más que tu forma de exponerlo no parezca que entraña dificultad alguna.
- Yo me confirmo en la convicción que es en los libros donde se asientan tales seguridades, a lo largo de los tiempos la experiencia en ellos plasmadas, ha hecho realidades inmutables. En su lectura y posterior reflexión encuentra el hombre respuestas, cuando no su camino.
- Verdaderamente, parece obvio cuanto dices –respondió doña Encarnación, que tratando irónica de llevarle la contraria, buscaba inútilmente razonamientos que así la pudieran convenir.

Dijo entonces Flátulo, el maestro contable, campanudo y lleno de ardor:

- Si hombres y mujeres de este planeta admitiéramos la inseguridad como algo circunstancial al ser humano, llevaríamos como adelanto el reconocimiento de nuestra propia debilidad. Desde este punto, tendríamos a nuestra disposición la vida entera para superar tamaño obstáculo.
- Don Castor es un ser saturnino, hecho de contradicciones y pequeños odios que se enfada hasta con el aire que respira. Vamos, como casi todos o algo más. Pero, de aquí a las conclusiones que te acercas, ¿no crees que hay demasiado trecho?
- A don Castor, Encarnación del alma mía, habría que pedirle valentía en su brusquedad, paciencia extrema en sus desesperados actos, de otra forma ni dentro ni fuera encontrará la seguridad que es en definitiva la tranquilidad de conciencia que no posee y que a buen seguro busca desesperadamente.

En tales divagaciones pasó don Castor delante de Flátulo y doña Encarnación. Iba el hombre anonadado, en la nube donde no se distingue la realidad de la ficción, pero con paso impropio de sus carnes. Solo la obsesión le guiaba.
Flátulo y su cuñada dejaron a las palomas y se fueron detrás de él sin ser vistos. Cuchicheaban el uno con la otra, reían los dos alguna ocurrencia maligna del caletre de Flátulo. Después, cuando cansados de caminar le vieron entrar en la ermita del Santo, el hombre dijo a la mujer:

- No te lo decía. Viene a la capilla a por un celemín y medio de optimismo, que es una de las facetas que la vida no le ha dispensado.
- Si de esta forma adquiere la seguridad que le falta, ¿qué de malo hay?
- Nada mujer –respondió el maestro contable- nada. Pero quien lo iba a decir de este hombre, por más que sepamos que, la condición humana saca pecho olvidando que estamos construidos de barro.

LOS MUNDOS DE FLORE

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Domingo 2 Octubre 2011 14:18

Ríe con la nieve en los labios,
con una hilera de finos carámbanos,
entre la locura y el llanto,
con la alegría y la pena,
en el intervalo del tiempo.

Tu tiempo quedó prendido,
como ráfaga detenida en un instante,
condenada para siempre en el olvido,
tu olvido, Flore,
locura de siglos por las venas,
manantial ubérrimo sin distancia.

¿Quién piensa que son locura tus caminos,
hechos con las risas y los cantos,
perforando la oscuridad y el silencio,
la vida y la muerte?
Es tu mundo Flore,
a tu mundo nuevo clavada.

El aire sembró tu frente,
con sones de catarata,
y un horizonte de música,
se queda prendido al alma,
pegado a los picos de tu falda,
subiendo a torrentes por la garganta.

Vacía tu casa,
faltos los aires sin tu palabra,
las calles que alumbraste,
con sonrisas o carcajadas,
amanecen pesarosas,
como ayes en la distancia.

Flore, la cuesta está esperando,
a tu espalda doblada,
guijarros de fino pico,
para atravesarte el habla,
cantos de mirar redondo,
en los surcos de tu cara.

Adiós, Flore,
para cruzar los campos,
con lirios por las mañanas,
para subir las crestas,
montañas lejanas,
ahí va tu locura, Flore,
contigo cargada.

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