2011 Noviembre | Poemas y fábulas

Viagra

LA ESTULTICIA DEL HOMBRE DISTRAIDO

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Jueves 24 Noviembre 2011 8:57

Mi vecino, el honorable Horacio Matute me ha preguntado si yo conozco a alguien que le pague a él, por un posado suyo en puritita pelota, una pasta gansa.

Don Horacio, que está jubilado de camarero de garito de calle perdida por el centro de la ciudad, me dice que ha leído con estupor que, por un desnudo de una tal Kate Moss, que al parecer es modelo de pasarela cara, ha vendido y alguien ha comprado, una foto de la interfecta recatadamente desnuda por la muy estimable cifra de 19.000 euros.

El hombre, es claro y lo reconoce, no tiene tales atributos para enseñar pero que, por una cantidad, si no igual, parecida al menos, estaría dispuesto a una pose donde todo quedara a la intemperie.
Don Horacio, no se crean, empezó de músico, sin suerte, para hacerse pintor después, puntillismos lo llamaba él. Pero se conoce que no dio con el quid y sus cuadros, que voceaba por la calle a pleno pulmón, apenas si se vendían, por lo que se metió a camarero. Oficio este, no lucrativo, pero si más seguro para terminar el mes con algo que llevarse al estómago. De tales actitudes es por lo que me recalca que sabe y mucho, adquirir formas que atraigan primero al fotógrafo artista y después al comprador caprichoso. Que a la postre, “!qué más tiene!”.

Me ha recalcado que, tal como está la situación económica, la pensión que cobra de camarero no le llega ni para darse un vicio, que se ha visto obligado a dejar de fumar, – reconoce que si bien le ha costado erradicar la perversión, está encantado con la decisión tomada – ha reducido la ración de alpiste, como don Horacio llama, con cínica ironía al boborcio, hasta dejarlo mitad y mitad, así como divertimentos que no hacen al caso nombrar y otras zarandajas de menor calibre, importancia y cuantía.

Lo que más al cabo le ha supuesto, pues a la postre es un alma sensible que está demostrado por sus anteriores aficiones, es haberse visto obligado a racionar la comida de su perro, un pastor alemán que ha tenido que poner a rigurosa dieta, pues amagaba con no poder traspasar la puerta de su casa de gordo como se estaba poniendo.

- Yo, mire usted don José, yo me conformo con la mitad de lo que cobra la señorita nombrada. Poso, salgo desnudo o en desaville sexy, que tanto monta, me tiran las fotos, se revelan, se ponen a la venta y hay quien me compra seguro, que cosas más raras y extravagantes se han visto en los tiempos que el hombre vive sobre la faz de la tierra. Y qué añadirle… que aquí gloria y allí paz, digo al revés. ¿No lo cree usted así?

Mi respuesta no ha sido categórica, ni siquiera del todo convincente, aunque para convencerle de sus propósitos descabellados he bajado la voz, como si fuera a decirle una confidencia y le he susurrado:

- Don Horacio, amigo, usted no ha reparado en pequeños detalles, muestras que son hitos, sutilidades que se van perdiendo con la edad y que conste que no le estoy llamando viejo, solo mayor. Retroceda, vuelva usted la espalda al momento y sitúese en su juventud, ahora escoja: la foto insinuante de la modelo o el despelote de un camarero jubilado. Eso y lo añadido, que el fotógrafo, al momento de apretar el percutor de la cámara, algo sobrenatural le invade y se convierte en artista y de ahí, el cuadro conseguido, la instantánea lograda.
- ¡Vamos, don José, que no le hacía yo tan ingenuo! Es decir, para usted, la importancia de la foto estriba y está en el momento que el artista, como llama al fotógrafo, que nunca tal cosa se me había ocurrido en estos menesteres domésticos, aprieta el gatillo o percutor, lo que unido a lo poco que enseña, pero de manera rococó mostrado, la modelo, artista del varieté, completan la cantidad exacta que yo vengo en cobrar cada dos años, después de 35 o más de haberme eslomado en el tajo.
- Así es, que no seré yo quien le discuta tamaña verdad. Más lo que estamos hablando no es sino cosa distinta, una sangrante ironía que se gasta la vida, con las personas que no supieron ser originales en ella, de ahí que la memez se pague a precio de oro y el trabajo se subvalore hasta términos, repito, sangrantes.
- Según usted, enseñar un cuarto de seno es una manera original de ganarse la vida. Porque ir de aquí para allá, con la bandeja a cuestas, tratando de no derramar los contenidos de las botellas y vasos que en ella transporto sobre las espaldas de los clientes que me ignoran si no va con ellos, no es otra cosa que una vulgaridad que está, por otro lado, al alcance de cualquiera. ¿O no es así?

Lejos de quitarle la razón al bueno de Honorio, el camarero jubilado, coincidí en darle al menos un cuarto y mitad de la razón que me demandaba, Así le dije:

- En verdad que se va acercando a usted a las inercias en las cuales y por las cuales se mueve el ser humano. Y es que, para gustos, nada hay escrito y cada uno es muy quien para colgar en sus paredes aquello que le venga en gana, y sea de su complacencia y los pague con arreglo a su peculio personal.

P.D.- Los fotógrafos, aquellos profesionales que buscan ser testigos de su tiempo y plasmar dentro de sus cámaras las vicisitudes por las que pasa y vive la historia, llegan a ser verdaderos artistas, llegan al igual que el músico, como el pintor, el literato, el investigador, etc. a poseer el nonasegundo que les hace inmortales.

De tal inmortalidad tanto hablará su tiempo como se le reconocerá en el futuro. Quien solo sea flor de un día, el que se conforma con la efímera luz de un foco, no conseguirá la gloria que tuvo al alcance de sus manos.

SILENCIO PARA UNA HISTORIA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Miércoles 16 Noviembre 2011 13:49

Contemplaba yo la mar,
desde la quilla del barco,
la profundidad del atardecer,
filosofando en aquel marco.

Iban y venían las olas,
contemplarlas era un placer,
es por eso que escribía,
sobre la hondura del ser.

Salió entonces de la pluma el arte,
también al amanecer,
cuando los pájaros pían,
y están las rosas por nacer.

Llené la historia de cuentos,
de los dramas me olvidé,
por ser fiestas los domingos,
el día que me pongo a tus pies.

Si así la vida pasa,
entre sombras y luceros,
porqué no me dices dama,
lo mucho que yo a ti te quiero.

No son los silencios olvidos,
son tiempos de despertar,
son claveles que tú exhalas,
palabras cuando me vienes a visitar.

Así, cuando se pone el sol
y la Tierra ya se enfría,
busco tu mirada ardiente,
para calentar la mía.

Si, ya sabes porqué me río,
porque llorar me supone,
estrella del cielo mío,
no ver la cara radiante que miro.

Dicen que me llamo Pepe,
de los de antes por placer,
como si los nombres tuvieran,
alguna razón de ser.

Me llamo como tú quieras,
que con pasar a la historia,
la que juntos escribimos,
por satisfecho me doy,
en los umbrales del mundo.

Terminado está el cuento,
puesto fin con tanto empeño,
que si por mi fuera,
repetiría el intento,
hasta concluir la historia.

EL NIÑO, LA SERPIENTE Y EL ÁRBOL

Posteado por José Luis Martín | Cuentos | Jueves 10 Noviembre 2011 12:37

Se solaza la serpiente, tendida cuan larga es, sobre el tronco del árbol, y aún su enorme cabeza, grande como concha de galápago, se pierde entre la hojarasca de la rama más alta. Acostada sobre la formidable corpulencia del tilo, que de inclinado como está parece que todo él reposara sobre las rodillas amantísimas de una madre imaginaria, dormita desprevenida su digestión de ofidio satisfecho.

Empero, es tan colosal el árbol que la serpiente, aunque formidable también, apenas si se la distingue algo más que se ve la vena frontal en la cabeza de un infante.

Descansa o dormita y en su mimetismo, la mirada la confunde, que es la corteza y la piel la misma cosa y aún la cabeza, como el triángulo de la Trinidad, se diluye entre las hojas del tilo

***** ***** *****

Cogidos de la mano un hombre y su hijo pasean por el bosque. El niño se admira del entorno nunca visto, de los árboles imponentes que le atraen con magnetismo hasta ahora nunca sentido y más se asombra de la espesura con su impenetrable secreto, celosía que tapando el misterio nos descubre el miedo.

El padre, con abundancia de detalles, explica a su hijo la importancia y la trascendencia que aquel bosque tiene sobre la vida de los hombres, sobre la vida del planeta. Y así le dice que debe estimarlo como si de un igual se tratara. “Al fin son la misma vida, son el mismo aliento que mueve nuestra sangre”

**** *** ****

El niño deja la mano de su padre y corre embriagado por la floresta. Llega al tilo, donde dormita la serpiente. Corteza y piel se confunden y apenas si resalta algo más que la vena frontal en la cabeza de un niño. El árbol inmenso reposa inclinado sobre las rodillas amantísimas del aire.

De improviso, un rayo jupiterino, manejado por los hercúleos brazos de un leñador, cae inmisericorde sobre el tilo. Los golpes resuenan por el bosque como los aullidos lastimeros del lobo solitario.
A media tarde, miles de veces ha caído la afilada cuchilla sobre la indefensa madera. Con la última fibra-vena que corta se rompe el músculo lastimado y un estruendo horrísono invade el bosque asustando a todas las criaturas que pululan por él. Sobre la savia blanca cae la sangre derramada de la serpiente sorprendida.

**** ***** ***

Con los primeros golpes, el niño que admirando el tilo ha bajado hasta ponerse debajo de su inclinación, levanta sus brazos al cielo intentando patético detener la caída que presiente. Sus gritos, advirtiendo las palabras de su padre, se han perdido en el silencio del corazón del leñador que sordo a todo cuanto no sea su cometido, una y otra vez descarga su hacha sobre la madera inerme del árbol, cuna de una serpiente.
El niño, cumpliéndose lo que su padre le había dicho, muere aplastado bajo la copa inmensa del tilo. Los arboles, dice mientras sus ojos abiertos miran al cielo, que en verdad matar a un árbol, destruir a una serpiente, es sinónimo de la destrucción de una vida. La suya, que se pierde entre las ramas que en el suelo le tapan y no le cobijan.

GURRUPINA Y DIONISIO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Jueves 3 Noviembre 2011 10:19

Dionisio salta a la comba,

con destreza sin igual,

parece mentira que tenga,

las piernas de un carcamal.

Salta a la comba Dionisio,

con pericia de maestro,

por eso tiene los brazos,

flacos de aire y sarmiento,

Gurrumina es una chica,

de natural seriedad,

acaso por eso la dicen,

“eres polla de corral”.

Dionisio salta que salta,

Gurrumina le mira- mira,

y entre ellos hacen salsa,

para preparar la comida.

Los dos se llevan tan bien,

que hasta mentira parece,

que mirando para los lados,

los dos coinciden a veces.

Más si alguien fiel creyera,

que la pasión dura siempre,

errado se halla el pensante,

al traducir tan mal el presente.

De aquí que Gurrumina dijera,

a Dionisio por ausente,

que todo empieza y termina,

aún detrás de las bambalinas.

Dionisio, por su parte,

sin mucho acusar el mazazo,

dicen que se hizo el tonto,

desoyendo el garrotazo.

Juntos los dos escribieron,

los recuerdos ya olvidados,

y como colofón pusieron,

cuatro versos hilvanados.

Estos son:

“Sí de mí solo dependiera,

la posibilidad de conocerte,

ten seguro que optaría,

por esconderme y no verte”.

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