Por cada pétalo sangraba,
margarita que deshoja el viento
y el viento mudaba mi ser,
sombra que al viento lloraba.

Hoy imbele contemplo la guerra,
tan sólo en mi cabeza fraguada.
Tibia memoria del recuerdo,
sueño fugaz de la alborada.

Ya la lluvia ha cesado,
ya el volcán no ruge
ni siquiera trina el jilguero,
triste está el gallo callado.

Detenido ha sido el río, como la vida,
la desbocada sangre en su camino,
aciaga vejez precipitada,
la desdentada quimera de mi fatal sino.

Desbordados los bordes, roto el destino
secas las esperanzas y sus metas,
cuando todo es desconsolada mohína,
en la misma negra vereda del desatino.

Arrojó el cielo el castigo ciego,
plaga estéril de langosta enana,
arrasando el trigo de los campos hueros,
muerta la cosecha bajo el voraz fuego.

Triste es y afligido, el final del guerrero,
escasa recompensa para quien lucho fiero
pues que fue a traición como derrotado caí,
por las desleales, alevosas armas del artero.

Venid y apagad mi sed,
abrid el río de mi vida muerto,
que vengo del camino herido,
que traigo por igual, frío en el alma y el corazón yerto.

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