Terroso copo de arcilla,

rota la boca y el asa,

la vergüenza le brilla,

por el cráter del pitón.

 

 

Cráter por el que mana,

la fría brisa del agua,

que dentro se desparrama

y mitiga el calor.

 

 

Más él lo sabe y se envanece,

que al juntarse los dos barros,

se retuercen y se mecen,

los amantes en un beso.

 

 

Frustrado sueño del beso,

rompientes las cascadas, 

madre del alma inocente,

resbala por la garganta,

un sabor fresco y oliente,

que parece de naranjos,

cortados por alfileres. 

 

 

 

                                  

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