General | Poemas y fábulas

Viagra

LOS PREMIOS LITERARIOS

Posteado por José Luis Martín | General | Lunes 18 Octubre 2010 18:20

Cualquier premio distingue a quien los recibe, si es con esta intención con la que se concede, aclarado queda. Cuando el premio es literario, singulariza a la persona por sus méritos como escritor, ya sea de poesía, novela o teatro, sin olvidarnos del periodismo que es materia esta igualmente literaria, aunque rápida, servida en caliente o al menos y casi la mayor parte de las veces con menos tiempo de reflexión que las otras expresiones nombradas.

Hasta hace poco tiempo, estos premios brillaban por su ausencia, salvo honrosas excepciones hay que convenir que eran pocos y ruinosos. Los mecenas del país pensarían, no sin razón que los escribidores indígenas bien podían mantenerse como dicen que lo hacen los meteorólogos, del aire.

En aquel entonces, es decir en tiempos pasados nunca remotos, la obtención de la prebenda era un don del cielo, pues como maná bajaba de él, y como tal era considerado por todos, incluidos los lectores que se beneficiaban de un crítica verdadera, fácil y al alcance de cualquiera, pues la distinción en un tanto por ciento de las veces muy elevado, estaba irreprochablemente concedida.

En los tiempos que corren, el número de los premios se ha multiplicado por el infinito. Los hay, como es el decir coloquial; grandes, pequeños y de medio pelo, sin que con tal enumeración se atreva uno a distinguir muy bien las diferencias que deben ser fundamentales entre ellos, cuando es que todos deberían estar cortados por el rasero del fin prístino. Con esta abundancia - cuerno de la fortuna para tanto desheredado que encuentra en el momio la fanfarria de la popularidad y del ir tirando como Dios - nos ha sobrevenido algo por demás esperado, la falta de calidad en lo que se presupone hito. El genio premiado en demasiadas ocasiones lo es por amiguismo, vano circunloquio debido al “marketing” como razón, al regalado ditirambo, mal empleado y peor soportado, cuando no a infamantes causas por todos conocidas y ya en demasiadas bocas comentadas. La calidad ha dejado de ser el baremo por el que se mide el premio; vale ahora mucho mas la salida de pata de banco, el trabajo a salto de mata, el exabrupto unido a la puerilidad, por más que esta se peine en cabeza canosa, monda y falta de arquitectura interior, que la estricta regla, la imaginación y el trabajo llevado hasta la extenuación. Se hace caridad sobre caridad -por la repetición al premiado - y así, como no puede ser de otra manera, se llega a que el infrascrito se crea un genio, cuando por todo motivo tiene una sandez ensartada en la mas parvularia y necia de las expresiones.

El buen gusto ha sido asesinado con nocturnidad alevosa, que es en estos cenáculos en donde con mas asiduidad se reparten degradantes sinecuras en voz baja, sin que, no sin vergüenza ajena, -liporía-, nos atrevamos a preguntar a los críticos donde esta su sindéresis, o lo que es lo mismo, su capacidad para juzgar con rigor y acierto el trabajo de los demás.
Es decir, cada uno de los escritos que caen en sus manos y que, mediante el debido análisis de sus páginas avisan al lector de su contenido, para que a la vista de él, estos, aflojen los dineros que les cuesta o puedan retraerse de la compra. Hacer de esta función básica dejación, no es otra cosa que, o falta de preparación, que también de esta fruta tenemos en abundancia en la viña del Señor, o lo que es mas grave, el infamante plato de lentejas por el cual nos vendemos. (Las lentejas, en estos tiempos, son viandas servidas sobre mejores y mas valiosos cubiertos que aquellos que fueron utilizados para comprar la primogenitura de Esaú, devorado por el hambre y su voluntad quebradiza).

No estamos, en modo alguno en contra de los premios. Las distinciones sirven, entre otras muchas razones y posiblemente las primeras, para encontrar valores jóvenes que sin esta causa les sería muy difícil de aflorar. Ahora bien, de aquí a hacer de ellas patio de Monipodio, donde todo valga con tal de que el engendro envuelto en miseria sea el nivel mas alto que se tenga que saltar, va un trecho demasiadas veces permitido, cuando no jaleado por editores poco escrupulosos y público cada vez mas amplio, malformado.

Esperemos el milagrito del deseado cambio.

LA SOLEDAD EN COMPAÑÍA

Posteado por José Luis Martín | General | Jueves 22 Abril 2010 16:55

 

Cuando el señor marqués de La Politono, próximo a la vejez, puso en venta su castillo, lo hizo con tal desprendimiento que mil personas se acercaron hasta él para comprárselo.

Viendo el noble tal número de aspirantes como se habían dado cita en la puerta principal de lo que era su casa, pensó, no sin razón, que algo que a él se le había pasado por alto, era visto por los demás de forma diferente, al menos con otra perspectiva y lo que era más preocupante, con intereses que a él, en esta hora, no le constaban.

Merced a esta razón, pues con frecuencia se la repetía ¿qué era aquello tan importante que a él no se le había dado ver? Así preguntó al primero de los compradores:

 

- ¡Señor!, ¿qué ve usted en el castillo para haberle movido la voluntad y arrastrarle hasta aquí para comprarle?

 

El preguntado respondió:

 

- Yo, particularmente nada, yo soy un mandado. Vengo como empleado de mi inmobiliaria para tentar el negocio. Es muy posible que mi empresa quiera desmantelar el castillo, dejando acaso la torre del Homenaje por aquello de atraer a las gentes como reclamo exótico y que construya a su alrededor mil pisos para poderlos vender al mejor postor.

 

Obviamente esta razón tan llana no satisfizo al señor marqués. Por eso siguió preguntando hasta que encontró a don Tarsicio, recién jubilado, con un magnífico piso próximo a donde tuvo siempre el trabajo, en medio de la ciudad, claro, en aquel meollo más poblado que le respondió:

 

- Mire usted, marqués, no es que yo esté a disgusto en mi casa, pero si hecho en falta asomarme por las ventanas, las terrazas o los torreones que usted tiene y poder al tiempo contemplar el río, el bosque y la montaña. Sacar mi mano y tocar la lluvia, el sol, el calor o el frío, ver la puesta del astro rey mientras leo un libro o miro a la lejanía y me pierdo en mil divagaciones. Ver a distancia el pueblo cercano con sus luces en la noche, ver la ciudad con su resplandor en lontananza. La paz, la quietud, el trino de los pájaros, todo el sosiego que emanan estos lugares, esas plumas que al corazón llegan para sutilmente acariciarlo

 

Y observando que el señor marqués, como ido, miraba al cielo o una nube con forma de ángel que por allí pasaba, pasando su mano por delante de los ojos que habían dejado de ver, ensimismados, posiblemente en cuanto estaba escuchando, le añadió:

 

- Si quiere, señor marqués, puedo seguir desgranando los motivos que ve han impulsado en venir hasta aquí para comprarle su casa.

 

Don Luis, que así se llamaba el de Politono, una vez que bajó de la nube donde se había dejado prender, le alabó la idea y aún le exhortó a que continuara. Le dijo:

 

- Continúe usted si es de su agrado.

 

Entonces el recién jubilado le repitió lo mucho que añoraba el canto de los pájaros que se filtraba por la ventana de su dormitorio cuando así lo disfrutó de pequeño, que el aire, el sol, la lluvia pudieran de nuevo ser tocados con sólo extender la mano para que el milagro se produjera. Dijo también que la soledad era el más bello de los entretenimientos cuando te sabes ocupado por el corazón y la cabeza y alguien te espera en la habitación de al lado.

Tantas cosas bellas le contó durante aquella mañana y las muchas siguientes que siguieron durante tantos años a esta, que el señor de Politono quitó el cartel con el anuncio de que se vendía su castillo y desde entonces, los dos hombres, disfrutan en compañía de su propia soledad.

 

                                                           

TÚ y LA i

Posteado por José Luis Martín | General | Martes 16 Marzo 2010 16:45

 

 

Miré tus ojos

y en ellos vi,

un mar inmenso,

lleno de añil.

 

Anda tú cuerpo,

pleno de vida.

Suena el aire,

como una lira.

 

Dime si pensaste,

un rato en mí,

me llena de orgullo,

creerlo así.

 

Besé tus manos,

toqué tus labios,

en ellos puse,

mi devenir.

 

Corrí poseso,

detrás de ti,

te di alcance,

llegando el fin.

 

Cierro capítulo,

diciendo sí,

a todo cuanto,

escribo aquí.

NUEVO CAPITULO

Posteado por José Luis Martín | General | Sábado 6 Febrero 2010 16:39

Cuando al decimotercer conde de Alarma Real, don Juan de la Cruz y Gutiérrez del Amo, su administrador le mostró la pistola, el último y fatal signo de que su fortuna había tocado fondo, en vez de coger el arma y llevarse el cañón a la sien, tal como tiempos atrás aseguró que haría si llegaba el momento, pidió trabajo en el recién inaugurado Parador Nacional, su antiguo castillo.

Quienes saben de sus pasadas grandezas le señalan con el dedo y le tachan de indigno, arrojándole a la cara el hecho de no haber cumplido con su palabra.

El ex conde de Alarma Real, hoy el solícito camarero Juan Cruz, lejos de enfadarse con los agravios, intenta hacérselos perdonar diciéndoles: “La vida está por encima de cualquier capricho de juventud. No podemos ser reos de nuestras palabras, más si cabe cuando estas fueron pronunciadas en momentos de clara ofuscación y sin tener en cuenta que la existencia cambia y con ella el modo de pensar. El sentido común nace con el hombre y le vence en su arrogancia”.

Y el camarero terminaba diciendo que “todos los minutos de la vida, ahora lo se, me enseñaron a vivir, de aquí mi rectificación”

Related Posts with Thumbnails
soccerine Wordpress Theme