Disquisiciones | Poemas y fábulas


ASUNCIÓN QUE ESTÁS EN LOS CIELOS

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Martes 20 Abril 2010 17:08

 

En contra de lo que se pueda creer, chocando sí, de bruces contra lo que falsamente conceptuamos moralidad, doña Asunción Candela –nombre y apellido eran ya una premonición- cuando llegó al cielo, en edad avanzada y como consecuencia de cruzar indebidamente una calle por el sitio donde no existía un paso de peatones, nadie la reprochó por su desmedido celo en su labor de satisfacer al sexo contrario, a la vez que lo hacia con el propio.

Ni siquiera fue llamada al orden, ni nadie allí arriba le tuvo en cuenta algunos devaneos, conceptuados duramente de erróneos y contra natura, cuando tales expansiones las mantuvo con personas de su mismo sexo.

Su temor al fin se desvaneció, pues aún no llevando en el corazón la culpa, se veía acusada por la sociedad y sus reglas, las que edificaban pecado cuando exclusivamente se trataba de amar. Temía no ser comprendida en toda su extensión y en su generosidad, pues a nadie se había uncido en la tierra y por tanto a nadie le debía respeto en tales temas.

 

- De haber sabido antes la resolución que se iba a dar a mi vida en el cielo, -dijo-  el talante mantenido en nuestro mundo, aunque para mi siempre fue el idóneo, cuando no bueno y hasta excelente, si cabe lo hubiera vivido con más alegría. La sonrisa que algunos quisieron borrarme de mi boca, -añadió- en ningún instante hubiera desaparecido de ella. La alegría es el primero de los preceptos que estamos obligados a cumplir.

 

El segundo de estos preceptos, diría, ya en compañía de algunos de los santos varones que la precedieron en el óbito y la amaron en vida, es sin duda alguna el amor a todos y cada uno de los seres humanos, a todos y cada uno de los animales que nada oponen a ser queridos, a todas las cosas susceptibles de ser amadas. Amar al prójimo por encima de sus vestiduras, que las únicas diferencias que admitió radicaron  en según y como estuvieran de dispuestos o no, a aquello que por dentro nos mueve, sin nuestra voluntad, para poder escoger.

LA GARRAPATA DE FEDERICO

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Miércoles 14 Abril 2010 16:02

 

 

El mal a Federico Manso se le alojó, salva sea la parte, ya saben, por aquello que el escrito pudieran ser leído o escuchado por aquellos a los que aún la vida no les ha dejado desarrollar el nervio pudendo.

 Dicho inconveniente curso con tal virulencia, así lo afirmó el interesado, que ya lo podían advertir hasta quienes legos en la materia, estaban muy lejos de saber la génesis del feroz achaque, pues con solo mirarlo, bastaba para advertir su importancia.

Una vez recuperado, que fue visto y no visto, contaba Federico del doctor que le había operado lenguas y no acababa. La operación, realizada de urgencia, fue llevada a cabo sobre la misma camilla donde don Restituto Rostribañez investigaba el parecido mal, en la ingle del perro que a consulta había llevado el joven.

Le dijo, viendo como rascaba el prurito sin guardarse de la enfermera:

 

- Valor, muchacho, que aquí no pasa nada.

 

Y en diciendo esto se puso manos a la obra y diez segundos después estaba el bueno de Federico tumbado donde el perro y quince después radiante y como nuevo.

De aquí que el paciente dijera que fue un médico excelente, siendo como era veterinario, que no solo empleó una depurada técnica en la operación incruenta, si no que también le inoculó tal dosis de fe, que con ella consiguió el milagro de una curación definitiva, cuando bien pensó que le habían llegado las diez de últimas, tal era la quemazón.

Aquí fue cuando intervino la auxiliar ayudante que, para mayor INRI, pertenecía al círculo de amigos de Federico y quien, sin dejar de reír, puntualizaba que, mientras le subían a la camilla, ya habían fumigado al perro, su dueño perdió el conocimiento, no sin antes clamar al cielo y a todos los santos benditos por tener que perder la vida en plena juventud, a dos días escasos de ser un hombre casado.  

Aún continuó narrando la enfermera amiga, atropellada cuando no muerta de risa, que cuando no se doblaba por la cintura, se retorcía las tripas, mientras daba cuenta de puntuales y escabrosos detalles de tal peripecia y aún algún que otro grito desgarrador, como se supone que debe ser el que emita el condenado a muerte, y que era traducción del miedo que embargaba al pobre Federico Manso.

La novia del muchacho, que en este tiempo se incorporaba al jolgorio, preguntó, sin saber de la misa la media, de quien se trataba, el sujeto que tanto les hacia reír y que era en realidad lo que le había ocurrido.

Lejos de aclarar la identidad del afectad respondió la amiga:

 

- Nada, hermana, una garrapata que buscó refugio, todo ello para mitigar su hambre, allí donde la sangre adquiere más calor en los seres humanos y supongo en todos los demás. En ocasiones, si dan con un puritano, uno de esos pirados que ven enfermedades y muerte por doquier, adquieren la categoría de tragedia.

 

 

                                                     

LA MUJER SIN NOMBRE

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Lunes 29 Marzo 2010 15:13

 

 

          Buscando en el contenedor asió la mano de ella. Fadrique de la Bella Casa, levantó entonces los ojos y dejó por un instante de escudriñar el hambre que le roía las tripas. En aquel momento mágico, donde el sol se escondía entre arreboles de oro por el poniente de la vida, divisó, como una llamarada en un campo de trigo. Eras los ojos de ella.

Ardían sus pupilas tanto como su mano enfebrecida. Fadrique soltó entonces, sobre la palma de la mano vacía de aquella  mujer de frío y de fuego, el pan duro recién encontrado.

Aquella noche, recostados los dos en el contenedor vacío, ella acurrucó su cuerpo aterido sobre el pecho del hombre.

Fue, recuerda Fadrique cuando lo cuenta a otros mendigos, de todas las noches del año, la única velada que duró un suspiro, el único tiempo que le reconfortó el ánimo, el instante único donde sintió su coraje espoleado, haciéndole ver el futuro con la alegría del presente.

Más nunca Fadrique llegó a saber el nombre de ella. Acaso por eso la llamó Silencio, porque en él pudo escuchar en adelante su corazón olvidado. La llamó Vida, porque aún despidiéndose, le dejó su aliento. La llamó Amor, porque habiendo podido besar su cabeza, esta cayó, al fin exhausta, sobre su pecho.

Tantas veces la siguió llamando en la mañana, que de no haber volado la noche anterior rauda hacia las estrellas, hacia aquella que más lucia y que creyó escucharla llamar madre, sin duda se hubiera despertado.

 

 

EPILOGO

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Lunes 15 Marzo 2010 16:36

                                                                

 

          He cerrado tantos capítulos de la vida de los demás, que nada me extraña se estén escribiendo los últimos renglones del mío.

 

FOGONAZOS FOTOGRÁFICOS.

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Lunes 1 Marzo 2010 15:00

• La fotografía es el fragmento de una mirada.
• La fotografía es la memoria condensada de un instante.
• El Universo es un inmenso puzzle con el que construir una fotografía infinita.
• La suma de todas las fotos compendia el mundo y cuantos sucesos han ocurrido en él.
• La fotografía es la forma más hermosa de acotar la realidad que nos circunda.
• La fotografía es la parte de la mirada que hemos elegido a sabiendas.
• La fotografía es al arte, lo que la risa es a la salud.
• La fotografía es el descubrimiento que algunos les es imposible ver.
• Toda fotografía es igual al pasado próximo o remoto.
• La fotografía detiene un rayo de luz que transportaba una imagen.
• La vida en fotogramas es el compendio de una biografía.
• La suma de todos los fragmentos fotográficos nos haría parecernos a Dios.
• Una máquina fotográfica es la otra mitad de una vida.

• No es verdad que la fotografía robe el alma del fotografiado, parece ser que es una superstición sin fundamento, sólo la captura.

• Si cada pincelada conforma la realización de una pintura. Cada clip fotográfico construye una secuencia.

• Un libro de fotografías puede guardar en sus páginas mil novelas ejemplares.
• El arte fotográfico indica la manera de mirar que tiene el cerebro.
• El clip de un fotógrafo detiene a la muerte en un nonasegundo.
• El detalle de la realidad fotografiada es a nuestra visión lo que el átomo a la célula.
• Un acontecimiento, sin una fotografía, es una realidad mutable.
• Muchas veces, el valor real de una fotografía lo dice el tiempo.
• La manipulación fotográfica habla pestes de los seres humanos.
• La fotografía regala al hombre tantas vidas como este pueda vivir.

• Ver más allá de lo que muestra una imagen es haber hecho partícipe al cerebro de una inquietud.

• La fotografía nos permite, pasados los años y con una fidelidad que para sí la quisiera la memoria, reanudar los caminos de nuestros viajes.

• La fotografía nos hace avergonzarnos de la guerra que ayer creíamos indispensable.

• El ojo del fotógrafo debe de ser el estado de gracia del cerebro. Por más que aquí, también haya que hablar de casualidades.

• El álbum fotográfico es el desván donde se archivan los recuerdos clasificados uno a uno.

• La fotografía es la mitad del latido del corazón contenido en un clip y en el deseo transmitido por el cerebro.

• La fotografía es capaz de detener el tiempo y encerrarlo en una cartulina de papel.

• La fotografía supera al hombre porque no tuvo principio ni tampoco va a tener fin. El hombre sólo es eviterno.

• El hombre es el único animal de la Creación que puede desautorizar a una imagen. Pero una imagen puede desautorizar a un hombre.

DE LAS DISTINTAS ALEGRÍAS.

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Lunes 15 Febrero 2010 16:03

Contento, lo que se dice contento, nunca lo estuvo Calixto Gerundio. Su vida, por no haber sido un paradigma de felicidad, se le condensó en un gesto hosco y perdurable, nacido de contemplar la vida con desespero. Era, por demás, saturnino y propenso a la melancolía.

- Hasta el día, mire usted, que se produjo el milagro en sus propias carnes. El instante en el cual, la diosa Fortuna le sedujo con la varíta mágica de la suerte.
- ¿Le tocó la lotería?
- Mucho más, señor. Mucho más que el vil dinero.
- Le acertó un milagro.
- Tibio, tibio, aunque la aproximación es real. Le amparó un sueño que pronto se le hizo realidad,
- ¡Coño, quiere usted decirnos que fue de una puñetera vez, que nos tiene en ascuas!
- Escuchen. Una noche, en sueños, aunque creyó estar despierto, y en la cresta de una montaña, a Calixto Gerundio se le apareció el signo del Crismón dibujado entre dos estrellas.
- ¡Oiga!, ¿se puede saber que signo es ese?
- El signo de los vencedores. El mismo que al gran Constantino, el emperador romano vio antes de vencer a Majencio en la batalla que después iban a disputar sobre el puente de Milvio.
- ¿Nos vamos a quedar sin saber cual era el signo?
- Las letras XP.
- Y Calixto, después de semejante visión, ¿Cuál fue la batalla en la que termino vencedor?
- No, no señor, no hubo batalla, le paso a explicar.

Y el intérprete de recónditos sueños narró, a cuantos tuvieron la paciencia de escucharle, que este atribulado hombre, a la mañana siguiente, cuando levantado se pasó por la farmacia de Rico para comprar diez pastillas iguales para diez dolores diferentes que en el cuerpo llevaba, se vio premiado por unos laboratorios que, gratificaban su fidelidad con una participación el Proyecto Genoma, un estudio pormenorizado de cuantas enfermedades tendría en el futuro o bien una segunda opción…

- ¿Prácticamente le aseguraban la inmortalidad? –le interrumpió uno de los escuchantes.
- Si, así es.
- ¿Cuál era la segunda opción?
- Una sepultura perpetua en el cementerio por el escogido.
- No parece que haya duda en la elección. ¿Cuál fue la respuesta del hombre.
- Escogió la sepultura perpetua, para ello dijo, mientras daba los primeros martillazos sobre las tablas que conformarían su ataúd y con una sonrisa que le llenaba la cara de oreja a oreja: “más vale vivir descansado por toda la eternidad que cuatro días más aquí intranquilo”.

FINAL EN ROJO

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Martes 26 Enero 2010 11:22

Puntualmente, Federico de los Lampones escribió un somero resumen de las muchas cosas que había hecho en el día. La costumbre, comenzada como pasatiempos a los quince años, se convirtió en necesidad perentoria a la que no pudo sustraerse.

De madrugada, cuando regresaba a su casa, escribía los datos que conformaban su biografía cada veinticuatro horas. Lo hacía sin olvidar detalle, sin coartarse un ápice en reseñar lo malo. Ni siquiera esconder uno sólo de los hechos acontecidos, por más que estos no sirvieran para exaltar su figura, que era Federico, en este punto, afecto a la verdad.

Fue su existencia trepidante, más rápida que el expreso de media noche. Exenta de normalidad donde el sentido común brillaba por su ausencia. Un torbellino de locura se había apoderado de ella, que no respetaba lo prohibido, ni reconocía veto ni traba a sus deseos desordenados.

Con este vivir sin vivir en sí, Federico de los Lampones no tuvo nunca tiempo de repasar, aunque sólo fuera una vez, lo anotado. Se decía sin muchas esperanzas que, en el tiempo de asentar la cabeza podría releer el caudal de letras, pensamientos vertidos y hechos atesorados en aquellas agendas de rígidas tapas negras.

A los y treinta años, quince llevaba escribiendo sus memorias – posiblemente en un momento de cansancio al ver su existencia despilfarrada – abrió la primera de estas agendas, de negras tapas de piel de cabritilla. Pero, ¡oh! sorpresa, allí, debajo de cada fecha – lo único apuntado por su mano – no había una sola línea escrita. Miró sorprendido las restantes agendas encontrando, como la primera, que todas estaban en blanco. Había contado Federico sus recuerdos, los datos que conformarían su biografía, el manantial de sus memorias y el papel le devolvía airado sus hojas inmaculadas.

Aquel hombre, asustado sin duda, pero sin salirse un ápice del curso de su vida anterior, desesperadamente puso en la postrera agenda, el punto final en rojo.

EL HOMBRE IMPERFECTO.

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Viernes 15 Enero 2010 17:38

Sentado en el triclinio, Lucio Anneo mira distraído la primavera. Incomprensiblemente y sin previo aviso que le alerte, se llena de ira. El filósofo confundido culpa de la situación a los escondidos humores de su cuerpo; acaso a la mariposa, que atrevida roza con sus alas la sutil cortina de la ventana; posiblemente – se dice – al rojo color de la amapola que escondida, crece entre las zarzas de la rosa.
No pudo, cuando quiso, recobrar la respiración que le faltaba. La hidra, nacida de un desconocido ayuntamiento, de furia se lo impedía. Boqueando como pez sin agua trataba de tomar aire, la absurda rabia le hurtaba la serenidad precisa y la cólera equívoca, como si fuera guiñol desbaratado de feria, le zarandeaba cruelmente.
Fue lucha feroz e intestina, apenas la batalla de un instante, el tiempo sin embargo suficiente para que Lucio Anneo Séneca hiciera pedazos la soberbia escondida y, en la alegría que produce el triunfo, le creciera a borbotones el conocimiento.

EL PASO DE CEBRA

Posteado por José Luis Martín | Disquisiciones | Martes 5 Enero 2010 17:34

Cruzando un paso de cebra, lo que son las cosas, lo que es la vida, me asaltó un pensamiento tan rocambolesco sobre la mujer, tan complicado y complejo, que de no haber llegado raudo a la otra acera, a buen seguro que me hubiera disturbado la existencia.

Hete aquí, me dije y pensé, el por qué los pasos de cebra son tan insignificantes.

Related Posts with Thumbnails
soccerine Wordpress Theme