Ensayos | Poemas y fábulas


ARDIENTE CURIOSIDAD

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Domingo 22 Agosto 2010 17:29

 

Adornado, decían de Pancracio, que estaba de virtudes lleno, cuando no rebosante. Y no debía de ser la afirmación mentira ni aún exageración cuando nadie, que se sepa, al menos la Humanidad por él reconocida, podía decir algo malo de él, cuanto más avieso de su persona.

Era pues paradigma, tanto del buen pasar como del buen hacer, así como de verse florido y hermoso, como espiga en campo de trigo dorado, que era el mancebo espigado y de buen ver, cuando no de bonita estampa.

Así, hasta que un día le dejó de funcionar la chaveta, esto al menos decían los más, que los menos afirmaban que no todo en el mecanismo perfecto le funcionaba ya, que su cuerpo había pasado de nota excelente a sobresaliente raspado.

Esta y no otra debió ser la razón por la que Pancracio olvidó vivir y clamando por una curiosidad hasta entonces no observada, llamó a la muerte con tal ímpetu, que se dejó morir.

Hoy, más que ayer, después de lo sucedido, puede comprobarse que hay curiosidades en la vida que matan.

No obstante, no le debió ir mal en el más allá, que al menos en el tiempo del velatorio nada dijo y aún menos desde que está enterrado.

De ser lo contrario, pundonoroso que el era, ya lo hubiera hecho notar.

                

                                                  

LA EXPLOSIÓN MILAGROSA

Posteado por Atala Martín | Ensayos | Jueves 15 Julio 2010 19:00

Guachamino, cuando se proclamaba luchador por la libertad lo hacía con tal énfasis que el pecho se le hinchaba, movía como aspas de molino los brazos y empastaba la voz de por sí ronca sin dejar de gritar. Explicaba sus claros ideales de forma turbia y enrevesada y sus deseos más oscuros de forma clara y meridiana. Guachamino, antiguo seminarista, era en realidad un terrorista de tres al cuarto, sin Dios, sin Patria y sin Rey, temeroso sin embargo y sin explicación, de la sangre que tan impunemente derramaba.

Para no sentir el miedo cerca, ni la sangre derramada alrededor, mataba a distancia, haciendo bombones de dinamita, trenes y coches de trilita y en Navidad, espléndidos belenes de clorita. Allí, sobre su mesa de trabajo impecable creaba sus ideales para destruir las esperanzas del mundo. El antiguo seminarista manejaba los explosivos con extrema facilidad, con avezada maestría, sus manos expertas conjugaban los artilugios del demonio y los convertía en atrayentes golosinas, mil juguetes y un Belén con el Niño Jesús en el regazo de su Madre.
Aquella tarde, cuando tenía el honor de ser visitado por la plana mayor de los idealistas de su banda, les enseñó orgulloso uno de los “Niños Jesús” recién terminado, desnudo y en su cuna, todo él de trinotolueno sonrojado.
La desnudez de la figura sirvió de chanza y sus pobres atributos de “niño” nacido en un portal helado de escarnio, que las risotadas volaban como palomas atrapadas en un tugurio lóbrego lleno de borrachos hediondos.

- ¿ Adónde pusiste la mecha al “niño” que le quiero ver explotar? – preguntó entre risas a Guachamino su jefe natural.
- ¡Adónde puede estar – contesto éste – allí donde se lo imagina, mi querido amigo!
- Pues no por ello deja de ser usted un guarro, pero dígame, ¿cuál es el tiempo que ha dado al temporizador para que explote?
- Aún no está programado.
- ¿ Quiere decir que en este momento es imposible que explote la carga?
- Imposible no, pero tan difícil como que se junte el báculo de San José con los atributos de su hijo. – explicaba Guachamino a los reunidos, al tiempo que su jefe, peligrosamente inclinado sobre el Belén, con el codo desprendiera del barón justo su bastón y al pobre Gauchamino, cogido de espanto, imposible de procesar la hecatombe que se le venía encima, no le diera tiempo a terminar la explicación y mucho menos a impedir que el circulo que produce la deflagración se cierre y con él, el horrísono estallido retumbe como solitario trueno en el silencio de la noche.

El Belén entero, como encendida antorcha, subía por los aires al tiempo de desplomarse el infesto habitáculo y con él, los hombres allí reunidos, pasaron a la triste, negra historia de los terroristas necios. A la historia de la estupidez humana.

Biografía de un suicida: ¡VALIENTE GILIPOLLAS!

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Martes 13 Julio 2010 19:00

Constantino nació por casualidad. Su madre, Dorita Inmaculada, un día, a media mañana, se asomó a la puerta de su casa como Dios y doña Anunciación, la trajeron a este mundo.
En aquel preciso momento, pasaba por allí Robertito Engraciao, que viendo a Dorita en paños desnudos, no se atrevió a preguntarla con palabras por lo que, la inquirió con hechos y allí, en el umbral de la casa, se las apañó para con su colaboración, que la hubo, poner a la chica en situación de traer a este mundo a Constantino Engraciao Inmaculado.
Aunque del hecho se podía deducir otra cosa, la verdad era que Robertito era frío como escarpia arrancada del hielo de una nevera o el tirador de cabeza de perro de una puerta de portal regio. No obstante, en aquel instante le dio un rapto, decía, o por ahí, y engendró sin premeditación.
Estas y otras circunstancias hicieron que Constantino el suicida que, a la edad de 32 años, después de andar por el mundo medio perdido, casi sordo y completamente lelo, se hiciera la gran pregunta: ¿Para que coños he venido yo a este mundo?
No es que fuera la interrogación hecha de repente, la primera vez fue durante el concurso oposición a vendedor de seguros. Tras este primer interrogatorio, hecho a si mismo, las preguntas transcendentes le llovieron como verdaderas cataratas caídas del cerebro. De todas ellas habría que destacar, por tener relación con la primera, aquella que formulaba así:

- ¿Verdaderamente me gusta ser vendedor de seguros?

Cada pregunta era un soliloquio, cada afirmación un dilema. Así llegó a la segunda gran pregunta: ¿Qué es la vida y si esta merece ser vivida? Visto que él no cantaba, ni daba patadas a un balón, ni tenía avión privado, ni siquiera yate y mucho menos salía en la televisión, aunque sólo fuera para precisar una ocurrencia o formular un deseo, se preguntó:

- ¿Quién soy yo? ¿Adónde voy?, si es que voy a algún sitio.

Y tras esto, levantó las pestañas, contempló el futuro y se dijo que la vida, ¿la vida?, la suya, era sólo de él. Para nada hizo caso, pues es seguro que no lo recordaba, las palabras de su padre, Robertito, que, el primer día que le vio, cuando ya había cumplido la veintena, le dijo, viéndole confundido, que la vida no era sino, el reflejo de cuanto a bien tienes que dar o restar, tal como se produce el eco. Si a él apelabas con la felicidad te devolverá alegrías sin cuento, si por el contrario gritas tu hastío, te regresará asco y cansancio.
Lejos pues de rememorar las palabras de su padre, Constantino, en los días siguientes vendió todas sus existencias, antes lo había hecho con los artilugios de pesca y, con todo el ahorro en la mano, se subió a la torre de San Severino, se sentó en el lugar que antes lo había ocupado una campana y desde aquella altura, primero tiro el dinero al viento y a continuación, como un pájaro que aprendiera a volar, al grito de: ¡la vida es mía!, se arrojó al vacío.
Había llegado a la conclusión final. ¿Si la vida era suya, sólo suya, no iba a esperar que nadie, ni la misma muerte, se la pudiera arrebatar?

LA BELLEZA QUE UNE A LAS ALMAS

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Lunes 5 Julio 2010 18:37

 

Cuando el jardinero descubrió que aquella flor, nacida en su jardín, era la más bella de todas cuantas había criado, la hizo suya pues se enamoró como un niño de ella y para siempre.

Fue un amor tan intenso, confesaría tiempo después, que de haber durado más de los cinco días que duró la flor sin marchitarse, hubiera dejado al amante jardinero sin el más leve hálito de vida.

Lo mismo le pasó al hombre que, paseando a la orilla de un arroyo próximo descubrió una amapola a punto de estallar en pétalos rojos. Claro que, esta flor apenas si duro más allá de un día. No obstante, fue el tiempo suficiente para que el paseante y el jardinero, cuando el sol se apagaba por poniente dibujando arreboles de oro, confluyeran mirando, entre lágrimas, cada uno a su flor que tan raudas se extinguían.

Aquellos dos hombres se encontraron y se reconocieron en sentimientos tan parecidos que, el uno al otro se borraron las lágrimas que de sus ojos fluían.

Hoy, los dos, cuidan con esmero el propio jardín, los dos riegan las plantas, los dos miman las flores que de ellas surgen y cuando en la tarde descansan, sentados en las hamacas del porche, hablan y se encandilan con la belleza obtenida.

 

- Siendo efímera la belleza, el recuerdo, sin embargo, se prolonga por toda la vida – dijo uno de ellos.

- Junto a la hermosura, no lo olvides, -respondió este- existe también la fragancia y aún por encima, el momento sutil en el que se nos permitió contemplar, con la alegría que alienta a nuestros corazones, su perfección.

 

 

                                                  

EL PASILLO DEL CONVENTO

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Jueves 1 Julio 2010 18:50

Sor Anunciación de los Santos Pastores, cada vez que tenía que cruzar el pasillo del convento, donde su vocación la había llevado, tomaba, al menos una hora, en meditar en todos y cada uno de los peligros que podrían suponerla aquellos mal contados cinco pasos. Durante este tiempo de reflexión profunda se daba a todos los santos y curia celestial, para ser preservada de cualquier contingencia en la travesía.

Esta monja, decían las hermanas en el claustro sin apenas extrañarse, tenía por su esclarecidas virtudes, línea directa con San Cristobal, el patrón de los conductores distraídos, así como con su hermana muerta, cincuenta años antes en un paso de cebra perfectamente señalizado.

Merced a esta costumbre, de tan elevados fundamentos, no se tienen, que al menos a esta hora sepamos, noticias de ningún accidente en el pasillo nombrado.

DESIDERÁTUM

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Martes 15 Junio 2010 18:57

             

               

 

Te quiero tanto, Pascuala,

que de ser el amor un río,

los truenos de las tormentas,

me suenan a cantos de grillo,

y es por eso que pido yo al Creador,

que los atributos que llevas,

propios de los de tú rito,

lindos por ser los mostraras,

los exhibieras como cuadro que pintaras

igual que se restaura un vidrio,

tal se come el hambriento una fabada,

por no poner la paella,

en detrimento de la cocina asturiana.

 

Ay Pascuala de mi vida,

ay el tormento de mi alma,

cuando yo esta noche te vea,

te cantaré una romanza,

la única que me sé,

esa que yo me inventara,

para ponerte en las nubes,

para adorarte sin lágrimas.

 

Pascualina, todo mi amor,

enrollado te lo llevas,

que nada hay mejor,

cuando se quiere de veras,

que mirarla disfrutando,

como se cosechan naranjas,

en cestos y canastillos,

donde refugiar el ánima,

igual que se cazan murciélagos,

cegados por la deslumbrante luz del alba.

 

Al igual que los podencos,

compiten por las sabanas,

todo redunda y conforma,

ay Pascualina, mi alma

en grandes risas sin lloros,

en besos y carcajadas,

pues no existe felicidad,

ni corazón que no ría

sino se le lleva embridado,

desde el pesebre a la cama,

pues para ser delicados,

graciosillos con las damas,

basta con tres finuras,

galanteos por las ramas,

pues todo lo que yo te diga,

lo llevo grabado en la palma,

la mano con la que acaricio,

tú piel de nácar,

los ojos de viva luz,

los labios tintos de azul,

de los besos prometidos,

en las noches que volando,

te espero sin dormir,

o dormido y despierto,

me acuesto pensando en ti,

y en la mañana amanezco,

como si fuera la última,

la vez, que contigo fui.

 

                                 

ESTAR EN PRÁCTICAS.

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Viernes 21 Mayo 2010 18:35

Cuando cometo un dislate, con frecuencia, un error o un disparate, no exento de equivocación humana, el compendio de todas ellas me justifican cuando digo, porque es la verdad, que yo, aquí, en este mundo, por estar de paso estoy en prácticas.

¿Usted no? Acaso se considera que cuanto sabe le es suficiente, que cualquier cosa alcanza, sólo basta proponérselo, que está sobrado de cara al mañana por lo bien que lo hizo ayer? Yo, tengo que confesarlo, no, yo, le repito, estoy aquí de prácticas.

Tampoco seré quien acuse a mi vecino, prójimo cercano o muy lejos de mi mirada, de otra cosa que no sea soberbia. Esa capacidad insana que nos hace elevarnos, sin mayores fundamentos, pues las bases por no ser precisamente sólidas, se resquebrajan cuando queremos ponernos por encima de los demás.

Los ilusos – ¿acaso hay un panteón distinto para ellos, un hoyo desigual al del resto?- son aquellos que levantan las cejas para no advertir que nos han mirado y que bajan los hombros para ignorarnos. Son todos aquellos que nacidos como los demás, creen respirar aires más puros y así poder mirar la vida como la suma de sus importancias y el devenir, nuestro mañana oscurecido por la distancia y por el horizonte que se cierra en el infinito, como su resurrección.

Nadie, ni siquiera aquel que se cree es el más sabio, podría explicarnos un solo ápice de mi historia, aunque previamente yo se la hubiera contado.

Para justificar el maremagno de cosas que somos y que no llegamos del todo a entender, ponemos el pie en el pedal que echa a andar la vida y así, en tal equilibrio nos sostenemos hasta que, igual de incomprensible, nos visita la nada.

Si, estoy en prácticas, por eso quiero que mis pecados, sin necesidad de que nadie me absuelva de ellos, me sean perdonados. No hay que olvidar que yo, aquí, sigo en prácticas.

CARTA A MANUEL

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Jueves 20 Mayo 2010 18:12

Doña Constanza me contó que Manuel, su marido, murió porque no tuvo arrestos para enfrentarse a una, creyó, insuperable desgracia. Después, ironías de la vida, el tiempo contradijo lo creído y convirtió lo insufrible, primero en sólo adversidad relativa y después, en una forma incomprensible de felicidad humana. “Nunca,- me confesó tan valiente mujer- sabría que de él, de nuestro hijo singular, he recibido en este mundo la mayor y la más intensa de las compensaciones.

- Si mi marido –añadió- hubiera perseverado, en vez de venirse abajo como árbol seco que cae al suelo, abatido por la inclemencias del tiempo, hubiera luchado en pos de superar el sino adverso de nuestro hijo con síndrome de Down, también él hubiera podido sentir sobre su corazón la paz que emanaba de su presencia.

Para explicarlo, lo que no entendió su marido, le escribió una carta de la que me he atrevido a sacar el siguiente párrafo:

Dice así: “Cierto es que la mayor parte de las veces sus palabras carecen de sentido, la luz no se hace en su cerebro, pero no siendo ciego, basta mirar sus ojos para saber lo que está tratando de decirte. De ellos aprendí a saber que, nada hay en la vida más importante que sembrar amor en los corazones del prójimo, cuanto mas das, más cantidad recibes. Por eso, nadie que le conoce ha dejado de quererle”.

TIEMPOS, ACTUACIONES, SUEÑOS, REPUTACIONES, PÁJAROS

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Martes 18 Mayo 2010 18:38

DE TIEMPOS

Repetí tanto la caricatura de mi mismo, que sin darme cuenta, fotografié mi rostro en cada una de las etapas de mi vida.

DE ACTUACIONES

Tras la cirugía, que había borrado las arrugas de su rostro, aquel hombre inútilmente pensó que, igualmente, habían desaparecido algunas de las actuaciones que constaban en su currículum.

DE SUEÑOS

Cuando aprendió a soñar fue entonces cuando supo que, para correr con mayor velocidad, no le hacían falta las piernas.

DE REPUTACIONES

Desiré quiso vengarse de su madre cuando reveló que era ella, quien le había traído a este mundo.

DE PÁJAROS

Cuando comprendió que tanto el canto del mirlo como el del gorrión, les servían para lo mismo, cejó en sus inútiles comparaciones.

Por José Luis Martin

PECADOS MILAGROSOS: CUIDADOS PALIATIVOS

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Lunes 10 Mayo 2010 17:32

 

De Protasio Casindón de la Buena Mesa, decían cuantos médicos le habían atendido que moriría inmerso en su gordura y al tiempo, sumido en sus reiteradas faltas de distracción.

Nada, desde la cama donde mataba las horas, absolutamente nada ocupaba su mente. Y cuando sus pensamientos le afloraban, eran igual y rápidamente ahogados en su exceso de humanidad.

Cúspide de Casindón, su esposa, viéndole vivir sin vivir en él, encarecidamente rogó a todos los santos por la curación de Protasio, un Protasio hecho carne en medio de las sábanas, metido en el hondón de la cama.

Empero, encontró pronta respuesta doña Cúspide en la persona de sor Virginia de las Apariciones, una monja que, angustiada por la angustia vista, sin saber como encontrar una forma ayudarla, se ofreció, no obstante, como remedio.

En la primera visita que hizo al enfermo, la monja se arrodillo junto a la cama donde Protasio respiraba. Apoyó los codos sobre la colcha roja y acto seguido se recogió en lo que parecía ser un profundo éxtasis.

Cinco minutos después y durante algunas horas, días acaso, aquel hombre, medio ahogado en su pereza y en sus abundantes carnes, resucitó como si sobre él se hubiera obrado un milagro.

Por siete ocasiones más, sor Virginia de las Apariciones impuso sobre el cuerpo del enfermo impío, sus manos. Siete veces en las que, el aspirante a muerto, volvió a la vida.

 

- ¡Oiga! ¿Y eso no es pecado?

- Si se hace por amor a Dios, no.

 

                                                      

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