Poesías | Poemas y fábulas


UN SUEÑO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Lunes 16 Agosto 2010 18:19

Porque soy sombra,
aire y silencio,
nube sin forma,
en el horizonte varada.

Porque soy camino,
de otros caminos anclada.
Manantial sin agua,
sediento de lágrimas.

Porque soy túnel,
subterráneo de la distancia.
Caverna gigante,
en la sima del alma.

Porque soy mariposa
en la zarza posada,
libélula de colores,
en el azul dibujada.

Porque soy lluvia,
viento y escarcha.
Frío de la noche
que encoge el ánima.

Porque soy boca de risa
alegre y confiada.
Porque quiero ser de todas tus cosas,
ave que picotee con su canto el habla.

Porque quiero ser gozoso navegante,
aquel que mil rutas trace sobre tu piel tronante.
Que quiero ser yo un sueño, el sueño,
aquel que la alborada despierta al caminante.

SILENCIO. ES MI MADRE

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Lunes 9 Agosto 2010 14:56

El milagro de mis días,
la primera risa de mis horas,
el iris ensueño de un infante,
la alegría de un adolescente.

Silencio. Es mi madre.

La que acuna entre sus manos
mi cabeza atormentada,
la que mece entre sus brazos,
mi roto corazón angustiado.

Silencio. Es mi madre.

Calle el ruido. Venza el amor,
la dulce esperanza de mis sueños
la fuerza irresistible que repara la inquietud,
el alborotado trino de mis noches.

Silencio. Es mi madre.

El recuerdo que acaricia mi cabeza,
que me besa los dedos uno a uno,
la que arroja de mi la tristeza,
la que disipa el miedo de mis sombras.

Silencio. Es mi madre.

De añorarla tanto me duele el alma,
y mis sienes palpitan con sus besos,
remembranza evocada y no perdida,
del espejo donde feliz guardo su memoria.

Silencio, es mi madre.

Un recodo me falta para verla,
un segundo en la memoria del tiempo,
la eternidad de un reencuentro,
la realidad de lo desconocido.

Silencio. Es mi madre.

Y la veo y se me acerca.
A besarme la frente,
como ayer, como siempre,
como el hoy presente.

Silencio. Estoy con mi madre.

A mi madre, Elisa

CON SED Y SIN ALIENTO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Sábado 7 Agosto 2010 14:11

              

Tejiendo ando y espero,

ya sin tiempo y sin la mente,

que todo es lamento y rabia,

volver sin esperanzas muero

 

Castigo me dio el cielo, la vida,

de estrellas en la noche sembrada,

porque sin alcanzarlas puedo,

de desolación el alma ocupada.

 

Si llorando a gritos no escuchan,

quienes de loco demente me tachan,

todos ignoran sin conocerme,

el dolor del silencio que traspasa.

 

Levántame, enflaquecido el ánimo,

sube mi liviana carga,

viajarás con la sombra del hombre

cosida a tu espalda.

 

Se despiden las gentes y se van,

con los gestos de las manos, sin palabras,

aves que ligeras cruzan el aire,

haciendo tumba de los cielos su morada.

 

Con sed y sin aliento,

perdida en la maraña la existencia,

así me encuentro. Dormido.

Letargo, la noche callada en su desván me tiende.

 

                                                                      

CONTICINIO: LA HORA DEL SILENCIO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Jueves 5 Agosto 2010 12:14

No me empujéis contra las breñas,
dejadme recorrer el camino que pisar puedo.
Soy de este tierra calma y tranquila
y quiero vivir en la paz de mi alma.

Rosario ¡ven aquí!, alumbra a tu padre.
levanta de una vez el farol para que vea.
Vamos, no te hagas de rogar, criatura,
sube un poco más arriba el brazo que mis ojos,
en la distancia o en el futuro, se disparan.

Huele a matojos el sendero, y las ranas,
¡hay las ranas del demonio!, croan como locas.
Las abubillas se callan y en silencio se quedan,
asustadas por el temor natural a lo desconocido.

¡Madre mía!. Ven a untarme el alma de amor,
que a borbotones me sangra la herida inexistente.
Aún ahora y siempre, echaré tus manos en falta,
aquellos dedos con los que ensortijabas mi pelo,
aquella sonrisa que de alegría inundaba tu cara.

Ayer soñé despierto y tuve tanto miedo,
miedo, sí, a quedarme para siempre en vela,
que llorando mi propia incomprensión me tendí,
cuan largo era, sobre el suelo duro de la realidad.

Llamo desesperadamente a mis hijos, ¡mis hijos!,
todos los hijos del mundo se han ido volando.
Raudos, amparados en su eterna juventud.
Me quedo tan cerca de ti, oliendo tu falda,
donde refugiaba mis frustraciones, que muchas veces,
cada vez más niño, sueño con tenerla y abrazarla.

Baja la lámpara, Rosario, ciega de una vez el fanal,
que para lo que yo lo quiero me bastan mis ojos ciegos.
Te tomo de la mano, para no tropezarme ni caerme,
y gustar así del calor de tu sangre que me hurtas insistentemente.

Al mirarme tan profundamente se me fueron los dolores,
debe ser el milagro de la imaginación desbordada
u otra cualquier cosa, a la que no hemos puesto nombre todavía.
Tú piel es el aliento de mi vida y tú existencia,
el pan del que, pedazo a pedazo, me alimento.

Madre, hija, mujer. Faros de día, luciérnagas de la noche.
Dedos y palmas con los que acariciar a todos los sentidos.
Mujeres las tres orientándome en la fatal encrucijada.
Mirad que me pierdo y ando a la deriva,
como aquel barco que, por ignorar la derrota,
perdió su navegar tragado por las aguas embravecidas

Abrirme el descanso en vuestros pechos diferentes,
quiero construir un refugio y esconderme,
cobijo en este trance, donde encontrar mi destino,
en el postrero trance de la vida confundido

MIRADA ABSORTA EN EL PASADO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Martes 20 Julio 2010 18:38

Resumo la vida en el tiempo de un instante,

ese tiempo que se encierra en un segundo,

dibujo apresurado de una sombra austera,

acaso un recuerdo, una borrosa ficción postrera.

 

Es la misma ilusión mil veces repetida,

un arco iris con los colores muertos,

el mar que se desborda en cataratas,

mientras la mirada queda absorta en el pasado.

 

El sueño plácido del niño que despierta,

convertido de súbito en un hombre,

perdido en la selva sin caminos,

ansiando el jardín que no encuentra.

 

Somos la llama de un suspiro,

la luz que camina por delante,

el mismo rayo lleno de esperanza,

que se esfuma tragado en la carrera.

 

Difícil es si el pensamiento se medita,

ser hoy sólo el reflejo del mañana,

mañana de ensoñación deformada,

de cuanto creímos ser en el pasado.

 

No abarques otros límites que te lleven,

más allá del aire que acaricia tu cabeza,

pues navegando en aguas cristalinas del presente,

sólo escucharas los ruidos del silencio ausente.

 

                                     

VALENTINA EN CUARTETOS

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Viernes 16 Julio 2010 18:55

Valentina, mi vecina,
se ha comprado un rocinante,
con él pasea por los prados,
como si fuera amazona andante.

Valentina es chiquitina,
regordeta y pizpireta,
sin que la voz le acompañe,
en sus cantos de marioneta.

Valentina, a los garbanzos,
los machaca con tesón,
y los vecinos le piden,
procura que en la siesta no.

Valentina se cansó,
de tanto esperar al Gaitero,
por eso al fin se casó,
sin esperar al herrero.

Valentina se lanzó,
la cuesta por el atajo,
en la mitad se paró,
para no llegar abajo.

RECUERDO A ÁLVAREZ LENCERO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Miércoles 14 Julio 2010 19:23

 

Abierto en canal, desportillado, con la sangre

de la amistad manando a borbotones,

me abrazaste, Lencero; el pecho desnudo y aterido,

para calentar de hermandad mi alma.

 

Irrumpiste tierno, trayendo de miel los ojos,

trasudando la bondad por tantos poros,

como la muerte, alfileres de lodo, corneaba tu cuerpo,

de basalto roto. Tú cuerpo, Lencero, piedra, tierra y oro.

 

¡Ay Lencero, amigo!, amigo de mi alma, hombre.

Hierro puro retorcido en soneto,

cantor hermano, hermano del mundo,

consumido en la frágil arquitectura de tus hueso.

 

Indago yo el descanso, ahora, en tu voz.

Alimento la carne en el banquete de tu espíritu,

mientras los recuerdos conciben a las lágrimas,

fundiéndolas en un desesperado grito de dolor.

 

Lencero del alma, alma de cristal transparente,

frente donde de amor nacieron las ideas,

sublime manantial, pródigo y derramado,

en el surco fecundo de la vida.

 

Acaricio tus sonetos y pongo tu hierro retorcido en mi sien.

Te amo hermano, claro y próximo, en la misma lejanía de la distancia.

Lloro tu muerte como muerte amiga y fatal,

mientras cierro la herida de mi dolor en el bálsamo de tu recuerdo.

 

                                                          

VOLANDO VAN CANCIONES Y AMORES: VOLANDO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Lunes 12 Julio 2010 17:03

               

 

Apenas si escribir sabia,

paparruchas y desconsuelos,

cuando cantó lo divino,

tras inspirarse en el cielo.

 

Así lo afirmó muy serio,

ante un público admirado,

el cantante que aplaudía,

para agradecer el halago.

 

Pronto llovieron canciones,

y con ellas, los regalos,

que el mundo, a sus pies rendía,

como si el cantante fuera,

el mismo Gabriel alado.

 

Mas lejos de abandonar,

la humildad que le es grata,

los trinos que tan bien compone,

el mismo, por su pié volvió,

al lugar donde nació.

 

Fue tanta su fama y gloria,

su trascendencia en la vida,

que resulta sorprendente,

que nadie se acuerde ahora,

del día que se despidió.

 

Por eso y no otra causa,

olvidó decir Felisa,

como conoció a Manuel,

cuando huyendo del barullo,

se encontraron en el Edén.

 

Aquí los tengo, en mi casa,

olvidados para siempre,

lejos de la vanidad,

más tan cerca el uno del otro,

que envidia producen,

cuando enamorados esparcen,

a dúo, sus canciones juntos.

 

 

                       

 

 

 

 

 

               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

               

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA VISITA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Jueves 8 Julio 2010 18:00

Pasad y sentaos, que es vuestra la casa,
acercad la silla a la mesa, si os place la pitanza.
Poned los pies sobre ella, si es vuestra gana,
que todos los días no recibo, a quien a la muerte encarna.

Descanse la hoz con la que se siega de raíz el habla,
deja en suspense la sangre y la guadaña,
permite que aún respire de recuerdos el alma,
del olivo joven donde abracé por igual el ansia y la nada.

De la muerte, ¿quién mejor que tú lo sabe?, nadie se escapa,
ni siquiera el monje que toca la campana,
tampoco el padre que bendice la mañana,
ni aún el hijo que sediento acaricia la luz del alba.

Advertí tú presencia cuando mudo me quedé sin palabras,
cuando de mi boca salían junto a las canciones, las lágrimas,
cuando mis labios quedaron sellados de risas y chanzas,
cuando ni siquiera mis ojos, encontraron luceros de escarcha.

Diluidos fueron los versos que al viento arrojaste,
los que nacen y crecen, sonetos de sangre,
los que te llevaste, estrofas, ripios y lápices,
la tinta y el mismo tintero, la inspiración y el aire

Ya tú esqueleto aterido de frío, como tu presencia blanca
se había filtrado ladrón por todos los resquicios,
por las paredes y las puertas, por las ventanas,
por las junturas que creíamos cerradas del alma

Acaso esperabas ser recibido de chirimías y danza,
de ruidos y tambores, de trompetas y gaitas,
como si no fueras música de infernal zarabanda,
de negros crespones, de triste son, bacanal y holganza.

Mal sorprendes al hombre en su eterno onírico sueño,
pues despiadado le rompes las coordenadas del baile,
mudándole a propósito el paso del ritmo que espera,
los trillados senderos de la imaginación y de la quimera.

Eres la conclusión del hombre en su materia,
ese punto final de las cosas que suponemos sin retorno,
el adiós inesperado de una tarde sin grandezas,
patético suspiro que se escapa de la boca abierta.

Borrarás de mi frente, ¡maldito!, la memoria,
quitarás la risa ruin de mis labios,
el pulso sonoro de mis brazos, lasos
el latido de mi corazón a la carrera.

Hacerme desaparecer como el agua de la noria,
como la sed sumida en el polvo seco del oasis,
como pálida flor ahogada entre brezales,
muerta amapola que deshoja el viento de la tarde.

Serás de mis ojos su postrera visión,
discutible el mérito que te cabe de la hazaña,
pues a pavesas reduces las ansias,
y a ceniza palpitante la respiración cansada.

Tú, que acompañas complacido mi miedo diario,
tú, que desgarras mis entrañas con uñas de orate,
convirtiendo mi corazón en cuerdas de guitarra,
mientras suena siniestra la postrera canción.

Atiza la lumbre y calienta los huesos,
esos blancos y mondos que enseñas bajo la saya.
Debes de tener frío por lo que tiritas,
acaso tiemblas evocando tú próxima infamia.

Vienes furtiva y callada a matar los recuerdos,
toda la riqueza que atesora el alma,
mensajero sin honra de fétido aliento,
triste vampiro sediento de la sangre helada.

Escogiste ladina entre la noche y el alba,
la raya que separa la luz de la sombra,
la línea sutil donde el hombre se encalla.
Acaso porque a esa hora, maldita la hora,
el hombre tiene dormida la guardia.

PALIDECEN LAS ROSAS DE AYER

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Martes 6 Julio 2010 18:44

 

Me enamoré de la rosa de tú corazón,

a medida que esta se fue marchitando,

palideciendo sus pétalos rojos,

desmoronándose tan bella flor,

todo mi ser se perdió hundido,

dentro de la desesperada abdicación.

 

Recuerdo y me complazco contigo,

como si nunca te hubieras marchado,

que solo la evocación me salva y me vale,

capaz de aliviar tan negro marasmo,

por eso ensueño del alma,

imaginación alegre de momentos perdidos,

te mimo, te beso y te quiero,

mientras rendido imploro tú ardiente oscuridad.

 

Confesé mi amor a gritos lleno,

cual poseso de un tesoro que tuviera,

ricas gemas y mejores diamantes,

granates, rubíes y brillantes,

de oro y plata las palmeras hechos.

 

Cargo ahora con la penitencia plena,

un universo encontrado sin respuestas,

mil preguntas y tantas interrogaciones,

que ahogado siempre en ellos,

ando por los caminos perdido,

como si de nuevo encontrarte,

factible fuera.

 

                                                           

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