Cuando de mí volaron las palabras,
aquellas que de amor inflamaban mi alma,
las que milagrosas me hacían volar como gorrión,
en la etérea nube de mis pensamientos.

Te fuiste por aquella sutil rendija,
en el muro infranqueable del olvido,
la que daba al mar proceloso sin calma,
la que a ráfagas de viento egoísta engullía,
aquella por la que desapareciste en angustioso día.

Desde entonces sin descanso te busco,
en todos y cada uno de los rincones del mundo,
en el viento huracanado que sopla en mis sueños,
que triste confieso que no vivo la vida,
que la vida me dijiste y bien lo recuerdo es amor,
llena de fines por los dos compartidos,
donde se encuentra y radica aquello que nos alegra,
el camino infinito que nos conduce al futuro si dolor.

Ayer, sí, es hoy y hoy, sí, es nunca,
de aquí que llore y broten las lágrimas de niño,
aprendo en esta infeliz coyuntura los rudimentos,
para volver temprano de donde feliz vine contento.

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