En viendo la Mancha,
grande y hermosa,
para mi coleto me dije:
esto no es, sino la Mota.

No me equivoqué.
Tras el borrón,
cuenta nueva y,
al fondo, la Iglesia de San Miguel.

Después del monumento,
el pórtico de Cerro Mingote
y alineados, siete molinos,
con sus aspas en imaginario movimiento

Entre medias La Cantarera,
la comida y Santa Rita,
y a los postres más de Cuenca.
Desde el florido balcón, miramos la Mancha, toda alrededor.

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