Antonio A, viene y me llora,
porque las uñas nunca, me dice,
le habían crecido como ahora,
yo le respondí con ironía agorera,
es la hora, la noticia certera,
que con más ansiedad, la humanidad espera.

Mi amigo Antonio se hizo cura,
para no casarse,
dice que es la costumbre,
aunque él no se suba, para no estrellarse.

Despachó tantos pecados,
que el brazo le duele,
con tres Padres Nuestros,
y cuatro Avemarías suele,
despejar las incógnitas,
de los fieles que vienen.

De tales idas y venidas,
de tales vueltas y revueltas,
le alcanzó el aciago destino,
de no saber quien era,
en el llamado paraíso terrestre,
debía ser su sino.

Ahora tiene miedo del tránsito
y todo lo deja al albur y a la suerte,
para no encontrarse perdido,
entre la vida y la muerte.

¡Ay amigo del alma!
lo que te espera,
una nube en el cielo,
y otra en la faz de la tierra.

Adiós te deseo ardientemente,
que te encuentres con Él,
en el descabalgado camino,
para ser enteramente feliz
y al fin, gozar sin tino.

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