Aquel que a tu lado pasa,
y vidente no te viera,
dijo Pepiño orgulloso,
sin que nadie le rebata,
que un mísero candil le alumbra,
en vez de los rayos de plata.

De orgullo se envaneció la calle,
aquella de color azul pintada,
que no todos los días transita,
del tiesto una flor sacada.

A bien dice Maribel que tiene,
asomarse a la ventana,
para ver a los niños jugar,
y a los hombres en la fontana.

Si el podenco ya no caza,
que tan solo come y ladra,
díganme, ustedes, señoras,
para que puñetas lo quiero en casa.

Ayer temprano salí,
a llamar fuera de casa,
es por eso que te canto,
jaculatorias sagradas,
por ver si de las virutas,
hago por fin tabla rasa.

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