Mi vecino, el honorable Horacio Matute me ha preguntado si yo conozco a alguien que le pague a él, por un posado suyo en puritita pelota, una pasta gansa.

Don Horacio, que está jubilado de camarero de garito de calle perdida por el centro de la ciudad, me dice que ha leído con estupor que, por un desnudo de una tal Kate Moss, que al parecer es modelo de pasarela cara, ha vendido y alguien ha comprado, una foto de la interfecta recatadamente desnuda por la muy estimable cifra de 19.000 euros.

El hombre, es claro y lo reconoce, no tiene tales atributos para enseñar pero que, por una cantidad, si no igual, parecida al menos, estaría dispuesto a una pose donde todo quedara a la intemperie.
Don Horacio, no se crean, empezó de músico, sin suerte, para hacerse pintor después, puntillismos lo llamaba él. Pero se conoce que no dio con el quid y sus cuadros, que voceaba por la calle a pleno pulmón, apenas si se vendían, por lo que se metió a camarero. Oficio este, no lucrativo, pero si más seguro para terminar el mes con algo que llevarse al estómago. De tales actitudes es por lo que me recalca que sabe y mucho, adquirir formas que atraigan primero al fotógrafo artista y después al comprador caprichoso. Que a la postre, “!qué más tiene!”.

Me ha recalcado que, tal como está la situación económica, la pensión que cobra de camarero no le llega ni para darse un vicio, que se ha visto obligado a dejar de fumar, – reconoce que si bien le ha costado erradicar la perversión, está encantado con la decisión tomada – ha reducido la ración de alpiste, como don Horacio llama, con cínica ironía al boborcio, hasta dejarlo mitad y mitad, así como divertimentos que no hacen al caso nombrar y otras zarandajas de menor calibre, importancia y cuantía.

Lo que más al cabo le ha supuesto, pues a la postre es un alma sensible que está demostrado por sus anteriores aficiones, es haberse visto obligado a racionar la comida de su perro, un pastor alemán que ha tenido que poner a rigurosa dieta, pues amagaba con no poder traspasar la puerta de su casa de gordo como se estaba poniendo.

– Yo, mire usted don José, yo me conformo con la mitad de lo que cobra la señorita nombrada. Poso, salgo desnudo o en desaville sexy, que tanto monta, me tiran las fotos, se revelan, se ponen a la venta y hay quien me compra seguro, que cosas más raras y extravagantes se han visto en los tiempos que el hombre vive sobre la faz de la tierra. Y qué añadirle… que aquí gloria y allí paz, digo al revés. ¿No lo cree usted así?

Mi respuesta no ha sido categórica, ni siquiera del todo convincente, aunque para convencerle de sus propósitos descabellados he bajado la voz, como si fuera a decirle una confidencia y le he susurrado:

– Don Horacio, amigo, usted no ha reparado en pequeños detalles, muestras que son hitos, sutilidades que se van perdiendo con la edad y que conste que no le estoy llamando viejo, solo mayor. Retroceda, vuelva usted la espalda al momento y sitúese en su juventud, ahora escoja: la foto insinuante de la modelo o el despelote de un camarero jubilado. Eso y lo añadido, que el fotógrafo, al momento de apretar el percutor de la cámara, algo sobrenatural le invade y se convierte en artista y de ahí, el cuadro conseguido, la instantánea lograda.
– ¡Vamos, don José, que no le hacía yo tan ingenuo! Es decir, para usted, la importancia de la foto estriba y está en el momento que el artista, como llama al fotógrafo, que nunca tal cosa se me había ocurrido en estos menesteres domésticos, aprieta el gatillo o percutor, lo que unido a lo poco que enseña, pero de manera rococó mostrado, la modelo, artista del varieté, completan la cantidad exacta que yo vengo en cobrar cada dos años, después de 35 o más de haberme eslomado en el tajo.
– Así es, que no seré yo quien le discuta tamaña verdad. Más lo que estamos hablando no es sino cosa distinta, una sangrante ironía que se gasta la vida, con las personas que no supieron ser originales en ella, de ahí que la memez se pague a precio de oro y el trabajo se subvalore hasta términos, repito, sangrantes.
– Según usted, enseñar un cuarto de seno es una manera original de ganarse la vida. Porque ir de aquí para allá, con la bandeja a cuestas, tratando de no derramar los contenidos de las botellas y vasos que en ella transporto sobre las espaldas de los clientes que me ignoran si no va con ellos, no es otra cosa que una vulgaridad que está, por otro lado, al alcance de cualquiera. ¿O no es así?

Lejos de quitarle la razón al bueno de Honorio, el camarero jubilado, coincidí en darle al menos un cuarto y mitad de la razón que me demandaba, Así le dije:

– En verdad que se va acercando a usted a las inercias en las cuales y por las cuales se mueve el ser humano. Y es que, para gustos, nada hay escrito y cada uno es muy quien para colgar en sus paredes aquello que le venga en gana, y sea de su complacencia y los pague con arreglo a su peculio personal.

P.D.- Los fotógrafos, aquellos profesionales que buscan ser testigos de su tiempo y plasmar dentro de sus cámaras las vicisitudes por las que pasa y vive la historia, llegan a ser verdaderos artistas, llegan al igual que el músico, como el pintor, el literato, el investigador, etc. a poseer el nonasegundo que les hace inmortales.

De tal inmortalidad tanto hablará su tiempo como se le reconocerá en el futuro. Quien solo sea flor de un día, el que se conforma con la efímera luz de un foco, no conseguirá la gloria que tuvo al alcance de sus manos.

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