De allí me vine corriendo,
de aquí salí en estampida,
y de todo yo me quedo,
un postrer trozo de vida.

Esta la ha consumido,
entre dimes y diretes,
nadie podría pensar,
que todo lo mandé al garete.

Fui culpable y lo sé,
de no pararme a quererte,
momento en el que te dijera,
cuan presto llega la muerte.

Por lo que tú y yo diríamos,
como el filósofo aquel,
que entendiste mal la vida,
!ay!, mi querido Andrés.

Si la euforia hubiera sido,
pan para acabar el día,
el cielo se hubiera abierto
y la luz a raudales vendría.

Que confundido es el ser,
que se apaga en el silencio,
y de él no surge nunca,
agua que sacie al sediento.

Pues si los dos somos uno
y nos separa el destino,
ya me dirás, tú, Lucia,
como yo ando el camino.

Para el resto que me queda,
juro de veras hacer,
todo aquello que olvidado,
en el olvido dejé.

Óptimo quise llamarme,
por responder a ese nombre,
que todos los humanos quieren,
escalar cimas y montes.

Y cierro la historia aquí,
de Lucía y Andresito,
que juntos, como en la vida,
terminaron en el limbo.

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