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          Unos padres pobres criaron a su hijo en la abundancia. Ahorraron de aquí y de allí; muchas veces se lo quitaron de sus necesidades primarias para  que él, su hijo, no desentonara del resto de sus amigos. Los compañeros estudiantes pertenecían a una capa superior en la escala social.

 

          Creció regaladamente el muchacho, sin mucho orden y menos concierto, hasta poner su futuro en un brete, pues era errático en los estudios y cabal en las distracciones.

 

          Los padres, que vieron como la rodada de su hijo iba por derroteros no pensados le advirtieron del error, con humildad pues al cabo ellos no habían salido de pobres, por mucho que a él le hubieran empingorotado. Este, que nunca hasta entonces le habían llamado la atención, les vino a decir, con la soberbia que da sentirse superior:

 

- Quienes sois vosotros, cabrones, para decirme a mi lo que tengo que hacer.

 

 

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