Parece que fuera ayer,
cuando de zarramache me vestí,
corriendo iba tras de los niños,
todo un juego,
para hacerles reír.

Es un tiempo que añoro,
porque sus zumbas aún en los oídos me suenan,
tales retumbos hacían los cencerros,
que algunos de los oyentes creían,
que de tales horrísonos ruidos,
los montes de Gredos, sus picos,
se despeñarían despavoridos.

Entonces vivía del aire,
de donde sale la felicidad,
eran tiempo en los que la juventud,
alegre soñaba con la eterna pubertad.

Son recuerdos,
nunca olvidados,
en mis oídos aún resuenan,
al tiempo que tañen las campanas,
con los zumbidos de las esquilas,
que los airosos zarramaches,
juguetones portaban.

Parece que fuera ayer,
porque hoy tres San Blas es su día,
en el que febrero vuelve a ser,
fiesta airosa por la altura,
al son de unos cencerros,
portados en la cintura.

¡Ay! los zarramaches,
que lejos están,
por mucho que con ellos sueñe,
ya nunca más me vestirán.

José Luis Martín.

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