Marcia va a cumplir trece años. Es una niña alta y rubia, con el color de su piel resplandeciente de amarillo hueso. La nariz rectilínea y exacta equilibran la belleza de su cara perfecta. Marcia Foruz toca el piano y aprende inglés, todo ello de forma tan diligente, que es un gusto estético escucharla y oírla. Los padres de la niña, don Bernabé y doña Asunción, tienen también una hija mayor, Vianesa. Via, como la llaman, va a cumplir diecinueve años, es igualmente rubia y pálida, con la misma tonalidad de hueso y es asimismo reluciente y hermosa. Son, las dos hermanas, como la portada de un calendario, casi imposibles.

Vianesa, sin duda por la diferencia de edad, no habla con Marcia, aunque ésta, por la diferencia de edad, la tiene en un pedestal. Sus padres apenas si han cumplido los cuarenta años, aunque muy posible por el trabajo, por el stress y el trato con las gentes, parecen más viejos.
Don Bernabé es dentista y doña Asunción podóloga. Ninguno de los dos tienen la consulta en casa lo que hacen que muy poco tiempo, de lo mucho que se dan a los dientes y a los pies, estén en ella. Desde que nació Marcia, como si hubiera venido con un pan debajo del brazo, la familia Foruz vive desahogadamente. A nadie le falta nada, sino es tiempo a los esposos y afecto a los niños. Sobre todo a la más pequeña, que se siente sola, desde que ha dejado de distraerse con su muñeca.

Un día, doña Asunción anunció que harían, los cuatro juntos, un viaje muy largo, para celebrar la ventura y la felicidad de estar juntos. Dijo:

– Por Semana Santa, iremos a Nueva York.

Aunque todos los preparativos estuvieron hechos, el mucho trabajo que acumuló de repente don Bernabé, les retuvo en casa. Para justificarse el haber devuelto los billetes del avión, el dentista dijo:

– Ahora no puedo cerrar la consulta. Quien me iba a sustituir se ha puesto enfermo. No tengo a otro que me ofrezca la misma confianza. Verdaderamente estamos atravesando un momento de mucho trabajo. A los pacientes no les puedo dejar colgadas. No obstante, iremos en septiembre. Pasaremos allí la primera quincena de septiembre.

Marcia acaba de cumplir catorce años. Ha pasado el otoño, frío y melancólico. Han venido los vientos del invierno, helados y casi yertos. La joven, ahora, toca el piano sin gran entusiasmo porque las notas no resuenan con el vigor de otros tiempos. También ha dejado de aprender inglés, solo se ha quedado con lo que sabia aunque si no lo practica lo olvidará. Cuando piensa en Nueva York, la ciudad de sus sueños, recuerda con fatal amargura a sus padres y a su hermana Vianesa.

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