¡Ay! Lucía del alma,
hecha de rosas y clavel de ánima,
por lo que yo te quiero,
se inundan los cielos,
de miel sin lágrimas.

Voy raudo al colegio,
a recogerte,
y tu mano me guía,
para traerte.

Pues eres un ángel,
de la guarda mío,
que si hoy no te viera,
apenas si río.

Aprendo los nombres,
todos los de tus muñecas,
de los juegos que tienes,
en mi biblioteca.

¡Ay! Lucía del alma,
cuanto te quiero,
eres el milagro,
la luz con la que me despierto.

Yo te canto bajito,
para que nadie me oiga,
que estoy llorando,
cuando de mi lado,
por jugar me faltas,
tan solo un rato.
Princesa del alma,
corazón mío,
parece mentira,
vivir tan cerca,
y perder el sentido.

Luna eres de mis noches,
sol de mis días,
si tú me faltaras,
como el alma mía,
qué podría hacer yo,
si no buscarte,
a la luz de una vela,
a la sombra del árbol,
en el ruido del río,
en el canto del pájaro,
así toda la vida,
hasta encontrarte.

¡Ay princesa Lucía!,
cuando yo te falte,
no me eches de menos,
llorarás en balde.

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