Sobre el mármol de la cama,
en las noches que no duermo,
descansa plácido el verso,
escrito sobre el cuaderno,
donde revivo lo eterno.

Tú me dirás que estoy loco,
por conservar los recuerdos,
yo te diré que estoy triste,
viendo como los días pasan,
como las noches no existen.

Sueño contigo, a mi lado,
como si de verdad estuvieras,
son mentiras que rememoran,
horas efímeras que fueron,
chispeantes estallidos de fuego.

Sobre la frente te beso,
entre tus brazos me duermo,
escribo sobre tu cuerpo,
cicatrices y sonetos,
sentidas rimas sin cielo.

Dudarás de mi cordura,
dirás que se me escapó el oremus,
los vientos que a mi pecho llegan,
debilitados susurran,
como malogrados sueños.

En el espejo que veo,
donde desnuda mirabas,
no quedan luces ni estrellas,
todo es oscura sombra,
que el firmamento alumbrara.

Porque pedí que me amaras,
cuando el juicio te volviera,
pavesas echaste al viento,
cantos de funeraria,
para confundir mis lágrimas.

Te fuiste, aunque te tengo,
junto al corazón prendida,
en lo más profundo
del torbellino de la vida,
allí donde sangran las heridas.

Cuando sobre tu piel sientas,
los susurros y mis besos,
cuando al caer la tarde,
vuelvan tus ojos sedientos,
recuerda que sobre la mesa,
quedan escritos los versos.

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