A ras de suelo la conocí,
aunque ello no impidió,
que la elevara yo,
hasta aquella estrella,
donde una nube,
en forma de altar,
hizo las veces de gloria,
donde nos queremos los dos.

Desde aquel mismo día,
el viento me lleva,
la brisa me trae,
y siempre acaricia,
porque en todo momento,
es verdad que soñamos,
con el mismo milagro,
aquel que se hizo,
por entre la bruma,
cuando nos encontramos.

Parecerá mentira,
que un sueño así se haga realidad,
donde la imaginación se desborda,
y en ella crece,
como si así fuera el mismo Universo,
la gracia que nos concedió,
la fortuna que nos deparó,
el honor de un milagro para los dos.

En el aire voy, en él vengo,
y en todo momento y lugar,
en él juego,
pues con tu ser me encuentro,
y así amo tu risa,
mientras contemplo la cara,
aquella donde se funde,
la dicha de los dos.

Por todo ello no despierto,
porque en la nube cabalgo,
como feliz caballero,
que hubiera encontrado,
al fin,
lo que más quiero.
Los dos.

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