¡Señor! ¿Por qué este complacerme en lo que me duele?

¿Por qué la angustia de todos los días?

¿Por qué recordar lo que tuve y me falta?

¿Tú sabes por qué todo esto?

¿Por qué morirme a tragos si no tengo sed?

Vivo y trabajo. ¡bien sabes que trabajo con gentes!

que es de esta forma el oficio que tengo,

y también, no ignoras que sonrío, sonrío siempre,

pero no les veo.

Después, cuando es tiempo de marcharse, corro,

sin darme cuenta, lo sabes, sin darme cuenta,

huyo a este refugio de mi soledad,

a este placer sin tino, de llorar por todo,

haciéndome eco de todas las cosas.

Si supiera al menos, por qué corro, huyo o me aparto,

pero no, no alcanzo el punto en el que me explique,

por qué los demás me llaman loco, ¿por qué?

Por qué los demás, al conocerme, no me comprenden.

Quisiera, Tú lo sabes, reír o llorar,

ir o venir, estar o marchar,

hacer aquello que a los demás no extrañe,

pero tampoco, aún quedo yo, que no me entiendo.

Sin darme cuenta, Señor, sin darme cuenta,

paso de antes ahora, y no es igual,

porque están las cosas lo mismo,

y yo no me explico por qué me quedo,

o el por qué me voy sin darme cuenta, ¡Señor!

sin darme cuenta.

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