Amor | Poemas y fábulas


TRES EN UNA

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Jueves 15 Abril 2010 16:54

 

 

La vi por la calle,

en la acera de enfrente,

corrí tras de ella,

la di un beso en la frente.

 

Era el fantasma,

que en sueños pinté,

era una niña,

con altura de mujer.

 

Rocé con mis manos,

su cara morena,

me dijo muy bajo:

¡acaso no sientes la pena!

 

Era viva la encarnación,

que llevo en el alma,

la memoria adulta,

de todas mis esperanzas.

 

Aquí se acabó,

pues la vi perderse,

mezclarse en la gente,

al fin esconderse.

 

Clara la puso por nombre,

Lucia fue su apellido,

y de Amor la hice,

brillar en la cumbre.

 

Cuando me despierto,

y los ojos abro,

la veo de pie,

o postrada en mis brazos.

 

Diría que me mira,

sé que me quiere,

por eso sus ojos,

cerrados los tiene.

 

Desde aquel instante,

la gloria que viene,

me acompaña siempre,

pisando la nieve.

 

Todos mis quehaceres,

resumen un logro,

saber que Lucía, Clara o Amor,

las tres me quieren.

 

Suba a la montaña,

o en el río pene,

con ellas me acuesto,

que todas se avienen.

 

Me arropan, me miman,

me llaman tres veces,

y yo las complazco,

para que la canción suene.

 

 

“MERECIÓ LA PENA”

Posteado por José Luis Martín | Ensayos | Jueves 25 Febrero 2010 16:19

Cuando al fin lograron llegar hasta él, apenas si Bimbolín fue capaz de articular la frase, la única que salió de su boca antes de expirar.

El sanitario que vio sus ojos mirando la roja flor que apretaba su mano, se opuso cuando de ella se la iban a quitar para subirle a la camilla.

Había ocurrido que Bimbolín, tratando de bajar a donde aquella exótica roja flor crecía, perdió el equilibrio y rodó hasta el fondo del abismo.

Nadie sabría nunca que aquella misma tarde, el joven tenía pensado entregar, como presente, excusa para una relación soñada, la flor a su prima Bety.

EL SENTIMIENTO

Posteado por José Luis Martín | Poesías | Martes 9 Febrero 2010 15:30

Escondo del mundo el sentimiento,
asustado por su desdén irónico,
como si lacra o pecado fuera,
dolerse tanto del calvario ajeno.

Duéleme el llanto, tan dentro,
que explota en lagrimas, sin miramiento.
Y tanto me confunde su alegría,
como desazón me causa su descontento.

Está el hombre de ignorancia hecho
payaso de burlas y desencuentros,
pobre fantasma de soberbia lleno,
errante sin fin busca lo que lleva dentro.

Apéname el infortunio del prójimo,
su resbalón en la carrera,
y tengo, por tan blando el corazón,
que todos sus hechos sin amor me laceran.

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