EL COMPUTO DE TODAS LAS HORAS
Cuando en un instante se junten tus días,
apiñados en un segundo sobre la vida,
serás polvo, fría ceniza apagada,
recuerdo, hito fenecido, incienso acaso.
¡Alma!, alma que cantaste y reíste,
latido que de tristeza lloraste,
palabra viva ardiendo en la zarza.
Desgarrado grito, voz susurro del alba.
Paraste en seco tu ímpetu quimérico,
abrazaste inútil el vacío y la nada
el tiempo, ilusión nunca del todo entendida,
desangrados los arroyos que regaron ilusos el alma.
Ya no hay futuro que soñar, bruno es el color,
apagado y roto el arco iris, fragmentos y trozos,
luz el aliento que con fruición respiraste,
asfixiada la transparente pompa de jabón que estallaste.
¡Ay!, silencio de muerte amordazado,
sabana blanca de lirios pintados,
ayer fiesta y jolgorio, ludibrio, ironía de hados.
Fatalidad. Hoy se ha puesto el sol, el mundo ya es pardo.

