Valentina, mi vecina,
se ha comprado un rocinante,
con él pasea por los prados,
como si fuera amazona andante.

Valentina es chiquitina,
regordeta y pizpireta,
sin que la voz le acompañe,
en sus cantos de marioneta.

Valentina, a los garbanzos,
los machaca con tesón,
y los vecinos le piden,
procura que en la siesta no.

Valentina se cansó,
de tanto esperar al Gaitero,
por eso al fin se casó,
sin esperar al herrero.

Valentina se lanzó,
la cuesta por el atajo,
en la mitad se paró,
para no llegar abajo.

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